– ¿No lo acompañaba nadie?
– Por supuesto que no. El pasadizo de Angus es el secreto de la familia, transmitido de padres a hijos. Angus lo hizo construir en la misma época que edificó el castillo. Fue pensado como una vía de escape que condujera hasta el mar, y allí hay otro pasadizo que dobla sobre sí mismo para dirigirse hacia la colina, por la parte de fuera de la cancela, lo que le permitía coger por la espalda a un ejército atacante. Vivió en una época peligrosa y siempre quiso estar preparado.
– Eso ocurrió hace siglos. -¡Por Dios!, sí que resbalaban aquellos escalones, pensó Jane mientras mantenía el equilibro sujetándose contra la curvilínea pared. Parecían bajar y bajar…-. ¿Y me está diciendo que nadie más conoce la existencia de esto?
– Existe algo que se llama honor. Todos estábamos obligados a no contárselo a nadie que no perteneciera a la familia más allegada. En los últimos años no era de una importancia tan crucial, pero somos una familia que cree en la tradición.
– Parece que Jock sí que lo conocía.
– No supo nada hasta que lo traje de vuelta de Colorado. Y Jock preferiría morir antes que decir algo que no quiera que diga. Doscientos metros y giro a la izquierda. Allí es donde se bifurca y se convierte en un túnel que conduce hasta las colinas.
Jane apenas pudo ver la bifurcación de la derecha cuando giró a la izquierda como se le había dicho.
– ¿Cuánto falta?
– No mucho. Aquí los escalones se vuelven más empinados a medida que se acercan al oleaje. Tenga cuidado.
– ¿Y qué vamos a hacer cuando lleguemos al mar? -preguntó Trevor-. ¿Nadar?
– La verdad es que Angus era lo bastante fuerte para hacerse a nado los casi siete kilómetros que rodean el cabo, pero sus descendientes no eran tan espartanos. Hay una motora en un embarcadero camuflado al pie de la escalera. Utilizaremos los remos, no el motor, y si nos mantenemos cerca de los acantilados, deberíamos poder alcanzar una distancia segura en veinte minutos.
– Y luego ¿qué? -preguntó Trevor.
– No debería haberlo hecho todo por usted -dijo MacDuff-. He hecho que Colin, uno del pueblo, nos recoja con un coche y nos lleve a Aberdeen. Confió en que, una vez allí, usted pueda conseguir un transporte que nos lleve a Estados Unidos.
– Llamaré a Kimbrough a París en cuanto lleguemos a la carretera. Llevo años sin utilizar sus servicios, y Grozak no lo tendrá controlado.
– ¿Cuánto tardará en llegar aquí?
– Si no tiene otro trabajo, unas pocas horas. Si lo tiene, telefonearé a otro.
Jane oyó gritar a Mario, que empezó a maldecir detrás de ella.
– ¡Maldita sea!, ¿falta mucho, MacDuff? Casi me rompo el tobillo.
– Mala suerte -dijo MacDuff-. Los no invitados no tienen derecho a quejarse.
Trevor y ella tampoco habían sido invitados. Jane no tenía muy claro lo que MacDuff…
Oyó un chapoteo por delante de ella.
– ¿Qué es eso?
– Los escalones inferiores quedan cubiertos por el agua cuando sube la marea -gritó MacDuff por encima del hombro mientras doblaba una curva de la escalera-. Voy a tener que meterme en el agua para llegar hasta el bote. No hay motivo para preocuparse. -Y añadió con malicia-: Excepto por alguna anguila o cangrejo ocasional que consigue entrar con la marea. No le pasará nada. No va descalza.
– Qué consuelo. -Jane dobló la esquina de la escalera de caracol y vio a MacDuff y a Jock delante de ella. Los dos estaban metidos en el agua hasta los muslos, mientras terminaban de bajar los últimos escalones hacia una aerodinámica motora de color negro y crema amarrada a un poste de acero. Un poco más allá pudo ver una estrecha abertura que conducía al mar.
– ¿Todo bien? -Trevor estaba unos pocos escalones detrás de ella. Jane no se había percatado de que se había parado.
Asintió con la cabeza y empezó a bajar los escalones de nuevo, sujetando su pequeña bolsa de lona sobre los hombros.
Tres escalones más abajo, Jane se encontró metida hasta los muslos en un agua fría y salada que la hizo estremecerse de los pies a la cabeza. Reprimió un grito ahogado y siguió avanzando. Al cabo de un instante había alcanzado a MacDuff y a Jock, que estaban subiendo a pulso al bote.
