Vale. Retírate un poco, Jackson, ordenó Sarah.
Jackson debilitó la barrera en la mente de Elle, de forma que el escudo brilló casi transparente, ofreciendo a sus hermanas destellos de recuerdos si ellas hubieran elegido mirar. Permanecían concentradas en una única cosa… esperando en silencio… permaneciendo detrás de la mente de Elle, esperando a que su enemigo picara el cebo.
Abigail atrajo la mente del perro al centro. Éste estaba alerta, ya percibiendo la entrada de Stavros. Antes de que el hombre pudiera situarse, ellas extrajeron un recuerdo de la mente de Elle. Stavros, completamente desnudo, el cuerpo expuesto. Abigail siseó una orden. El perro saltó. Rugió. Todo dientes. Feroz. Stavros chilló. Estridentemente. De angustia. Y luego desapareció.
Capítulo 18
– Bueno, cariño, vas a decirme por qué insististe en que esta noche fuera a casa de los Darden a reparar las escaleras, examinar el techo y revisar todo el resto de su casa desde la electricidad hasta el generador. -Jackson lo hizo sonar como una demanda-. ¿Qué sucede? Estabas cansada y ya sea que quieras o no admitirlo te sientes un poco intimidada por los Darden. Entonces ¿por qué les diste esas velas largas con el crucifijo tallado y les pediste que las mantuvieran encendidas durante toda la noche? ¿Y luego hiciste que me detuviera en la tienda de Inez para darle velas a ella y a Frank Warner? Algo sucede, y no pongas esa cara de inocente. Para ti era importante.
Elle suspiró y miró hacia el cielo. La puesta de sol había sido espectacular. Podía comprender el motivo por el cual Jackson había elegido ese preciso lugar para construir su casa. Desde su terraza tenías una vista extraordinaria del crepúsculo. En el cielo se veían franjas de colores, de todos los tonos de anaranjado, rojo y rosa, mientras que el sol parecía una brillante bola incandescente, derritiéndose y vertiendo oro líquido en el mar. No habían entrado, contentándose con sentarse uno junto al otro sobre una manta que habían tendido sobre las dunas mientras el cielo iba pasando del anaranjado al púrpura.
Jackson permaneció en silencio, y al final le ganó el cansancio. Volvió a suspirar, sabiendo que ella iba a contárselo y que probablemente él pensaría que estaba loca.
– Hoy vi a la Muerte. -Confesó un poco precipitadamente-. Hoy en el supermercado, vi a la Muerte.
Se volvió hacia ella, estudiando su expresión trastornada y ansiosa y un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Hablaba muy en serio.
– ¿Qué quieres decir con eso?
– A veces tengo premoniciones. No sé de qué otra forma explicártelo, casi todas mis hermanas las tienen. Hoy, en el supermercado, ella estaba allí, buscando a alguien a quien llevarse. Tanto Frank Warner como la señora Darden atrajeron su atención, pero ninguna de las personas que estaban en el supermercado, incluyéndote a ti, están en peligro.
– Eso es una locura, Elle. La muerte no es una persona. Es solamente un hecho.
– Busca personas que están próximas a la muerte, ya sea por una enfermedad, un accidente o un suicidio. Las encuentra. La he visto. No tienes que creerme. -Desvió la mirada hacia el océano-. Todas nosotras profesamos una profunda fe, y sé que tú también la tienes. Te he visto en la iglesia, Jackson, pero el hecho de que en el mundo haya bondad y maldad, no significa que no haya también anomalías. Algunas personas creen que nosotras somos una anomalía, pero obviamente a nosotras nos gusta pensar que nuestros dones nos fueron dados por una buena razón. Hay cosas que sencillamente no puedes explicar. La muerte es una de ellas. Siempre hemos llamado así a esa aparición. A veces viene en busca de alguien que está cercano a la muerte y acelera el proceso.
– ¿Puedes detenerla?
Se encogió de hombros.
– Creemos que es como los accidentes y los incidentes fortuitos, pero que una vez que está en la vecindad, no se va hasta que no roba una vida y queda satisfecha. No es lo mismo que una muerte natural, porque ansía esa vida y tiene éxito en robarla.
