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– Tú no tienes que matarlo, Jock. Basta con que nos digas dónde está, y nosotros haremos que las autoridades se encarguen de él.

El muchacho meneó la cabeza.

– Tengo que hacerlo. Tengo que ser yo.

– ¿Por qué?

– Porque si no lo hago yo, el señor intentará hacerlo por mí. No esperará a nadie. Está… enfadado con él.

– Porque es un hombre malvado.

– Satán. Si Satán existe, ese es… Reilly.

– Sólo dinos dónde está.

– N-no lo sé.

– Tienes que saberlo.

– Siempre que intento pensar en ello… me duele tanto la cabeza que creo que me va a explotar.

– Inténtalo.

– Lo intenté anoche. -Guardó silencio-. Tengo imágenes. Fugaces. Nada más. -Hizo una pausa-. Aunque quizá… si volviera, podría recordar.

– ¿Volver a Colorado?

– No, a Colorado no.

– Allí fue donde te encontraron.

– Colorado no. Al Norte. Quizá… ¿Idaho?

La esperanza hizo que Jane diera un respingo.

– ¿Recuerdas eso? ¿Dónde?

Él negó con la cabeza.

– Tengo que volver.

Estaban un paso más cerca de lo que habían estado antes.

– Entonces, volveremos. Hablaré con Trevor.

– Inmediatamente.

– Esta noche.

Jock se puso de pie.

– Y tenemos que encontrar pronto a Reilly, o el señor empezará a buscarlo él. No va a esperar mucho más.

– Empezaremos en cuanto podamos prepararlo todo. -Jane arrugó la frente, pensando-. Pero nadie puede saber que estás con nosotros. O Reilly podría decidir que su situación es comprometida y huir.

– No pensará tal cosa.

– ¿Por qué?

– Probablemente ya sabe que estoy aquí, y que no he sido capaz de contarle nada al señor. Creerá que está a salvo.

– ¿Por qué habría de creer eso?

– Porque me dijo que yo moriría, si le decía a alguien dónde estaba.

– Te refieres a que te mataría.

– No, simplemente que moriría. Mi corazón dejaría de latir y moriría.

– Eso es una locura.

– No, vi cómo ocurría. Reilly me… lo demostró. -Se tocó el pecho-. Y sentí que el corazón me latía con fuerza, golpeando una y otra vez contra el pecho, y supe que se pararía, si él me decía que se pararía.

¡Por Dios!, aquello sonaba a vudú.

– Sólo si te lo crees. Solo si le permites que gane. Si eres fuerte, no ocurrirá.

– Espero ser lo bastante fuerte. Tengo que matar a Reilly antes de que él mate al señor. -Se dirigió a la puerta-. Una vez quise morir, pero el señor no me dejó. Ahora hay ocasiones en que no me importa estar vivo. A veces incluso me olvido de… -Abrió la puerta-. Vendré a verte mañana por la mañana.

– Espera. ¿Por qué no acudiste a MacDuff en lugar de a mí? -Porque tengo que hacer lo que el señor dice. Querría perseguir a Reilly solo, y si encuentro a Reilly, me mantendrá alejado de él, porque quiere protegerme. Si tú y Trevor estáis con nosotros, no harán eso. Aprovecharé mi oportunidad.

– Yo intentaría protegerte, Jock.

La figura del muchacho se perfiló contra la luz del pasillo cuando abrió la puerta.

– No cómo lo hará él. -Al segundo siguiente había desaparecido.

Jane se quedó inmóvil un momento mientras la cabeza le daba vueltas con una mezcla de excitación y esperanza. No había ninguna garantía de que Jock recordara el paradero de Reilly, pero había una posibilidad. Parecía volver a recordar, y ya había recordado que no era en Colorado y que podría ser Idaho.

Y su respuesta cuando ella le había preguntado por qué no había acudido a MacDuff había puesto de relieve una madurez y perspicacia que la sorprendieron. A todas luces había pensado en las consecuencias, y hallado su propia solución. Si había llegado tan lejos, entonces por supuesto que había esperanza.

