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Cerró los ojos y le hizo el amor con su música, los unió en su mente sin siquiera saber que lo hacía. Cada nota separada era un roce, una caricia, un regalo para ella. La canción era su mensaje de amor, el único que nunca podría decir adecuadamente, pero este instrumento podía y lo hacía, la melodía se alzaba con la propia pasión de Jackson.

Elle contempló como Jackson tocaba, la cabeza agachada sobre el teclado, los ojos cerrados, el cuerpo oscilando mientras la música le atravesaba, salía de sus manos y entraba en el instrumento. Se paró en la puerta mirándole a la cara. Estaba completamente absorto en la música, los dedos se movían sobre las teclas, sus pensamientos muy lejos. Él estaba en las sombras, sólo el pequeño resplandor de las velas le permitían ver su expresión. Sabía que tenía el corazón de un guerrero, violento, leal y mortal en combate, pero mirándole ahora, supo que tenía el alma de un poeta.

Echó una mirada alrededor del cuarto. Estaba construido obviamente para la acústica y el sonido era increíble. Había una chimenea de gas construida en la pared y los suelos de madera brillaban. Cerca de la chimenea había una alfombra gruesa con dos sillones mullidos y una mesita entre ellos. Poco más, aparte de velas, decoraban el cuarto. Las velas exhalaban una luz suave, de otro modo el cuarto estaría velado en sombras, justo como Jackson a menudo estaba.

Jackson le robaba el aliento con su canción, con las imágenes en su mente. Las notas jugaban sobre su cuerpo, excitando sus sentidos en un fuego saltarín hasta que no pudo respirar sin respirarle. Le dolió por dentro por su necesidad de él, por la necesidad de complacerle, de sacarlo del oscuro lugar en su interior al éxtasis completo, al éxtasis de su música.

Entró en el cuarto, pisando suavemente por el suelo hasta la chimenea para encenderla. Las llamas resplandecieron en una mezcla de oro y rojo, bajas, sólo rozando los troncos casi al mismo tiempo que la música fluía alrededor de ella. Se sentía diferente con la música, el pulso latía a través de ella, robándole sus temores. Las notas más bajas resonaban profundamente en su centro femenino, latiendo allí hasta que la sensación viajó por su cuerpo como una corriente fundida de notas, excitando la piel y pellizcando sus pezones hasta que fueron picos duros.

Se tomó su tiempo, volviendo a por almohadas y una manta ligera, arreglándolas en la gruesa alfombra delante del fuego. Este cuarto era seguro. Nadie, nada, podría entrar y perturbar su mundo aquí. Agregó unas pocas velas de mecha larga a la repisa de piedra encima de la chimenea y las encendió antes de señalar a Bomber que se tumbara fuera de la puerta para agregar protección, un asombroso sistema de alarma. Entonces cerró la puerta firmemente, encerrándolos a ellos en el cuarto y al resto del mundo fuera.

Cerró los ojos y escuchó la música cuando aumentó de volumen. Podía sentir el corazón latiendo al ritmo de la melodía. Dejó que la llevara a otro lugar, a algún lugar sensual, el calor se esparció por su cuerpo cuando dio un paso fuera de sus pantalones de cordón, los dobló ordenadamente y los puso aparte junto con su ropa interior. Se desabrochó la camisa larga y la dobló, colocándola encima de los pantalones. Sólo cuando estuvo completamente desnuda giró y caminó calladamente a través del piso de madera hasta pararse detrás de Jackson.

Se inclinó sobre su espalda, rodeándole el cuello con los brazos, apretando el cuerpo contra su piel desnuda mientras vagaba por su cuello al tiempo que la sensual música le inundaba el cuerpo con un calor pecaminoso. Le pellizcó con los dientes, encontró el lóbulo de la oreja y tiró. Su forma de tocar cambió, de notas que construían su completa pasión a un clímax que aumentaba.

Su corazón latió más rápido y su cuerpo dolió por el de él, vacío y necesitando que él la llenara. Trazó un camino de besos por su espina dorsal, tomándose su tiempo, las yemas de los dedos se deslizaron sobre sus músculos, trazando las cicatrices mientras la boca los seguía, suave y persuasiva, besando y lamiendo, pellizcando ocasionalmente. Se puso de rodillas, la cara apretada contra la parte inferior de la espalda mientras deslizaba los brazos a su alrededor, las manos en la pretina de sus vaqueros de tiro bajo.

