Hasta ahora. La precisión hizo que Jane tuviera un estremecimiento.
– ¿Y por qué ahora sí?
– Creo que ha estado esperando al momento oportuno, estableciendo sus contactos. Siempre ha albergado un resentimiento contra Estados Unidos, y no había duda de que acabaría escogiéndolo como objetivo. Sólo era cuestión del cuándo.
– ¿Por qué ahora? -preguntó de nuevo.
– Todo le ha empezado a ir bien. Tiene las armas y el dinero para la operación, y lo único que necesita es el personal. -Torció los labios-. ¿O debería decir la carne de cañón? Es más adecuado. Las armas más valiosas que tiene un terrorista son los cómplices que están dispuestos a sacrificar sus vidas por la causa. Eso quedó demostrado el once de septiembre. Correrán cualquier riesgo, y después de ejecutar sus misiones no hay posibilidad de que hablen y dejen pistas importantes que conduzcan al campamento base. Pero cada vez es más difícil reclutar fanáticos que no vayan a echarse atrás en el último minuto. Como es natural, está el contingente religioso de Oriente Medio, pero la CIA los está vigilando como un halcón.
– Y también el Departamento de Seguridad Nacional.
Trevor asintió con la cabeza.
– Estoy seguro de que Grozak está preparado para tener a medio mundo tras sus huellas por el placer de ver a Estados Unidos de rodillas, pero no quiere correr riesgos adicionales.
– Es una locura. Tendría que meterse en un agujero, como Saddam Hussein.
– Su agujero estaría alicatado en oro, y es lo bastante arrogante para creer que puede esperar a que terminen de buscarlo. Sería un héroe para el mundo terrorista y le sobran apoyos.
Jane meneó la cabeza.
– Dijiste que es inteligente. Esto es una locura.
– Es inteligente. También está lleno de odio y resentimiento, y tiene un ego que lo desborda. Va a ir a por ello. Lleva años acariciando este objetivo.
– ¿Y tú cómo lo sabes?
– Estuvimos juntos en Colombia. Entonces supe que era un hijo de puta y que no sentía ningún cariño hacia Estados Unidos. Siempre estaba despotricando contra los cerdos que lo habían metido en la cárcel. No deja de ser una ironía que al meterle entre rejas por delitos motivados por el odio racial, Estados Unidos volviera todo aquel odio hacia el Gobierno en su lugar. Pero entonces yo estaba más interesado en intentar impedir que el bastardo me pasara por encima que en escuchar sus opiniones políticas. Al final, antes de abandonar Colombia, acabé rompiéndole un brazo. -Hizo una mueca-. Esa podría ser la razón de que me odie a muerte. ¿A ti que te parece?
– Diría que es factible -dijo Jane distraídamente-. ¿Y cómo supiste que Grozak estaba planeando esto?
– No conocía los detalles exactos. Lo estuve vigilando durante años, porque es un bastardo vengativo, y sabía que acabaría por ir detrás mío. Hace ocho meses empecé a recibir extraños informes sobre los movimientos de Grozak. Hace seis, localicé a un informador dentro del círculo de Grozak al que convencí para que hablara.
– ¿Convencer?
– Bueno, lo convencí a la fuerza, pero después le di dinero suficiente para que desapareciera.
A Jane le daba vueltas la cabeza, desbordaba por todo lo que él le había dicho. Era increíble. Sin embargo, tenía la terrible sensación de que era verdad.
– ¿Y qué podemos hacer para evitar que ocurra esto?
– Encontrar el oro de Cira.
– ¿Qué?
– Grozak necesita a sus terroristas suicidas. Está negociando con Thomas Reilly para que se los proporcione. ¡Coño!, puede que fuera Reilly quien primero se dirigiera a Grozak. Reilly necesitaba poder para conseguir lo que quería, y podría haber decidido manipular a Grozak para que fuera detrás del oro.
– ¿Manipular?
