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– Sólo tú pondrías una condición como esa. Lo discutiremos más tarde. Ahora tenemos que salir de este infierno.

Y vaya si era un infierno. Las chispas habían hecho arder las copas de los árboles que bordeaban la carretera. Cira echó un vistazo hacia la corriente de lava que bajaba por la montaña. ¿Estaba más cerca? Tenían que recorrer al menos un kilómetro y medio antes de que estuvieran fuera del sendero. Rezó para que la lava no les cortara el camino antes de que alcanzaran…

Un árbol en llamas se derrumbó sobre el camino ¡delante de ella! Su caballo relinchó y se encabritó. Cira sintió que se resbalaba de la silla…

– ¡Antonio!

Jane se incorporó de un brinco en la cama, jadeando.

– ¡No!

– Tranquila. -La mano balsámica de Antonio estaba en su hombro-. Tranquila.

No era Antonio. Era Trevor. No era hacía dos mil años. Estaban allí. En la actualidad.

– ¿Todo bien? -Trevor la recostó, acurrucándola contra su cuerpo desnudo-. Estás temblando.

– Estoy perfectamente. -Jane se humedeció los labios-. Supongo que debía haber esperado tener pesadillas después de decirme lo que Reilly quería hacerme. No me puedo imaginar nada peor que tener a alguien capaz de controlar tu mente y tu voluntad. Pensar en ello hace que me vuelva loca. Cira nació esclava. Probablemente relacioné…

– Tranquila. Respira hondo. Tú no eres Cira, y Reilly no te va a poner las manos encima.

– Ya lo sé. -Guardó silencio durante un instante-. Lo siento.

– No hay nada que sentir. ¿Qué clase de pesadilla era?

– Creía que todo le iba a salir bien a ella, y entonces el árbol…

– ¿A Cira?

– ¿A quién si no? Parece que me estuviera asediando. -Torció el gesto-. ¡Carajo!, parece de lo más raro. Sigo convencida a medias de que debo de haber leído algo sobre ella en algún lugar que hace que tenga estos sueños.

– Pero sólo medio convencida.

– No lo sé. -Se acurrucó más-. Parecen tan reales, y es como una historia que se fuera desarrollando. Como si ella intentara decirme algo. -Se incorporó apoyándose en un codo-. No vayas a reírte de mí.

– No me atrevería. -Trevor sonrió-. El espíritu de Cira podría derribarme con un rayo. -Su sonrisa se esfumó-. O quizá podrías decidir dejarme. De una u otra manera, me enfrentaría al desastre.

– Ahora te estás burlando -dijo ella sin seguridad. La expresión de Trevor era extraña, tensa y carente de humor.

– ¿Eso hago? Puede que sí. -La volvió a recostar y apretó los labios contra el pelo de su sien-. Dirías que sería demasiado pronto. Probablemente tendrías razón. Pero sé muy bien que quiero tener la oportunidad de averiguarlo. -Ciñó sus brazos alrededor de ella cuando sintió que se volvía a poner tensa-. De acuerdo. Dejaré de hacer que te sientas molesta. Buenas noticias, yo mismo estoy bastante inquieto. Esperaba un buen revolcón con una mujer a la que he deseado durante años. No esperaba… -Se interrumpió-. Creo que es conveniente un cambio de tema. ¿Te importaría contarme tu último sueño con Cira?

Jane titubeó. Había evitado contarle a nadie los detalles de aquellos sueños, a excepción de Eve. Eve no sólo era como su otro yo, sino que tenía sus propios secretos que ni siquiera había revelado a Joe. Jane podía entender aquella omisión instintiva. Ella era tan reservada como Eve, y le resultaba difícil confiar a alguien aquellos sueños que en nada se parecían a unos sueños.

– Lo comprenderé, si no quieres hablar de ello -se apresuró a decir Trevor-. Pero quiero que sepas que, pienses lo que pienses, lo creeré. Confío en tu instinto y en tu buen juicio. Y a la mierda todo lo demás.

Jane guardó silencio durante un instante.

– No sé qué creer -dijo con voz entrecortada-. Cira estaba saliendo del túnel. Antonio estaba con ella. Igual que Dominicus. Se dirigían a un barco fondeado en la costa. Cira había pagado a Demónidas para que la sacara de Herculano.

