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Jane pensó que ya estaba siendo crucificado. Se estaba culpando con el mismo apasionamiento con el qué antes había culpado a Trevor.

– Entonces, ocúpate. Échalo de tu mente. Yo también me sentí culpable cuando mi amigo Mike fue asesinado. Repasé una y otra vez todas las situaciones en las que podría haber actuado de otra manera y que hubieran podido haberle salvado. Pero al final tienes que aparcar todos esos pensamientos y seguir con la vida. A veces volverán sigilosamente en mitad de la noche, pero lo único que puedes hacer es aguantar y aprender la lección.

Mario abrió los ojos.

– Me estoy comportando como un niño. No te mereces esto. -Se obligó a sonreír-. Pero me alegro de que estés aquí.

– Y yo también.

Mario meneó la cabeza como para despejarse y se levantó.

– Ahora sal de aquí. Tengo que volver a mi habitación y darme una ducha. -Torció los labios en una mueca-. ¿No es extraño cómo el instinto nos dice que si limpiamos nuestros cuerpos, de alguna manera limpiaremos nuestra alma?

– ¿Quieres que vuelva?

– No enseguida. Bajaré más tarde a hablar con Trevor. -Dirigió la mirada hacia la mesa-. Pero tengo que volver al trabajo. No va a ser fácil. No dejaré de recordar por qué… Puede que sólo sea capaz de traducir unos cuantos renglones, pero será un comienzo. ¿Cuál es tu dicho favorito? ¿El de volver a subirte al caballo que te ha tirado?

Jane asintió con la cabeza.

– Es un buen dicho. -Mario se alejó-. Me siento como si el caballo me hubiera roto todos los huesos. Pero no lo hizo, y no lo hará. Quizás el corazón. Pero los corazones se curan, ¿verdad?

– Eso tengo entendido.

Mario volvió a dirigir la mirada hacia ella.

– De toda esa sabiduría que has estado prodigando, ¿a qué no sabes qué ha sido lo más importante? Que estoy seguro de que no eres italiana.

Era casi un chiste, a Dios gracias. El dolor seguía allí, pero su desolación ya no era tan abrumadora. Jane sonrió.

– Soy consciente de que es un gran inconveniente.

– Sí, lo es, aunque eres lo bastante extraordinaria para superarlo. -Hizo una pausa antes de añadir-. Gracias, Jane.

Mario no espero a que le respondiera antes de salir de la habitación.

Jane se levantó lentamente. Había conseguido de Mario lo que necesitaba, pero había sido una experiencia dolorosa para ambos. Y había visto algo en Mario en los últimos minutos que la había sorprendido. Fue como si hubiera sido testigo de un renacimiento o una maduración o…

No lo sabía. Podían ser imaginaciones nacidas del estado emocional por el que ambos habían pasado ese día. Los cambios de personalidad rara vez se producían con tanta rapidez.

Pero los cambios rara vez comenzaban a causa de una impresión o el horror.

¿Acaso no había ella aclarado también su actitud hacia Trevor a causa de aquel horror? La vida a su alrededor estaba cambiando, moviéndose mientras Grozak y Reilly tiraban de los hilos.

Aquello tenía que parar.

* * *

Capítulo 11

– ¿Cómo está? -preguntó Trevor cuando Jane entró en la biblioteca diez minutos más tarde-. ¿Sigue odiándome a muerte?

– No. -Jane hizo una mueca-. Ahora se odia a sí mismo. Pero va a darte lo que quieres. Se va a poner a traducir de nuevo esta noche.

– Debes de haberlo hechizado.

Ella negó con la cabeza.

– Le dije la verdad, aunque de todas maneras creo que habría llegado a ella por sí mismo, de haberle dado un poco más de tiempo. Creo que vas a descubrir que… ha cambiado.

– ¿En qué sentido?

Jane se encogió de hombros.

– No estoy segura. Pero no creo que vuelva a sentir la tentación de llamarlo «buen chico» nunca más. Juzga por ti mismo. Luego bajará a hablar contigo. -Cambió de tema-. ¿Averiguaste algo sobre Wickman con Venable?