Jackson sacudió la cabeza.
– No sé que decirte.
– Miró a todas las personas que había en el supermercado y obtuvo sus aromas, la esencia de sus vidas. Vi como las absorbía y no se detendrá hasta que esté satisfecha.
– ¿Lo hablaste con tus hermanas?
– Llevé a Sarah aparte y se lo dije. Ella ha visto a la Muerte antes, cuando llegó sobre los hombros de Damon. Damon se le había escapado y la Muerte lo quería de regreso, pero se llevó a otra persona. Ninguna de nosotras sabe a ciencia cierta si nuestra intervención ayudó a salvarle o no.
– Pero en realidad ¿no hay nada concreto que puedas hacer al respecto?
– No a menos que estemos allí cuando intente robar esa vida… y aún así puede que no seamos lo suficientemente fuertes para detenerla.
– No puedes salvar al mundo entero, Elle -dijo gentilmente-. A veces, cuando estoy trabajando, tengo que repetirme eso mismo una docena de veces seguidas.
– Lo sé. -Esbozó una pequeña sonrisa-. Pero a veces podemos marcar un pequeño tanto en nombre de la justicia. -La sonrisa se desvaneció-. Estaba más cerca, Jackson.
Jackson giró la cabeza bruscamente y fijó su mirada en la de ella.
– ¿Qué quieres decir? ¿A quién te refieres? ¿A la Muerte? -Pero tenía el lúgubre presentimiento de que no estaba hablando de la muerte… no, por la expresión de su rostro, no hablaba de ella.
A ella se le revolvió el estómago, y se colocó la mano encima, presionándolo.
– Stavros. Lo percibí y está más cerca. Sabe dónde estoy y viene a buscarme.
Él dejó salir el aire de sus pulmones y asintió:
– Está bien, cariño. Imaginé que vendría. Lo supe en cuanto respondió al teléfono de Dane.
– ¿Y no tienes miedo?
Aterrado. Quería decir que aterrado. Él lo sabía y lo comprendía. Jackson sacudió la cabeza:
– No, creo que si viene a nuestro territorio estará cometiendo un grave error táctico. Es arrogante y está acostumbrado a salirse con la suya. Piensa que puede comprar a la policía y a los lugareños y de esa forma conseguir ayuda para recuperarte, pero tendrá un pequeño problema con ese plan.
La confianza que había en su voz la tranquilizó.
– Esta noche no voy a pensar en él. Al menos ahora mismo no se está sintiendo muy bien.
– Todavía no puedo creer que tus hermanas hayan hecho eso -dijo Jackson, reclinándose hacia atrás, y uniendo los dedos detrás de la cabeza-. Están un poquito fuera de control.
Elle utilizó su pecho como almohada y le ofreció una sonrisa tentativa.
– De hecho, creo que se controlaron bastante. Ninguna de ellas espío mis recuerdos y tú escudaste mis emociones a la perfección.
Él le acarició el cabello con la mano.
– Sólo digamos que, todas estáis un poquito locas y que no me gustaría caerle antipático a ninguna de las mujeres Drake.
– Fue idea tuya -dijo, sintiéndose compelida a señalar ese detalle.
Jackson inclinó la cabeza para poder mirarla.
– Oh, no. Mi intención era ir a por su garganta.
Elle rió suavemente.
– Creo que eso es igual de malo. -Apretó el brazo con que le estaba rodeando la cintura, arrimándose un poco más-. Sea lo que sea lo que sucedió, le asustamos lo suficiente como para que no venga a buscarme al menos durante un día o dos. -Está vez su voz tenía un tono de satisfacción.
Jackson rodó hacia un lado, hasta cubrirla parcialmente con su cuerpo. Le enmarcó el rostro entre las palmas de las manos, y la miró fijamente, directamente a los ojos.
– ¿Te he dicho que te amo?
Sus amplios hombros bloquearon la vista del cielo y luego su rostro comenzó a descender lentamente hacia el de ella. Podía ver sus largas pestañas y su nariz recta, el ansia indiscutible en la expresión de sus ojos. Siempre lograba acelerar el latido de su corazón y su cuerpo simplemente se derritió, justo allí sobre la arena, suave, complaciente y acogedora.