– ¿Demónidas?

– Es un hombre codicioso. Ella cree que la esperará, aunque… -Meneó la cabeza-. Aunque el mundo de ambos se está desmoronando. Antonio no está tan seguro. -Jane miró fijamente la oscuridad-. El fuego los rodea. Los cipreses que flanquean el camino están todos ardiendo. Uno se derrumba sobre la carretera delante de Cira. Ella se cae del caballo y llama a gritos a Antonio… -Cerró los ojos-. Parece algo sacado de los Peligros de Paulina, ¿no te parece? A Dios gracias, entonces no había vías del ferrocarril. Probablemente habría atado a Cira a los rieles mientras una locomotora avanzaba rugiendo hacia ella.

– La misma Cira parece desenvolverse a la perfección en ese terreno -dijo Trevor-. Demónidas…

Ella abrió los ojos para mirarlo.

– ¿En qué estás pensando?

– Bueno, no has sido capaz de descubrir que te hubieras encontrado con ninguna referencia a Cira antes de empezar a soñar con ella. Demónidas es un nuevo personaje de este embrollo. Puede que fuera un mercader y comerciante famoso. Quizá podamos seguir la pista de Cira a través de él.

«Podamos.» Jane sintió una oleada de afecto al oír la palabra.

– Si existió.

– No seas pesimista. Existe hasta que se demuestre lo contrario. Veré que puedo hacer mañana para encontrar alguna referencia sobre él.

– Ese es mi trabajo.

– Entonces lo haremos los dos. Bien sabe Dios que hay suficientes caminos que explorar para los dos.

– Demasiados. Y ahora no tenemos tiempo para hacerlo. No, con Reilly y Grozak.

– Ahora tenemos un poco de tiempo. Podría resultar importante. Si Cira estaba huyendo de Julius, ¿cabe la posibilidad de que se fuera sin el oro?

Jane se puso tensa.

– No.

– Entonces ¿no sería lógico que el oro fuera en ese barco?

– Sí. -Y ella añadió-: Estás hablando como si en realidad hubiera un Demónidas.

– Dijiste que lo creías a medias. Trabajaré sobre esa suposición. ¿Podrías haberte encontrado alguna vez con el nombre de Demónidas en el pasado y convertirlo en fantasía? Es posible. Pero ¿por qué no comprobarlo? Daño no puede hacer.

– Podría ser una pérdida de un tiempo que no tenemos.

– Dije que me creería lo que tú creyeras. Tengo el pálpito de que crees en Cira, Antonio y Demónidas más de lo que llegarás a admitir. Sigues sin confiar en mí lo suficiente.

– Confío… en ti.

Trevor soltó una carcajada.

– Esa es una respuesta bastante pobre. -Se puso encima de ella-. Pero no pasa nada. Respondes con mucho entusiasmo en otros campos. Sólo tendré que esforzarme en realizar un avance importantísimo. -Le separó los muslos y susurró-: Pero hay avances de todo tipo. Creo que puedo hacer uno muy interesante ahora mismo.

Jane sintió avanzar el calor por todo su cuerpo cuando levantó la vista hacia él. Trevor no se había dado cuenta de que esa noche ya había hecho un gran avance. No el sexual que había conmovido a Jane hasta las entretelas. Le había permitido trasponer sus barreras mentales y aquella parte íntima de ella que no había confiado a nadie. Se sentía unida, parte de él. Que sexualmente funcionaran de manera tan fantástica casi se quedaba pálido en comparación.

Casi. ¿En qué estaba pensando? El sexo con Trevor no tenía nada de pálido; era asombroso. Lo atrajo hacia ella.

– Estoy totalmente a favor de los grandes avances. -Intentó serenar su voz-. Enséñame…

– ¿Qué estás haciendo aquí fuera? -Joe salió al porche y se sentó al lado de Eve en el escalón superior-. Son casi las tres de la madrugada. ¿Preocupada?

– Pues claro que estoy preocupada. -Se apoyó en él cuando Joe la rodeó con el brazo-. Tengo un susto de muerte. ¿Por qué no? Los políticos todos siguen discutiendo sobre la responsabilidad por el once de septiembre. Me temo que no haremos lo suficiente para detener a ese loco de Grozak.