– Volverá a llamarme. Envió a un hombre para hablar con la hermana de Eduardo Donato, y ésta le dijo que no lo había visto desde ayer por la mañana. Eduardo la llamó y le dijo que iba a aceptar un trabajo como guía para un turista que había conocido en una cafetería.

– ¿Le dijo como se llamaba?

Trevor negó con la cabeza.

– Según parece, le interrumpieron en mitad de la conversación y colgó rápidamente.

– ¿Nos puede proporcionar Venable una foto de Wickman?

– A su debido tiempo. Hasta el momento no ha podido reunir ningún dato. Wickman parece el hombre invisible. Pero haré que Brenner se centre en la cafetería, a ver si puede conseguirnos una descripción por alguno de los camareros.

Jane seguía inmóvil.

– Puedo hacer algo mejor que eso.

Trevor lo entendió enseguida.

– No. Y no sólo no, sino mil veces no.

– Si puedo obtener una buena descripción, puedo hacer un retrato robot. Puesto que nunca he visto a Wickman, el dibujo te podría decir lo que quieres saber sin ninguna duda.

– Entonces haré que Brenner haga las preguntas y te cuente las respuestas por teléfono.

– Así no da resultado. Tengo que enseñar el dibujo al testigo mientras lo hago para obtener confirmación de los rasgos. -Apretó los labios-. Y no me voy a quedar aquí sentada, esperando a que Brenner pierda el tiempo intentando precisar la identificación, cuando yo lo puedo hacer más deprisa.

– No es seguro para ti que vayas de aquí para allá en Lucerna. Allí no te puedo mantener a salvo.

– No me voy a recorrer toda Lucerna. Voy a ir a un café, y presumiblemente harás que Brenner esté allí para que me reciba en el aeropuerto. ¿Puedes conseguir un helicóptero y un avión privado en Aberdeen pilotado por alguien de tu confianza?

– Podría. Pero no lo haré.

– Sí, lo harás. Porque sabes que voy a ir de todas maneras. -Giró sobre sus talones-. Subiré a preparar un neceser y mi cuaderno de dibujo.

– ¿Qué parte del no no has entendido?

– La parte en la que me das órdenes que contradicen el sentido común. Llama a Brenner y dile que voy a ir, o encontraré la manera de llegar a ese café por mis propios medios.

Mario se encontró con Jane cuando ésta salía de su dormitorio y se dirigía a las escaleras. Arrugó la frente cuando la vio con el neceser que llevaba en la mano.

– ¿Adónde vas?

– Tengo que hacer un trabajo. Estaré de vuelta esta noche o mañana.

– ¿Qué clase de trabajo?

Jane guardó silencio durante un instante, no sabiendo cómo aceptaría Mario la verdad.

– Voy a Lucerna a intentar hacer un dibujo del asesino de tu padre, si es que puedo conseguir una buena descripción.

– ¿Es eso posible?

Jane asintió con la cabeza.

– Soy bastante buena. Tengo una habilidad especial para eso.

– ¿Es que lo vio alguien?

– Creemos que hay bastantes posibilidades. A tu padre lo conocían bastante en la cafetería y…

Mario se dio la vuelta para dirigirse a su habitación.

– Voy contigo.

– No.

– Tiene que ser peligroso. ¿Y si él sigue por allí? No voy a dejar que corras ningún riesgo. Mi padre fue asesinado y no hizo…

– No, eres más valioso aquí. -Mario empezó a protestar, y Jane se apresuró a decir-: No te necesito. Voy a tener a Brenner para ayudarme.

Mario no dijo nada durante un momento antes de que sus labios se torcieran en una triste sonrisa.

– Entonces, supongo que no me necesitas. No te serviría de mucho, ¿verdad? Se me da mejor tratar con los libros que con el mundo real. Nunca fui consciente de que alguna vez tendría que saber cómo combatir a la gente como Grozak. -Hizo una pausa-. ¿Estás segura de que estarás a salvo con Brenner?

– Estoy segura. Adiós, Mario. -Bajó corriendo los escalones antes de que él pudiera protestar de nuevo. Trevor estaba parado en la puerta delantera-. ¿Has telefoneado a Brenner?

– Sí, y voy a ir contigo yo mismo. -Abrió la puerta para que pasara Jane-. Bartlett está encargándose del helicóptero. Aterrizará dentro de cinco minutos