Y ellos tenían que actuar de inmediato aprovechando el regalo que les había hecho. Sin ir más lejos, esa noche Jane había hablado con Mario de lo impotente que se sentía acerca de la posibilidad de encontrar otra vía que explorar, toda vez que el descubrimiento del oro estaba ya en entredicho. Bueno, en ese momento tenían una oportunidad y tenían que cogerla y echar a correr con ella.

Pero sólo llevar a Jock de vuelta a Estados Unidos al lugar donde MacDuff lo había encontrado, y sin ningún preparativo para los efectos colaterales, planteaba multitud de escollos. Necesitaban toda la ayuda que pudieran conseguir.

Abrió la puerta y se dirigió a la biblioteca para reunirse con Trevor.

* * *

Capítulo 16

– No podemos dedicarnos a deambular por todos los Estados Unidos corriendo el albur de que Jock encuentre a Reilly -dijo Trevor-. Grozak está vigilando la Pista. Si nos vamos, nos seguirán, y si nos siguen, entonces Grozak se lo dirá a Reilly, y éste cerrará el trato y le dará a Grozak lo que quiere.

– Jock dice que Reilly no se preocupará por él -dijo Jane.

– No apostaré por eso. Jock interrumpió su adiestramiento para escapar de Reilly. Reilly tendría que ser un auténtico egomaníaco para estar absolutamente seguro de que el chico nunca ignoraría esa orden de autodestrucción.

– ¡Joder!, eso no puede ocurrir, ¿verdad? -Jane meneó la cabeza-. Va en contra de todas las leyes del instinto de conservación.

– He oído hablar de experimentos suicidas llevados a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial supuestamente exitosos. La mente puede ser un arma poderosa. De todas maneras, Jock lo cree.

– Y está dispuesto a arriesgar su vida por salvar a MacDuff. -Jane guardó silencio durante un instante-. Y vamos a dejar que lo haga.

– Para salvar, si es posible, a varios miles de personas, además de al señor de Jock.

– Ya lo sé. ¿Para qué crees que estoy aquí? Pero no tiene por qué gustarme. -Sus manos se cerraron sobre los brazos del sillón-. Así que ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo conseguimos salir de aquí sin dejar que Grozak sepa que nos hemos ido?

– Con gran dificultad.

– ¿Cómo?

– Tengo que pensar en ello. Y luego está Venable, que lo tenemos prácticamente apostado en nuestra puerta. No podemos meterlo en esto o no tendríamos ninguna esperanza de que nuestra marcha se mantuviera en secreto. No podemos permitir que haya ninguna filtración.

– Es la CIA, ¡Por Dios! Deberían ser capaces de manejar una operación clandestina.

Él la miró sin contestar.

No, Jock había confiado en ella, y Jane tampoco quería pasarle esa responsabilidad a unos extraños.

– De acuerdo, ¿ninguna idea?

– Tengo algún atisbo. -Se recostó en el sillón-. Déjame pensar en ello.

– ¿Podemos utilizar a MacDuff?

Trevor sonrió.

– Se negaría a que alguien pudiera utilizarlo. Pero, casi con absoluta certeza, no tendremos más remedio que meterlo en el lío. Tendríamos que secuestrar a Jock para alejarlo de su señor.

– No estoy tan segura de eso. Jock no quiere que MacDuff se acerque a Reilly.

– ¿Y crees que MacDuff no montaría en cólera y nos seguiría, si intentáramos abusar de Jock sin su supervisión?

– No, supongo que no.

– Y además hice un trato con MacDuff acerca de Reilly.

– ¿Servirle la cabeza de Reilly en una bandeja?

– Podemos decirlo así. Le prometí que si encontraba a Reilly, tendría su oportunidad con él. -Ladeó la cabeza-. Fue un trato que no tuve ningún reparo en hacer, teniendo en cuenta el carácter de Reilly. -Alargó la mano hacia el teléfono-. Lamento despertarte, Bartlett. Tenemos que resolver una situación. ¿Te importa venir a la biblioteca? -Colgó-. No hables con Eve ni Quinn por el momento, Jane.

– ¿Por qué no?

– Cuando llamé a Venable esta noche, me dijo que su equipo técnico interceptó ayer una señal electrónica desconocida en la zona. Puede que Grozak se haya hecho con un teléfono fijo para intervenir la línea telefónica.