Выбрать главу

—Estás desgreñada, mujer. Arréglate el pelo antes de que algún rufián te tome por una buscona de taberna en vez de por una Aes Sedai e intente hacerte brincar en sus rodillas.

—Egwene y Leane están vivas y prisioneras en la Torre —anunció Siuan con más tranquilidad de la que sentía. ¿Una buscona de taberna? Se tocó el pelo y comprobó que la otra mujer tenía razón, por lo que se puso a desenredar los nudos con el peine. Si una quería que la tomaran en serio, no podía aparecer como si viniera de pelearse en un callejón. Ya tenía dificultades suficientes tal como estaban las cosas, y las seguiría teniendo hasta unos años después de que pudiera sostener de nuevo la Vara Juratoria en las manos—. Egwene me habló en sueños. Han tenido éxito en bloquear los puertos, o casi, pero las capturaron. ¿Dónde están Beonin y Nisao? Que una de vosotras vaya a buscarlas. No quiero escamar dos veces el mismo pez. —Ea. Si se creían liberadas de sus juramentos y de cumplir las órdenes de Egwene eso las desengañaría. Sólo que ninguna hizo intención de obedecer.

—Beonin quería acostarse —dijo lentamente Morvrin, sin quitar ojo a Siuan, observándola intensamente. Tras aquella cara plácida había una mente muy aguda—. Estaba demasiado cansada para seguir hablando. Y ¿por qué íbamos a pedir a Nisao que se uniera a nosotras? —Con eso último se ganó una mirada ceñuda de Myrelle, que era amiga de Nisao, pero las otras dos convinieron con sendos asentimientos de cabeza. Ellas y Beonin consideraban a Nisao aparte del grupo a pesar del juramento de lealtad que compartían. En opinión de Siuan, esas mujeres nunca habían dejado de creer que aún podrían dirigir los acontecimientos de algún modo, incluso después de que les habían quitado el timón de las manos hacía mucho tiempo.

Sheriam se levantó del catre como si fuera a salir disparada, incluso se recogió los vuelos de la falda, pero no tenía nada que ver con la orden de Siuan. La rabia había remitido y había dado paso a la ansiedad.

—En cualquier caso no las necesitamos de momento. «Prisioneras» significa las celdas de los sótanos hasta que la Antecámara se reúna para celebrar un juicio. Podemos Viajar hasta allí y liberarlas antes de que Elaida sepa qué está pasando.

—¡No! —dijo Siuan con dureza, e hizo un gesto de dolor cuando el peine se le enredó en el cabello. A veces pensaba dejárselo más corto que Carlinya por comodidad, pero Gareth le había hecho un cumplido comentando cómo le gustaba la forma que le rozaba en los hombros. Luz, ¿es que ni siquiera allí podía escapar de ese hombre?—. A Egwene no van a juzgarla y tampoco se encuentra en las celdas. No quiso decirme dónde la tenían retenida y sólo comentó que la vigilaban constantemente. Y ordena que no se haga ningún intento de rescatarla en el que estén involucradas hermanas.

Las otras mujeres la miraban de hito en hito, sumidas en un silencio de estupefacción. A decir verdad, ella misma había discutido sobre ese punto con Egwene, pero en vano. Había sido una orden impartida por la Sede Amyrlin con todas sus galas.

—Lo que dices es irracional —comentó al cabo Carlinya. Seguía hablando en tono frío y su semblante se mantenía sereno, pero las manos alisaban innecesariamente la falda blanca bordada—. Si capturamos a Elaida, la juzgaremos y probablemente la neutralizaremos. —«Si». Todavía no habían dejado de lado sus dudas y temores—. Puesto que tiene a Egwene, seguramente hará lo mismo. No necesito que Beonin me diga lo que señala la ley a ese respecto.

—¡Debemos rescatarla, quiera o no quiera! —La voz de Sheriam sonaba tan acalorada como fría la de Carlinya, y los ojos verdes le chispeaban. Aferraba la falda con las manos apuñadas—. No se da cuenta del peligro que corre, ha de estar conmocionada. ¿Te hizo alguna indicación de dónde la tienen encerrada?

—No intentes ocultarnos cosas, Siuan —advirtió con firmeza Myrelle, a la que los ojos le echaban chispas y que se ciñó con más fuerza el fajín de seda como para dar énfasis a sus palabras—. ¿Por qué iba a callarse dónde la retienen?

