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– ¿Se escabulló algo, Kate? ¿No te protegí?

Kate cerró los dedos alrededor de la delgada muñeca de Elle.

– Me protegiste muy bien. No sentí nada de lo que sufriste. La barrera que tú y Jackson tenéis juntos es asombrosa. -Ella dejó caer la cabeza entre las rodillas, aspirando con fuerza para evitar desmayarse.

– ¿Kate? -preguntó Sarah.

Hannah hizo flotar un plato de galletas de azúcar en el cuarto, atrapó el plato y lo sostuvo ansiosamente mientras Joley convocaba una taza de té.

Kate miró hacia arriba, con la cara muy blanca.

– Le oí.

– ¿A Jackson? -preguntó Sarah.

Kate negó con la cabeza.

– A él. Gratsos. Él trataba de alcanzarla, pero no puede atravesar la barrera de Jackson. Estaba muy enfadado. Enfurecido. Y la golpeaba. Lo sentí. -Ella hizo una pausa-. Y entonces él me percibió.

Elle se quedó sin aliento.

– ¿Él está en tu cabeza? Di la verdad, Kate. Abbey. Haz que diga la verdad. -Estaba completamente aterrorizada. Su corazón latía tan fuerte que ella realmente se presionó la mano contra el pecho.

– Me marché en cuento él me percibió. No creo que él pueda volver a encontrarme, pero tiene que saber que estamos relacionadas. Si no tiene tu nombre verdadero y tu dirección, él tiene otra pista. No traté de esconderme o de protegerme porque no se me ocurrió que pudiera «verme» o sentirme mientras trabajaba en tu curación. -Cogió una galleta de azúcar y le dio un mordisco. Joley le puso la taza de té en sus manos mientras ella temblaba-. Es un hombre espeluznante.

Elle se derrumbó sobre el suelo. Primero Hannah. Luego Abigail. Y ahora Stavros había asustado a Kate. La dulce y serena Kate. Parecía casi una blasfemia. ¿No había nadie a salvo del hombre? Y Dane. Ella aun no sabía si la familia de Dane sabía si él estaba muerto, o si había desaparecido como ella.

Presionó los dedos en sus ojos, luchando contra las ardientes lágrimas. Una parte de ella quería subirse a un avión y enfrentarse a Stavros. Entrar en una habitación y pelear contra él -poder psíquico contra poder psíquico- pero ella no estaba lo bastante bien. Él iba a encontrarla, la había encontrado y atacaría sistemáticamente a todos a los que amaba. ¿Quién sería el siguiente? ¿De la muerte de quién más sería responsable? Hannah podía haber muerto fácilmente, llevándose a su bebé con ella, y Abigail todavía tenía magulladuras y suturas. ¿Por qué? Porque todas sus hermanas conservaban energía para sanarla. No dejaban nada para ellas mismas.

Destruiría a su familia si se quedaba. Ella cerró los ojos, enlazó los brazos alrededor de sí misma y trató de enfrentarse a cómo sería ponerse en manos de Stavros otra vez. Un estremecimiento atravesó su cuerpo. Cada toque, cada acto que él le había impuesto a la fuerza le resultaba tan vil, tal violación de todo lo que era y en lo que creía, y ahora, después de estar con Jackson y conocer el amor -el toque del amor- no podría enfrentarse a ello. Nunca podría soportarlo. Se le escapó un único sonido, de completa desesperación.

– Cariño, ven acá. -Jackson se agachó a su lado con un movimiento lento y suave.

Casi inmediatamente todos se quedaron quietos y las hermanas de Elle retrocedieron para darle espacio. Era evidente en ese momento que Elle, la hermana fuerte y feroz, que todas habían conocido como una protectora y una luchadora, era frágil y necesitaba alguien en quien apoyarse.

Elle se tambaleó, apenas consciente de nadie más en el cuarto. Jackson no la tocó, simplemente se quedó a unos centímetros, mientras el calor de su cuerpo la calentaba. Elle. Mírame. Te estás apartando y vayas donde vayas, sabes que voy a seguirte. Mírame, cariño. Estamos aquí, en nuestra casa, y estás rodeada de todos los que te aman.

