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– ¿Vas a dejar que tu contacto sepa que estás a salvo? ¿Estás segura de la sabiduría de eso?

– Tengo que hacerlo, Jackson. No es justo para él y podría ocurrírsele un plan que nos ayudara con Stavros.

Jackson permaneció en silencio. Tenía su propio plan para Gratsos y éste no incluía permitir a ese despojo de ser humano vivir.

Capítulo 14

El cuarto estaba caliente, demasiado caliente, tanto que apenas podía respirar sin escaldarse los pulmones. Era pequeño y no tenía ventanas, ninguna ventilación aparte de un pequeño hoyo cerca del techo. Gran parte del tiempo mantenían una luz brillante sobre él, forzándole a estar de pies durante días, golpeándole cuando caía al suelo o simplemente se sentaba a modo de desafío, bien, más por necesidad que desafío, pero ellos no lo veían de ese modo.

Había estado ahí semanas, sin ningún final a la vista. Solo. Siempre solo. Ocasionalmente traían a otros y los torturaban, podía oír los chillidos y los sonidos de brutalidad, los gritos, generalmente en otro idioma, y estaba seguro de que era él el único norteamericano preso que tenían. Esa era probablemente la razón por la que no le habían matado.

No estaba seguro de que pudiera haber mantenido su cordura sin ella, sin esa voz tan suave y melódica en la cabeza, que le llevaba a otro lugar, diciéndole que estaba con él, compartiendo su mente para que sintiera que no estaba solo en ese pequeño cuarto de dos por dos. Cuando no lo acompañaba componía música en su cabeza, largos conciertos y sinfonías enteras. O desarmaba armas y las recomponía, todo en su cabeza, atendiendo a cada detalle. A veces eran bombas, montándolas y desarmándolas. Complejos problemas matemáticos y luego de vuelta a las armas, en su mente viajaba de aquí para allá, intentando no volverse loco.

Estaban viniendo. Podía oírles. Siempre les oía. Su corazón empezó a bombear y su estomago se revolvió. El aire salió precipitadamente de los pulmones con la anticipación. Este iba a ser malo. Siempre era malo. Le habían reducido a un animal. No, menos que a un animal. Tenía marcas de cuerda por las apretadas ataduras en sus brazos después de que le colgaran durante días, golpeándole con cadenas, látigos y cables. Sabía que sus brazos estaban infectados, ardía de fiebre, pero todo se trataba de quebrarle.

Había estado en el campo demasiado tiempo y había visto suficientes presos venir e irse como para saber que, o bien, cada vez que venían a por él, iba a sobrevivir y a ser más duro, o ellos le romperían y le destruirían para siempre. La voz, su voz, llegó a ser su razón para resistir, para sobrevivir. Había estado enterrado en la arena hasta el cuello durante tres días. Esa había sido una de las peores pruebas, con el calor, los insectos y la presión en su cuerpo. Había acabado con tres costillas rotas y varias infecciones fuertes que duraron semanas.

Un guardia entró y el corazón se le hundió. Reconoció al hombre como uno de los más sádicos, un hombre que gozaba torturando. Le había visto poner un taladro en el dorso de la mano de un hombre y reírse antes de comenzar a cortar partes del cuerpo, matando lentamente al hombre. A menudo asaltaba sexualmente a los presos, y entonces los golpeaba durante horas, deteniéndose solamente para descansar cuando estaba cansado. Le gustaban los sopletes, los taladros y la descarga eléctrica.

Inmediatamente, estuvo allí, casi como si una parte de ella nunca le abandonara lo bastante y cuando más desesperado estaba, se movía en su mente, llenándole con calor y fuerza, aunque él no deseara que presenciara lo que fuera a suceder.

Tienes que irte. Ahora. Él es el peor.

Ella no podía estar allí si el guardia le asaltaba y luego comenzaba a golpearle porque planeaba resistirse. Si ella se iba, estaría más solo que nunca y quizá esta vez podría enojar al guardia lo bastante para que perdiera el control y le matara. Jackson no podía ver ninguna otra salida.

