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—¿Está hecho? —preguntó Rand, fruncido el entrecejo. Logain podía darse el título que quisiera siempre y cuando hiciera lo que se suponía que debía hacer, pero Cadsuane lo pinchaba (a él y a cualquiera que llevara chaqueta negra) casi tanto como a él mismo. Tampoco estaba seguro de hasta qué punto podía confiar en Logain, pero tenía que trabajar con las herramientas de que disponía.

Al llegar Logain, Loial había desenroscado de nuevo el tapón del tintero.

—Más de la mitad de la Torre Negra se encuentra en Arad Doman e Illian. Envié a todos los hombres con Aes Sedai vinculadas excepto los que están aquí, como ordenasteis. —Logain se había ido acercando a la mesa mientras hablaba; entre platos y sobras encontró una jarra vidriada en azul que todavía contenía vino y se llenó una copa vidriada en verde. En la casa casi no había plata—. Debisteis permitirme traer más hombres aquí. Las cifras se inclinan demasiado del lado de las Aes Sedai para mi gusto.

—Puesto que en parte es obra tuya —gruñó Rand—, tendrás que aguantarlo. Lo mismo que tendrán que aguantarlo otros. Continúa.

—Dobraine y Rhuarc enviarán a un soldado con un mensaje tan pronto como encuentren a alguien al mando de más de un pueblo. El Consejo de Mercaderes sigue afirmando que Alsalam todavía reina, pero no quisieron o no pudieron demostrarlo ni decir dónde se encuentra. Parece que andan a la gresca entre ellos, y Bandar Eban se halla medio desierta, en manos de la turba. —Logain miró la copa de vino con gesto de asco—. Partidas de matones imponen el poco orden que hay en la ciudad, y obtienen con amenazas comida y dinero de la gente que según ellos protegen, y se llevan cualquier otra cosa que quieran, incluso mujeres. —El vínculo le transmitió de repente una ira abrasadora, y Nynaeve emitió un gruñido gutural—. Rhuarc ha acometido la tarea de poner freno a esa situación, pero empezaba a cobrar visos de batalla cuando me marché —acabó Logain.

—Unos matones no aguantarán mucho contra los Aiel. Si Dobraine no encuentra a nadie que esté al mando, entonces tendrá que ser él quien lo haga de momento. —Si Alsalam había muerto, como parecía probable, tendría que nombrar un Administrador del Dragón Renacido para Arad Doman. Pero ¿quién? Tendría que ser alguien que aceptaran los domani.

Logain echó un buen trago de vino.

—A Taim no le gustó que le pidiera tantos hombres y los sacara de la Torre sin decirle dónde iban. Pensé que iba a romper vuestra orden. Utilizó todos los trucos para descubrir dónde estabais. Oh, ardía en deseos de saberlo. Tanto que los ojos le echaban fuego prácticamente. No me habría extrañado que me hubiera sometido a interrogatorio si yo hubiera sido tan necio de entrevistarme con él sin compañía. Sin embargo hubo algo que le gustó: que no me llevara a ninguno de sus compinches. Eso era patente en su cara. —Sonrió, pero fue un gesto desganado, no divertido—. Ya hay cuarenta y uno de ésos ahora, dicho sea de paso. Ha dado el alfiler del Dragón a más de una docena de hombres en los últimos días, y tiene más de cincuenta en sus clases «especiales», en su mayoría gente reclutada últimamente. Planea algo, y dudo que os guste.

«Te dije que lo mataras cuando tenías la posibilidad de hacerlo —rió estridentemente Lews Therin con un regocijo demencial—. Te lo dije. Ahora ya es tarde. Demasiado tarde».

Rand expulsó una bocanada de humo gris azulado, furioso, dirigido tanto a Logain como a Lews Therin.

—Taim construyó la Torre Negra hasta casi igualar a la Torre Blanca en número, y aumenta a diario. Si es un Amigo Siniestro como afirmas, ¿por qué iba a hacer tal cosa?

Logain le sostuvo la mirada sin amilanarse.

—Porque no pudo frenarlo. Por lo que he oído, incluso al principio había hombres capaces de Viajar y que no eran de sus lameculos, y no tenía ninguna excusa para llevar a cabo todo el reclutamiento personalmente. Pero ha hecho una Torre propia oculta dentro de la Torre Negra, y los hombres que viven en ella le son leales a él, no a vos. Corrigió la lista de desertores y manda sus disculpas por un «error sin mala fe», pero podéis apostar todo lo que poseéis a que no era ningún error.