—Por miedo a lo que tú y Sheriam habéis sugerido. —Renunciando a desenredar los mechones revueltos por el aire, Siuan echó el peine encima de la mesa. No podía esperar que le prestaran atención mientras se estaba peinando, así que los enredos del pelo tendrían que esperar—. La tienen vigilada, Myrelle. Hermanas. Y no la entregarán así como así. Si intentamos rescatarla, morirán Aes Sedai a manos de Aes Sedai, tan seguro como que el lucio freza en los carrizos. Pasó una vez, pero no debe ocurrir de nuevo o toda esperanza de reunificar la Torre pacíficamente sucumbirá. No podemos permitir que eso se repita, de modo que no habrá rescate. En cuanto al motivo de que Elaida haya decidido no juzgarla, lo ignoro. —Egwene se había mostrado ambigua en cuanto a eso, como si ella tampoco lo entendiera. Sin embargo había sido categórica en cuanto a los hechos, y no era una aseveración que ella fuera a hacer a no ser que estuviera segura.

—Pacíficamente —masculló Sheriam, que se hundió en el catre. Había impregnado la palabra de una amargura inmensurable—. Pero ¿es que ha habido alguna opción de que sea así, desde el principio? ¡Elaida ha abolido el Ajah Azul! ¿Qué posibilidades de paz hay con eso?

—Elaida no puede suprimir un Ajah así como así —murmuró Morvrin como si aquello tuviera algo que ver con lo que pasaba. Dio unas palmaditas en el hombro a Sheriam, pero la mujer de cabello pelirrojo rechazó la mano regordeta con gesto malhumorado.

—Siempre existe la posibilidad —intervino Carlinya—. Los puertos están bloqueados, lo que refuerza nuestra posición. Las negociadoras se reúnen todas las mañanas… —Dejó la frase en el aire con una expresión preocupada en los ojos y se sirvió una taza de té, que se tomó entera de un solo trago y, encima, sin haberle echado miel. Seguramente, bloquear los puertos habría puesto punto final a unas negociaciones que, por otra parte, tampoco estaban llegando a ninguna parte. Además, teniendo a Egwene en su poder, ¿permitiría Elaida que continuaran?

—No comprendo qué motivo tiene Elaida para no haber juzgado a Egwene, puesto que la condena habría sido segura e indiscutible —comentó Morvrin—. En cualquier caso, el hecho es que, con juicio o sin él, Egwene sigue estando prisionera. —Hablaba sin manifestar el acaloramiento de Sheriam o Myrelle, ni la frialdad de Carlinya. Se limitaba a exponer los hechos con sólo una ligerísima tensión en la boca—. Si no la van a someter a juicio, entonces no cabe duda de que piensan quebrantarla. Ha demostrado ser una mujer más fuerte de lo que pensé al principio, pero nadie es tan fuerte para resistirse a la Torre Blanca si ésta decide quebrantarte. Hemos de considerar las consecuencias si no conseguimos sacarla de allí antes de que eso ocurra.

—Ni siquiera la van a azotar, Morvrin —dijo Siuan al tiempo que sacudía la cabeza—. Eso tampoco lo entiendo, pero no nos habría ordenado que la dejáramos si pensara que iban a torturar…

Se calló cuando el faldón de entrada de la tienda se abrió y Lelaine Akashi entró con el chal de flecos azules echado por los brazos. Sheriam se puso de pie, aunque no tendría que haberlo hecho; Lelaine era una Asentada, pero ella era la Guardiana. Claro que, a pesar de su delgadez, Lelaine resultaba formidable, la personificación de la dignidad, con el vestido de terciopelo con cuchilladas azules y con un aire de autoridad que esa noche parecía mayor incluso. Hasta el último cabello en su sitio, como si entrara en la Antecámara tras una noche entera de tranquilo sueño.

Suavemente, Siuan se volvió hacia la mesa y tomó la jarra como adelantándose a lo que venía a continuación. Normalmente sería ése su papel con la compañía de la recién llegada: servir té y dar su opinión cuando se la pidieran. A lo mejor si se quedaba callada Lelaine trataría con las otras de los asuntos que fuera y se marcharía enseguida sin dirigirle siquiera una mirada. La mujer rara vez se molestaba en hacer eso.