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– Estamos haciendo todo lo que podemos. ¿Te devolvió John Logan la llamada?

Ella asintió con la cabeza.

– Ha cogido un avión a Washington para hablar con los peces gordos del Departamento de Seguridad Nacional. Gracias a sus contribuciones para las campañas, tiene la suficiente influencia en el Congreso para conseguir que al menos lo escuchen. Dice que puede prometer que, aunque sólo sea eso, darán la voz de alerta. Me volverá a llamar mañana.

– Y yo llamé al director de la Agencia. Se mostró reservado, pero le dije que si no hacía intervenir a la CIA, me pondría en contacto con los medios de comunicación. Así que deja de preocuparte, Eve.

– No estoy preocupada. -Torció el gesto-. Intento no tener que tomar una decisión dolorosa. No hay manera. No creo que haya manera de que pueda evitarlo.

– ¿De qué demonios estás hablando?

– Estoy diciendo que tenemos que hacer todo lo que podamos. No paro de decirme que probablemente no tenga ninguna relación, pero no puedo correr el riesgo. -Miró su reloj-. Son las ocho de la mañana en Escocia. No voy a despertar a Jane, si la llamo ahora. -Se levantó del escalón-. Voy a entrar a hacer café. Ven dentro y hablamos.

– Era Eve. -Jane colgó el teléfono lentamente-. Quiere que me reúna con ella en Nápoles esta noche.

– ¿Qué? -Trevor se retrepó en el sillón-. De ninguna manera.

Jane meneó la cabeza.

– Tengo que ir. Eve nunca me pide nada. Me ha pedido esto.

– ¿Por qué?

– No lo sé. Sólo me dijo que era importante para ella. Se reunirá conmigo en el aeropuerto. Su vuelo llega poco después de las seis. -Arrugó la frente-. ¡Dios santo!, estoy preocupada. Eve no… Parecía…

– Iré contigo.

Ella negó con la cabeza.

– No, me dijo que fuera sola.

– Y un cuerno vas a ir sola. Ella no querría que fueras, si supiera que hay peligro. ¿Va a estar Quinn allí?

– No. -Jane levantó la mano para detener la protesta que sabía se iba a producir-. Dijo que si quieres enviar a alguien para protegerme, que por ella no hay inconveniente. Lo único que quiere es que no haya ninguna intromisión.

– No voy a entrometerme.

Lo miró fijamente con escepticismo.

– De acuerdo, intentaría no entrometerme. -Trevor meneó la cabeza-. Te dejé que fueras a Lucerna sin mí. Esta vez no te lo voy a permitir. Me quedaré en segundo plano. Seré chófer y guardaespaldas. Puedes ignorarme.

– Eso es difícil. ¿Y qué pasa con Brenner?

– No descubrió nada sobre el padre de Mario. Lo envié de vuelta a Colorado. -Apretó los labios-. Voy a ir, Jane.

Ella lo miró fijamente, contrariada.

– Pero Eve no quiere que vayas.

– Entonces tendrá que sonreír y aguantarse. -Abrió la tapa del móvil-. Llamaré para pedir un helicóptero. -Y añadió-: Y luego, telefonearé a Venable para decirle que eche el freno y que el aeropuerto de Nápoles no esté tomado por sus hombres.

Jane se había olvidado de Venable y de que éste había pinchado el teléfono. Mejor Trevor que la CIA. Y tuvo que admitir para sí que se sentía más cómoda si iba Trevor.

– De acuerdo, pero mejor que te hagas invisible, ¡maldita sea! Le diré a Mario que nos vamos y luego cogeré mi bolsa y mi pasaporte.

MacDuff estaba parado en el patio cuando el helicóptero aterrizó una hora después.

– ¿Se van?

Jane asintió con la cabeza.

– A Nápoles. Pero volveremos esta noche o mañana. ¿Cómo está Jock?

– Callado. Muy callado. Casi encerrado en sí mismo. -Arrugó la frente-. Y esta noche tuvo una pesadilla. Confiaba en que hubieran acabado.

– ¿Ha sido por mi culpa?

– Puede. O por la mía. ¿Quién sabe? -MacDuff observó a Trevor cuando éste salía del castillo-. Pero siempre de Reilly. ¿Por qué Nápoles?

– Eve quiere reunirse conmigo allí.

– Eve Duncan. -Frunció el entrecejo-. ¿Por qué no vino aquí?