¿Y hasta qué punto era leal Logain? Si a un falso Dragón le escocía seguir al Dragón Renacido ¿por qué no al otro? Podía pensar que tenía motivo. Había sido mucho más famoso como falso Dragón que Taim, con más éxito, al conseguir agrupar un ejército que barrió Ghealdan y que casi llegó a Lugard en su camino a Tear. La mitad del mundo conocido había temblado con el nombre de Logain. Sin embargo, Mazrim Taim dirigía la Torre Negra mientras que Logain Ablar era sólo un Asha’man más. Min seguía viendo un halo de gloria a su alrededor. Sin embargo, cómo alcanzaría esa gloria escapaba a su visión.

Se quitó la pipa de la boca; sintió la cazoleta caliente contra la garza marcada de la palma. Debía de haber estado chupando la pipa ferozmente sin ser consciente de ello. El problema era que Taim y Logain eran problemas secundarios. Tenían que esperar. Las herramientas a mano. Realizó un esfuerzo para mantener la voz ecuánime.

—Taim quitó los nombres de la lista, y eso es lo que importa. Si está actuando con favoritismo, tomaré medidas cuando tenga tiempo. Pero los seanchan están antes. Y puede que también el Tarmon Gai’don.

—¿Que «si» actúa con favoritismo? —gruñó Logain, que soltó la copa en la mesa con tanta fuerza que se rompió. El vino se desparramó por el tablero y goteó por un borde. Ceñudo, se limpió la mano mojada en la chaqueta—. ¿Pensáis que son imaginaciones mías? —El tono iba cobrando acaloramiento con cada palabra—. ¿O que me lo estoy inventando? ¿Creéis que son celos, al’Thor? ¿Es eso lo que creéis?

—Escúchame —empezó Rand, que alzó la voz para hacerse oír sobre el retumbo de un trueno.

—Te dije que esperaba de ti y de tus amigos chaquetas negras un comportamiento civilizado para conmigo, mis amigos y mis anfitriones —dijo severamente Cadsuane—, pero he decidido que eso se amplíe al trato entre vosotros dos. —Seguía con la cabeza inclinada sobre el bastidor del bordado, pero hablaba como si estuviera sacudiendo el índice delante de sus narices—. Al menos cuando yo esté presente. Eso significa que si seguís riñendo voy a tener que daros de azotes a los dos.

Harilin y Enaila empezaron a reír con tantas ganas que la cuerda del juego se hizo un enredo. Nynaeve reía también, aunque intentaba disimularlo tapándose con la mano. ¡Luz, pero si hasta Min sonreía!

Logain se encrespó y apretó las mandíbulas hasta el punto de que Rand pensó que le oiría rechinar los dientes. Por su parte, procuraba con todas sus fuerzas no encresparse también. Cadsuane tenía sus propias y jodidas reglas. Sus «condiciones» por acceder a ser su consejera. La mujer fingía que había sido él quien se lo había pedido, y cada dos por tres añadía otra más a la lista. Las reglas no eran realmente onerosas, aunque sí el hecho de que las hubiera, pero su forma de plantearlas era siempre como el aguijonazo de un palo afilado. Abrió la boca para decirle que había acabado con sus reglas, y también con ella, si hacía falta.

—Seguramente Taim tendrá que esperar a la Última Batalla, sea lo que sea lo que se traiga entre manos —intervino de repente Verin. La labor de punto, un bulto informe que podría ser cualquier cosa, reposaba sobre su regazo—. Será pronto. Según todo lo que he leído sobre el tema, las señales son muy claras. La mitad de la servidumbre ha visto personas muertas rondando por la casa, gente a la que conocieron viva. Se ha repetido tan a menudo que ya ha dejado de asustarlos. Y una docena de hombres que conducían el ganado a los pastos de primavera contemplaron cómo una ciudad de considerable tamaño se disipó como niebla a sólo unas pocas millas al norte.

Cadsuane había alzado la cabeza y miraba fijamente a la corpulenta hermana Marrón.

—Gracias por repetir lo que nos contaste ayer, Verin —dijo con sequedad. Verin parpadeó y después recogió la labor de punto y la observó con el entrecejo arrugado como si ella no estuviera tampoco segura de lo que iba a ser.