Sus ojos titilaron. Podía sentirla, pequeña y ligera, encogida en posición fetal, replegada en un rincón de su mente.

No hay vuelta de hoja, cariño. Estoy justo aquí. Justo a tu lado. Mírame. Mírame.

El sonido de su voz, suave, apremiante, fuerte, penetró en la pared que ella había erigido para intentar protegerse de una amenaza que no podía afrontar. Elle se esforzó en salir de su mente y volver a su cuerpo donde podría abrir los ojos y mirar su cara. Una cara fuerte. Amaba cada uno de sus rasgos. Cada línea. Cada cicatriz. Conocía su cara como si fuera la de ella. Podía trazar su estructura ósea, la mandíbula firme, los labios sensuales y la nariz recta con el pequeño bulto en ella.

Los ojos de Jackson estaban tan oscuros, tan apremiantes, que una vez que ella los miró directamente no pudo apartar la mirada. Se sentía segura allí, arropada, no encerrada sino protegida. Las lágrimas nublaron sus ojos y parpadeó rápidamente para no perderle de vista.

Jackson, excesivamente consciente de su audiencia, la cobijó en sus brazos atrayéndola contra su pecho, sus brazos la arropaban para que nadie pudiera verle la cara. Él sabía que la familia la amaba, pero a Elle le avergonzaría que la vieran en un momento de debilidad. El orgullo era importante para ella y, mientras que él ya había pasado por las primeras etapas de un trauma y sabía qué esperar, ella no tenía ni idea de que estos momentos llegarían en las ocasiones más inesperadas.

Elle se acercó más a él, empujando la cara contra del hueco de su hombro. Él se levantó, llevándola consigo, sentándose en una silla con ella en su regazo, sus brazos la ocultaban eficazmente de todo el mundo.

– ¿Katie -preguntó él suavemente-, estáis todas bien?

Ella asintió.

– Él no entró en mi cabeza. Me aparté en cuanto le sentí. Creo que ambos nos dimos cuenta de que no estábamos solos al mismo tiempo.

– Gracias por trabajar en Elle. Ya puedo sentir una diferencia dentro de su cerebro, sólo con una única sanación. Cuándo trabajaste con ella, ¿pudiste hacerte una idea del daño? -Jackson realmente quería una respuesta, pero aún más quería distraer la atención fuera de Elle hasta que pudiera recuperarse lo suficiente como para enfrentarse a todos.

Tan pronto como él formuló la pregunta Libby se inclinó, ansiosa por oír la respuesta. Kate tomó cuidadosamente un sorbo de té, tomándose su tiempo, evaluando la situación antes de hablar. Como siempre, trajo una sensación de calma, de paz a la habitación. Levantó la mirada serenamente y sonrió a Matt mientras se acomodaba a su lado, deslizando su mano en la de él. Estaba pálida, pero aún era Kate, elegante incluso con su blusa blanca y los vaqueros descoloridos y desgastados. No llevaba maquillaje y nadie sospecharía nunca que escribía los libros de misterios y asesinatos más vendidos en todo el mundo.

– No voy a tratar de minimizar el daño que ha sufrido, especialmente porque sé que necesitamos a Elle a pleno rendimiento. Las lesiones son profundas. Necesita descansar y necesita relajarse sin usar nada de su talento. Sané el primer estrato, pero hay varios. Trabajaré en ella otra vez mañana. -Antes de que Matt pudiera expresar una protesta, apretó sus dedos y lo miró, implorando comprensión con los ojos-. Seré más cuidadosa la próxima vez.

– Pensé que podríamos enviar un pequeño mensaje la próxima vez -dijo Jackson-. Aunque no sé si es posible. Él está obviamente intentando acosar a Elle. Abbey, puedes trabajar con animales, ¿verdad?

Ella frunció el ceño, intrigada, pero afirmó con la cabeza.

– Normalmente con facilidad.

Él señaló al perro.

– ¿Qué hay de Bomber?

Abigail alargó la mano hacia el pastor alemán y lo hizo venir a ella, olfateando su palma abierta. El perro la miró con adoración y meneó el rabo. Ella lo miró fijamente a los ojos durante unos momentos y Bomber instantáneamente se tumbó a sus pies, mirándola inmóvil con ansiedad.