Выбрать главу

Hubo un frufrú de seda contra seda cuando la mujer salió de la sala y la puerta se cerró tras ella. Era bastante probable que Duhara ocasionara problemas con sus intentos de hacerse necesaria, pero cada cosa a su tiempo.

—¿Ha sembrado dudas en vosotras? —inquirió mientras se volvía de espaldas al hogar.

—Ninguna —contestó Sumeko—. Vandene y las otras dos te aceptaron como Aes Sedai, de modo que tienes que serlo. —La convicción sonaba firme en su voz, si bien tenía razones para desear creer. Si Elayne era una mentirosa, entonces sus sueños de regresar a la Torre, de entrar en el Ajah Amarillo, habrían muerto.

—Pero esa Duhara cree que es verdad lo que ha dicho. —Alise extendió las manos—. No digo que dude de ti, porque no dudo. Pero esa mujer lo cree.

Elayne soltó un suspiro.

—Es una situación… complicada. —Eso era como decir que el agua mojaba—. Soy Aes Sedai, pero Duhara no lo cree así. No puede, porque sería admitir que Egwene al’Vere es la verdadera Sede Amyrlin, y Duhara no reconocerá tal cosa hasta que Elaida haya sido depuesta. —Esperaba que Duhara creyera entonces. O, al menos, que lo aceptara. La Torre tenía que volver a estar unificada, íntegra—. Sumeko, ¿ordenarás a las Allegadas que permanezcan en grupos? ¿En todo momento? —La mujer respondió que lo haría. A diferencia de Reanne, Sumeko no tenía aptitudes innatas para el liderazgo y tampoco le gustaba. Lástima que no hubiera aparecido otra Allegada mayor que le quitara esa carga—. Alise, ¿te asegurarás de que obedezcan? —El asenso de Alise fue firme y rápido. Sería la candidata perfecta si las Allegadas no establecieran los rangos por la edad—. En tal caso hemos hecho cuanto estaba en nuestra mano. Hace mucho que tendríais que estar en la cama.

—Y tú también —comentó Alise al tiempo que se ponía de pie—. Puedo mandar venir a Melfane.

—No hay razón para robarle sueño también —se apresuró a decir Elayne. Con firmeza. Melfane era baja y fornida, una mujer alegre de risa pronta y distinta de su tía en otros aspectos también. Fuera o no alegre, la partera era una tirana a la que no le haría gracia enterarse de que estaba despierta—. Dormiré cuando pueda.

Una vez que se hubieron marchado soltó el saidar y escogió un libro entre varios que había en otro de los aparadores, otra historia de Andor, pero no logró centrarse en la lectura. Privada del Poder se sentía malhumorada. Así se abrasara, estaba tan agotada que notaba los ojos como si tuviese arenilla en ellos. Sin embargo, sabía que si se acostaba se quedaría mirando el techo hasta que saliera el sol. De todos modos, llevaba mirando la misma página unos minutos cuando Deni apareció de nuevo.

—Maese Norry está aquí, milady, con ese tal Hark. Dice que había oído que estabais levantada y se preguntaba si podríais dedicarles unos minutos.

¿Que había oído que estaba levantada? ¡Como ese hombre hubiera mandado que la vigilaran…! La verdadera importancia de la visita se abrió paso a través de su enfurruñamiento. Hark. No había llevado a Hark desde la primera visita, hacía diez días. No, ya eran once. El entusiasmo sustituyó a la irritabilidad. Le dijo a Deni que los hiciera pasar y siguió a la mujer hasta la antesala, donde una alfombra de dibujos cubría gran parte de las baldosas rojas y blancas. También allí sólo estaban encendidas un par de lámparas de pie que daban una luz tenue y titilante y un aroma a rosas.

Maese Norry parecía, más que nunca, un ave zancuda de cresta blanca con aquellas larguiruchas extremidades y los mechones blancos que le sobresalían por detrás de las orejas. Pero, por una vez, casi parecía excitado. De hecho se frotaba las manos. Ahora no llevaba encima su cartapacio; hasta con la tenue luz se veían las manchas de tinta en el tabardo carmesí. Una había vuelto negro el mechón de la cola del León Blanco. Saludó con una rígida reverencia y el anodino Hark lo imitó torpemente, tras lo cual se llevó los nudillos a la frente, por añadidura. Vestía ropas de un tono marrón más oscuro que la primera vez, pero llevaba el mismo cinturón con la misma hebilla.

—Perdonad por la hora, milady —empezó Norry con su voz reseca.

—¿Cómo sabíais que estaba despierta? —demandó, de nuevo pasando bruscamente de un estado de ánimo a otro.

Norry parpadeó, sobresaltado por la pregunta.