Le sintió inhalar rápidamente, quedarse inmóvil. Sintió su mente moverse contra la de ella, las ondas de placer mientras ella abría lentamente el frente de sus vaqueros. No llevaba ropa interior. Le había visto empujárselos por las caderas, y su erección era gruesa y pesada, esforzándose por ser libre. Movió la cabeza a un lado para poder lamer y pellizcarle las costillas y debajo de la cadera sus dedos rozaron, acariciaron y jugaron con su grueso miembro, siguiendo el movimiento de los dedos en las teclas de piano. La música aumentaba como hacía su miembro, y ella le acunó más abajo, primero la base y entonces más abajo todavía, acariciando la sensible bolsa de las pelotas.

Él se quedó sin aliento con una ráfaga de calor. No había vacilación en su mente, ninguna pregunta cuando se giró hacia ella, ningún temor de que pudiera rechazarle. Como Elle, él parecía tener la misma sensación de que este cuarto era sagrado y nadie les podría tocar aquí.

Giró completamente en el banco del piano, le enmarcó la cara con las manos, instándola a alzar la mirada. Elle nunca paró, ni una vez, de acariciarle el pene, deslizando la mano arriba y abajo, moviéndose entre los muslos mientras levantaba la cara para su beso. Él tomó su boca con una ternura que trajo lágrimas a los ojos de Elle. Ella probó el amor. Probó la pertenencia.

– Hazme el amor, Jackson -murmuró-. Hazme tuya.

– Eres mía, Elle. Siempre lo has sido.

Se levantó, sosteniendo su mirada mientras se bajaba los vaqueros y los pateaba lejos. La atrajo hacia arriba y encontró su boca otra vez, fusionándolos, su beso era una demanda, una promesa, una aceptación.

La levantó en sus fuertes brazos y la colocó sobre el piano, ejerciendo presión con una mano hasta que ella accedió a su demanda tácita y se tumbó, dándole total acceso a su cuerpo. Él le besó las pantorrillas, el interior de los muslos, antes de colocarse las piernas sobre sus hombros. Ella parecía tan hermosa allí tumbada, completamente abierta y vulnerable a él, sin ningún temor, sólo con confianza en su cara y necesidad en los ojos. Él le sonrió, una sonrisa pícara llena de promesa de placer y bajó la cabeza para arrastrar una serie de mordiscos sobre la parte superior de los muslos.

Elle expulsó todo el aliento de sus pulmones. La lengua raspó en una larga caricia de terciopelo sobre los pequeños pellizcos. Profundamente en su interior, la temperatura se disparó directamente al infierno. La acarició el sexo con los dedos y ella se estremeció. Él le sonrió, otra sonrisa pícara que hizo que el corazón de Elle le subiera a la garganta. No pudo apartar los ojos de su cara. La lujuria estaba tallada allí, el amor ardía en los ojos de Jackson. Él hundió lentamente el dedo en su apretado y mojado canal y ella gritó, el corazón le dio otro bandazo inesperado mientras los ojos de Jackson se oscurecían y ardían.

El pulgar chasqueó sobre el clítoris y ella gimió, las caderas se levantaron intentando conseguir alivio cuando el calor barrió por ella y se convirtió en fuego. Jackson movió la boca sobre el interior del muslo otra vez y sopló suavemente sobre su calor húmedo. Más que apagar el fuego, la sensación de su aliento contra ella sólo la encendió más.

La lengua se deslizó sobre su sexo con una lamida muy perezosa, lánguida y larga, como si tuvieran todo el tiempo del mundo y estuviera disfrutando completamente. Su cuerpo entero se tensó, se estremeció y ella gimió en voz baja desde su garganta. Él encontró que esos pequeños gemidos y lloriqueos vibraban por todo su cuerpo y le hizo endurecerse más aún. Cada vez que él sacaba un pequeño grito suave sentía que era un reclamo sobre ella, una marca, su marca, su olor, su victoria, dándole placer, envolviéndola en el éxtasis erótico.