No voy a dejarte. Sé lo que te estoy pidiendo, pero por favor no lo intentes. Coopera hasta que llegue ese momento y créeme llegará. Siempre hay un momento en que no estarán poniendo atención. Estaré contigo y te daré fuerza para que puedas escapar.

Había evitado que intentara incitar a los guardias para que le mataran. Había estado allí durante semanas y nadie había escapado. Nadie había venido. No le podía decir dónde estaba así que ella no podía mandar un equipo de salvamento. Le movían a menudo. No veía que hubiera mucha esperanza. No se lo podía prometer, no del modo en que ella quería, pero hizo un equivalente mental de encogerse de hombros, tan esquivo como fue posible.

El guardia dio un paso cerca de su cuerpo delgado y roto. El segundo guardia, un hombre más pequeño con una barba larga y con ojos que decían que sólo estaba haciendo su trabajo, pero que no tenía por qué gustarle, le tiró un cubo de agua helada sobre la cabeza. Fue un golpe con el cuarto tan caliente y su temperatura corporal alta.

– Despierta, comida para cerdos.

Jackson nunca podía estar seguro de entender los variados insultos correctamente pero las interpretaciones flojas nunca le importaban mucho. Abrió los ojos y miró la miserable representación de ser humano que estaba parado, con las piernas separadas y un brillo enfermo y malévolo en los ojos mientras estudiaba a Jackson.

– Cuéntame acerca de la unidad en la que estás. No les debes ninguna lealtad. Ellos te han abandonado. ¿Dónde van a estar?

Jackson dio un pequeño suspiro y repitió su nombre, grado y número de serie como había hecho cientos de veces antes. Esto era siempre la apertura del macabro baile que hacían. Apenas llegó a su grado cuando el guardia propinó el primer golpe, tirándole hacia atrás. La paliza duró lo que parecieron horas. Primero con látigos, los golpes le destrozaron la ropa y le rasgaron la piel por todo el cuerpo. Ninguna parte de él fue dejada sin tocar. Entonces vinieron las patadas y los puñetazos.

El guardia se detuvo para tomarse un descanso, saliendo del cuarto. El segundo hombre permaneció en el rincón y cuando Jackson lo miró, apartó la mirada, pero no intervino cuando el primer guardia volvió, esta vez con una caña llena de clavos que sobresalían.

Jackson supo que él no iba a pasar por eso y sobrevivir intacto. Ya fue golpeado con eso una vez antes y el dolor había sido atroz. Peor, las infecciones habían estado por todas partes, las heridas sin tratamiento llenas de úlceras por el calor y los insectos. Estaba acabado. Se terminó.

Ella supo el momento exacto en que él se rompió. No en su resolución para aguantar contra sus captores, sino para forzarlos a matarlo. Él oyó su grito roto.

Lo siento. No soy lo bastante fuerte para pasar por esto otra vez.

Vive. Vive por mí. Sé lo que estoy pidiendo, pero por favor, no hagas esto. No te rindas.

El guardia se le acercó, con una sonrisa malvada en la boca, el odio le retorcía la cara. Más cerca… más cerca. Jackson le miró venir, permaneciendo inmóvil. Profundamente dentro de él la oía sollozar y entonces ella suprimió el pequeño grito. El corazón de Jackson latió desacompasado. Por un momento, pensó que podría encontrar la fuerza para aguantar, pero el guardia columpió la pesada caña tachonada de clavos y le golpeó a lo largo del pecho. El aliento dejó los pulmones en una ráfaga dura y oyó un agudo sonido bestial escapando de su garganta.

El guardia rió y dio un paso más cerca para escupirle en la cara. Jackson reaccionó, levantando la cabeza y golpeando al guardia en la nariz, rompiéndosela. Al mismo tiempo, arremetió con los pies, permitiendo que sus brazos tomaran su peso mientras pateaba al hombre en la ingle. Jackson aterrizó duramente contra el suelo con los brazos estirados y ardiendo.