—Una de las cocineras mencionó que había enviado arriba leche de cabra caliente cuando fui a pedir un poco para mí, milady. Cuando no puedo dormir, la leche de cabra caliente me relaja. Pero también mencionó vino, así que deduje que teníais visita y que seguramente estabais levantada.

Elayne aspiró aire por la nariz de forma sonora. Todavía tenía ganas de gritarle a alguien. Evitar que ese estado de ánimo se reflejara en la voz no fue tarea fácil.

—Supongo que tenéis que informar de algún logro, maese Hark.

—Lo seguí como me dijisteis, milady, y ha ido a la misma casa tres noches, contando ésta. Es en la calle de la Luna Llena, en la Ciudad Nueva, sí. Es al único sitio que va aparte de tabernas y salas comunes de posadas. A veces bebe, vaya que sí. Y también juega a los dados. —El hombre vaciló y se frotó las manos con gesto nervioso—. Ahora me podré marchar, ¿verdad, milady? Retiraréis lo que quiera que me habíais colocado, ¿no?

—Según el catastro la casa pertenece a lady Shiaine Avarhin, milady —dijo Norry—. Parece ser la última de su casa.

—¿Qué más podéis contarme de ese sitio, maese Hark? ¿Quién más vive allí, aparte de la tal lady Shiaine?

Hark se frotó la nariz con aire inquieto.

—Bueno, no sé si vivirán allí, milady, pero esta noche había dos Aes Sedai. Vi a una que le abrió la puerta a Mellar cuando se marchó, justo cuando llegaba otra. Ésa dijo cuando entraba: «Lástima que sólo seamos dos, Falion, con lo que lady Shiaine nos hace trabajar». Sólo que dijo lo de «lady» como si no lo dijera en serio. Tiene gracia. Llevaba un gato callejero, un bicho tan escuálido como ella. —Hizo una brusca y repentina reverencia—. Mil perdones, milady. No era mi intención ofender al hablar así de una Aes Sedai, pero es que tardé un montón en darme cuenta de que era una Aes Sedai, ojo. Había una buena luz en el recibidor, vaya que sí, pero era tan flaca y más bien fea, con la nariz ancha, que nadie la habría tomado por una Aes Sedai sin antes observarla bien.

Elayne posó la mano en el brazo del hombre. No le importó que el entusiasmo se reflejara en su voz cuando habló.

—¿Qué acento tenían? ¿De qué parte?

—¿El acento, milady? Bueno, la del gato yo diría que es de aquí mismo, de Caemlyn. La otra… Bueno, no habló más de dos frases, pero me sonó a kandorés. La llamó Marillin a la otra, por si os sirve de algo, milady.

Entre risas, Elayne retozó unos pasos. Ahora sabía quién había mandado a Mellar contra ella, y era peor de lo que había temido. Marillin Gemalphin y Falion Bhoda, dos hermanas Negras que habían huido de la Torre después de cometer asesinato. Lo habían hecho para facilitarse el robo, pero sería el asesinato lo que las llevaría a la neutralización y a la decapitación. Había sido para encontrarlas, y a las demás que estaban con ellas, por lo que a Egwene, Nynaeve y ella les habían mandado salir de la Torre. El Ajah Negro había puesto a Mellar cerca de ella, seguramente para espiar, pero aun así era una idea escalofriante. Peor de lo que había temido y, sin embargo, encontrar a esas dos ahora era como completar el círculo.

Reparó en que Hark la miraba de hito en hito, boquiabierto. Maese Norry examinaba atentamente la cola manchada del león. Dejó de dar brincos y enlazó las manos. ¡Estúpidos hombres!

—¿Dónde está Mellar ahora?

—En su habitación, creo —contestó Norry.

—Milady, ¿vais a retirar lo que quiera que me pusisteis? —inquirió Hark—. ¿Y puedo irme? He hecho lo que me pedisteis.

—Antes tendrás que conducirnos a esa casa —dijo mientras pasaba junto al hombre en dirección a las puertas gemelas—. Entonces hablaremos. —Asomó la cabeza al pasillo y encontró a Deni y a otras siete guardias alineadas a uno y otro lado de las puertas—. Deni, manda a alguien que vaya a buscar a lady Birgitte cuanto antes, y que otra vaya a despertar a las Aes Sedai y les pida que vengan también, con sus Guardianes y preparadas para salir a caballo. Después ve y despierta a todas las guardias que consideres necesarias para arrestar a Mellar. No es menester que tengáis demasiados miramientos al hacerlo. Los cargos son asesinato y ser Amigo Siniestro. Encerradlo en uno de los almacenes del sótano, con una nutrida guardia.