– Se lo diré cuando lo sepa. -Jane se dirigió al helicóptero-. Dígale a Jock que hablaré con él cuando vuelva. Dígale que… -No estaba segura de lo que quería que le dijera. No lamentaba haber investigado y pinchado y posiblemente abierto viejas heridas, porque había sido necesario. Sólo lamentaba el dolor que había provocado-. Adiós, MacDuff. Cuide de él.

– No es necesario que me lo diga.

Jane sonrió.

– Ya lo sé. -Y repitió la frase que le había oído a él-: Es uno de los suyos.

– Aja. -MacDuff se apartó-. De los míos.

Eve abrazó a Jane cuando ésta salió de la aduana y lanzó una mirada glacial a Trevor.

– ¿Qué estás haciendo aquí?

– ¿A ti que te parece? Hace unos días vi decapitar a un hombre. No iba a correr ningún riesgo con Jane. -Cogió el neceser de Jane-. Pero le prometí a ella que no me entrometería y que desaparecería en un segundo plano, a menos que me necesitéis.

– Eso debe de haber dolido -dijo Eve secamente.

– ¡Joder, sí! Acabemos con esto. -Le entregó un llavero a Eve, se dio la vuelta y se dirigió a la salida-. Vuestro coche de alquiler está aparcado fuera. Os seguiré en otro coche de alquiler. A menos que podáis mantener vuestra conversación aquí, en el aeropuerto.

Eve negó con la cabeza.

– Yo tampoco lo creo. De lo contrario, no habrías querido que ella volviera a Italia. Y puesto que Nápoles es el aeropuerto principal más cercano a Herculano, supongo que es allí a donde os dirigís, ¿me equivoco?

– Tus suposiciones son casi correctas -dijo Eve mientras lo seguía-. Ese es uno de los motivos de que no quisiera que estuvieras aquí. Tu cabeza no para de maquinar, y no tenía ningún deseo de que anduvieras dando saltos por ahí y te interpusieras en mi camino. ¿Ves?, ya estás intentando hacerlo. -Se volvió a Jane-. ¿Cómo estás?

– ¿A ti que te parece? Asustada. Confundida. No me gusta andar a ciegas. ¿Por qué diablos estamos aquí, Eve?

– Porque no podía seguir callada por más tiempo. -Empujó suavemente a Jane hacia el coche de alquiler que Trevor estaba señalando-. Y siempre me he sentido mejor hablando con los objetos delante.

* * *

Capítulo 15

Museo di Storia Naturale di Napoli.

– ¿Un museo de historia natural? -Jane se quedó mirando el modesto y apartado edificio de piedra que se erigía en una calle igualmente modesta-. ¿Eve, qué demonios vamos a…?

– Piensa un poco. -Eve apagó el motor-. Nunca estuviste aquí, pero hace cuatro años Trevor visitó este edificio y convenció al conservador, el signor Toriza, de que le hiciera un favor.

Jane miró a Eve de hito en hito, impresionada.

– El cráneo.

– El cráneo. Teníamos que tener un cráneo para atraer a aquel maníaco homicida a la trampa, y Trevor le pidió prestado uno a este museo. Yo iba a hacer la reconstrucción y asegurarme de que el resultado final se pareciera a la estatua de Cira. Falsificarlo contravenía por completo a mis principios, pero aun así lo hice. Teníamos que atrapar a Aldo antes de que te asesinara.

– Y lo hiciste.

Apartó la mirada de Jane.

– Lo hice. Le pusimos Giulia de nombre a la reconstrucción, e hice un doble perfecto. Después de que ya no la necesitáramos, cumplí mi promesa al museo e hice una reconstrucción auténtica. -Salió del coche-. Ven, vayamos a verla.

– Pero ya la he visto -dijo Jane mientras seguía a Eve por los cuatro escalones que conducían a la entrada principal-. En la prensa salieron fotos tanto de la reconstrucción falsa como de la verdadera. Hiciste un trabajo fantástico con un cráneo que era distinto a la estatua de Cira.

– Oh, hice un gran trabajo. Pero nunca has visto la reconstrucción en persona. -Abrió la puerta-. Por eso estamos aquí. -Hizo un gesto con la cabeza hacia el hombrecillo calvo y atildado que se dirigía hacia ellas a toda prisa-. Buenas noches, signor Toriza. Ha sido muy amable por su parte mantener el museo abierto para mí.