Jock se volvió y alargó la mano.
– Dame tu bolsa y te subiré.
– Gracias. -Jane le arrojó la bolsa de lona y luego dejó que la subiera. MacDuff estaba abriendo una caja situada junto al timón y sacó unos remos-. Te conoces bien el camino hasta aquí abajo, Jock.
– El señor quiso que lo acompañara cuando volvimos aquí. Tenía cosas que hacer y no quería que me quedara solo.
Porque Jock había intentado suicidarse, y MacDuff había tenido miedo de abandonarlo.
– Estoy segura que fuiste de gran ayuda.
– Lo intenté -dijo Jock con seriedad-. Hice todo lo que me dijo, pero no sabía todas las cosas que Angus y el señor sabían. Este era la casa de Angus, su habitación.
– ¿Su habitación?
– Todos esos escalones y la oscuridad… Me perdí. Mi cabeza estaba confusa, y el señor tuvo que sacarme del agua en una ocasión.
¿Se perdió? ¿Se refería a mentalmente o…?
– Jock, te necesito -gritó MacDuff, y Jock se dirigió hacia él inmediatamente.
– Estás empapada. -Trevor estaba subiendo al bote-. ¿Hay alguna toalla, MacDuff?
– En la caja que hay debajo del timón. -MacDuff le entregó a Jock un remo-. Ella puede secarse más tarde. Salgamos de aquí.
– Yo sé remar -dijo Mario cuando subió al bote-. Tripulaba una embarcación en mi universidad.
– ¡Faltaría más! Páguese el viaje. -MacDuff le dio un remo-. Pero encontrará que este remo es un poco más difícil de manejar.
Trevor encontró la toalla y se la entregó a Jane.
– Sécate. No necesitamos que te pongas enferma.
– Estoy bien. -Ella intentó absorber un poco del agua de ropa con la toalla. Torció el gesto. -No he pescado ni una anguila, MacDuff.
– ¿De verdad? Qué afortunada.
– Confiemos en que la cosa siga así. -Trevor desató la embarcación-. Sáquenos de aquí, MacDuff.
Kimbrough se reunió con ellos en el aeropuerto de las afueras de Aberdeen donde Trevor había aterrizado en el viaje desde Harvard. Era un cuarentón bajito y eficaz.
– Listo para despegar -le dijo a Trevor-. He presentado un plan de vuelo falso hasta Nueva Orleáns. Tendremos que repostar en Chicago, pero deberíamos llegar a Denver dentro de unas nueve horas.
– Bien. -Trevor se volvió a MacDuff-. Dijo que tenía una casa en las afueras de Denver que utilizó cuando fue a buscar a Jock. ¿Cree que le ayudaría a avanzar en sus recuerdos estar en un entorno casi familiar?
– No tengo ni idea. Pero daño no podría hacerle. Tenemos que empezar por algún lugar. Llamaré a la empresa de alquiler en cuanto esté en el avión.
– No puede hacer eso. Reconocerán su nombre por la vez que estuvo allí. No podemos dejar ninguna pista que se pueda rastrear…
– Reconocerán el nombre de Daniel Pilton. ¿Cree que me habría arriesgado a que Reilly supiera dónde llevé a Jock? Hizo un gesto hacia Jock y Mario-. Subid al avión. Me reuniré con vosotros enseguida. -Después de que Jock y Mario desaparecieron en el interior del avión, dijo con gravedad-: Por lo que sé, Jock se quedará paralizado en cuanto esté cerca de la casa de Reilly.
– ¿No es todo esto una pérdida de tiempo? Según Jock, Colorado no es la zona donde está Reilly -dijo Jane-. Él mencionó Idaho.
– Pero allí no sabemos por dónde empezar. Fue demasiado vago al respecto. -MacDuff apretó los labios-. Créame, no fue nada vago acerca de Colorado. Si hubiera podido verlo durante aquel mes después de que lo encontrara, se habría dado cuenta de eso.
– Pero usted dijo que él no tenía ni idea de lo que estaba haciendo allí.
– No quise insistir. Ocurriera lo que ocurriese allí, fue suficiente para que perdiera el control. -Empezó a subir la escalera-. Ya tenía que superar un trauma lo bastante grande sin que hubiera necesidad de que yo hurgara en aquella herida.