– Es posible, incluso probable. A Reilly le gusta quedarse en segundo plano y tirar de los hilos. Tiene un ego tremendo y le encanta demostrar lo inteligente que es. Estuvo metido de manera activa en el IRA durante años, luego diversificó sus actividades con otras organizaciones terroristas y se fue a vivir a Grecia. Entonces, hace cinco años, levantó el campamento y desapareció de la vista. Se rumoreó que había pasado a la clandestinidad en Estados Unidos.
– ¿Y cómo podría ayudar Reilly a Grozak?
– Reilly tiene un interés especial que lo hace inestimable. Era un psicólogo brillante especializado en seleccionar disidentes y niños que pudieran ser fácilmente influenciables, a los que lavaba el cerebro para conseguir que hicieran prácticamente todo lo que él quería. Los escogidos aceptaban riesgos demenciales, y en varias ocasiones fueron abatidos mientras colocaban bombas por orden de Reilly. Más tarde se rumoreó que estaba entrenando terroristas suicidas en un campamento de Alemania. Sé que en un determinado momento se dirigió a al Qaeda y que intentó llegar a un acuerdo.
Jane se puso tensa.
– ¿Con al Qaeda?
Trevor negó con la cabeza.
– No, nos están metidos en esto. A al Qaeda no le gusta tratar con los infieles. Hace años, cuando Reilly les ofreció sus servicios, no lo recibieron con los brazos abiertos. Y ahora mismo Grozak no quiere pactar con al Qaeda; eso haría saltar todas las alertas y se le verían las intenciones. Está más interesado en otra actividad suplementaria que Reilly ha estado explorando. Se rumorea que Reilly ha reclutado a un equipo de exsoldados norteamericanos resentidos con Estados Unidos y que los ha estado entrenando.
– Querrás decir lavándoles el cerebro.
– Exacto. El potencial es muy atractivo para Grozak. Norteamericanos, con papeles y antecedentes norteamericanos, que están dispuestos a suicidarse para vengarse de su país.
– No me puedo creer que lo hicieran.
– Yo tenía mis dudas. Reilly me envió un fragmento de película de uno de esos soldados haciéndose volar en pedazos delante de la embajada de Estados Unidos en Nairobi. -Apretó los labios-. Se aseguró de que el chico no se acercara demasiado a la embajada y de que no tuviera suficiente potencia de fuego para ocasionar ningún daño y meter a Reilly en problemas. Después de todo, era sólo una demostración comercial.
– ¿Y Reilly te la envió a ti?
– Quería que supiera cuánto poder tenía. No confía en que Grozak sea capaz de cumplir. Me dijo que si yo daba con el oro de Cira, cancelaría el acuerdo con Grozak. Incluso me ayudaría a atrapar a Grozak.
Jane se lo quedó mirando perpleja.
– No tienes el oro de Cira. Y de todas formas, ¿qué más le daría a un canalla como ese?
– Hasta los canallas tienen su punto débil. Es coleccionista de antigüedades y siente una verdadera pasión por cualquier cosa relacionada con Herculano. Me he encontrado con él varias veces a lo largo de los años, cuando yo andaba intentando adquirir objetos robados. Compré la estatua de Cira antes de que él pudiera ponerle las manos encima, y eso lo enfureció. Probablemente sabe más sobre Herculano que la mayoría de los profesores universitarios. Ha adquirido cartas antiguas, cuadernos de bitácora, documentos y catálogos de provisiones. Cualquier cosa que le proporcionara conocimiento sobre la vida de Herculano. Su colección ha de ser increíble. Siente verdadera pasión por las monedas antiguas. Se dejaría arrancar los colmillos por el oro del túnel de Precebio.
– ¿Y tú cómo sabes todo eso?
– Conseguí que Dupoi me hiciera una relación de la gente con la que se había puesto en contacto para vender los pergaminos. Me dijo que Reilly era casi el número uno de la lista de la gente que él sabía estaría interesada. No se lo dijo a Grozak; éste estaba en un segundo escalón de contactos. -Hizo una pausa-. Para sorpresa de Dupoi, Reilly no hizo ninguna oferta. Pero Grozak se dirigió a Dupoi casi inmediatamente después de que se hubiera puesto en contacto con Reilly, y empezado las negociaciones.