– Podría haberlo hecho -dijo Jane mientras lo seguía por la escalerilla-. Si Jock no es capaz de recordar eso, ¿cómo va a recordar lo que pasó antes?
– ¡Dios mío!, mira que es dura -dijo MacDuff mientras desaparecía en el interior del avión-. Y yo que creía que estaba siendo insensible.
¿Era dura? Las palabras que había dicho le habían salido sin pensar. Quería lo mejor para Jock. Lo ayudaría, si podía, pero la importancia de encontrar a Reilly excedía todas las demás consideraciones. Así que quizá fuera tan dura como MacDuff creía.
– Ese bastardo te ha ofendido -dijo Trevor bruscamente detrás de ella en la escalinata-. Que le jodan.
– No. -Jane intentó sonreír-. Probablemente tenga razón. Nunca he sido la persona más tierna del planeta. No soy amable ni tolerante. Incluso fui dura con Mike cuando no se comportaba como yo pensaba que debía hacerlo.
– ¡Uy Dios!, ¿vas a fallar ahora y te vas a sentir culpable? -La detuvo poniéndole una mano en el hombro antes de que pudiera entrar en el avión-. No, no eres amable. Eres condenadamente intolerante. Puedes ser tierna ocasionalmente, pero eso sueles reservarlo para los perros, Eve y Quinn. -La estaba mirando directamente a los ojos-. Pero eres sincera e inteligente y me haces sentir como si estuviera contemplando una salida de sol cada vez que veo tu sonrisa.
Jane fue incapaz de hablar durante un instante.
– Ah. -No sabía qué decir-. Qué… poético. Y absolutamente impropio de ti.
– Estoy de acuerdo. -Trevor sonrió-. Así que lo atenuaré diciendo que probablemente seas también, de todas las mujeres con las que me he acostado, la mejor en la cama, y que soy lo bastante frívolo para desear que Jock no hubiera hecho este adelanto la noche que estaba planeando echarte un polvo como una catedral. ¡Esto sí que es franqueza! -La empujó para que entrara en el avión-. Más tarde. Tengo que ir delante y hablar con Kimbrough.
– Tengo que llamar a Eve.
– Ya lo suponía. En realidad es mejor que los llames. No se sabe lo que podrían hacer, si no tuvieran noticias de ti o no pudieran ponerse en contacto contigo. Pero no les puedes decir dónde estamos ni lo que estamos haciendo. Diles que estás a salvo y que ya te pondrás en contacto con ellos más tarde. ¿De acuerdo?
Jane pensó en ello.
– Por ahora. Se enfadarán conmigo, pero de todas maneras no hay mucho que contar. Pero no los mantendré en la ignorancia mucho tiempo.
– Espero de todo corazón que no tengas que hacerlo. Averigüemos por Jock lo que necesitamos saber o no. Pero espera a que aterricemos en Chicago para llamarlos.
Jane lo observó alejarse por el pasillo mientras se sentaba al lado de Mario. Trevor había sido amable y reconfortante, y eso la había sorprendido en aquellos momentos de tensión. Gran parte de la relación de ambos se basaba en la atracción sexual que los había dominado durante años. Aun en ese momento ella podía sentir esa reacción que le aceleraba el pulso cuando lo miraba. Pero había algo más que aquel ardor sin sentido; había calidez. Se obligó a apartar la mirada de Trevor.
– Has estado muy callado desde que nos fuimos.
– Decidí que sería una idiotez intentar entablar conversación cuando nadie quería oírme. -Mario torció el gesto-. Conseguí colarme en este viaje, pero no soy bienvenido. Así que observaré y escucharé, y encontraré la manera de contribuir.
– ¿Contribuir? -repitió Jane-. No parecía que estuvieras decidido a participar en una operación conjunta.
– No soy idiota. Conozco mis limitaciones. -Miró a Jock de hito en hito-. Pero él tiene más limitaciones que yo. Nos estamos arriesgando mucho corriendo el albur de que no estalle.
– No tenemos alternativa. -Jane hizo una pausa-. A menos que decidas darnos algo con lo que negociar.
Mario riego con la cabeza.
– No lo entiendes. No soy un tío insensible. No pretendo ser el causante de una catástrofe como la del once de septiembre. Pero he de tener mi oportunidad con esos hijos de puta. -Se retrepó en el asiento y cerró los ojos-. Voy a echar una cabezadita, así que deja de pincharme. No dará resultado.
– Seguiré pinchando, pinchando y pinchando -dijo Jane-. Tal vez en algún momento de claridad mental te des cuenta de que el precio de esa posibilidad no vale la pena.
Mario no respondió y siguió con los ojos cerrados. Era evidente que estaba dispuesto a ignorarla.
Bien, lo dejaría en paz, pensó Jane. Ya tendría oportunidad de darle la lata cuando llegaran a Colorado. Sonrió compungida ante la idea. MacDuff la había acusado de presionar a Jock, y en ese momento estaba haciendo lo mismo con Mario. Según parecía, su tiempo de inseguridad se había desvanecido con aquellas palabras qué le había dicho Trevor.
No, aquellas palabras la habían reconfortado, pero se había recuperado rápidamente, porque formaba parte de su carácter. Durante toda su vida la indecisión había sido su enemigo. Tenía que avanzar, nada de retroceder o quedarse en el sitio. No conocía otra manera.
Así que al diablo con MacDuff y Mario. Haría lo que siempre había hecho. Intentaría conformar su mundo a su medida. Era la única manera de…
– Ven conmigo. -Trevor estaba de pie a su lado-. Tengo que hablar contigo.
– ¿Por qué debería…? -Se interrumpió cuando vio la expresión de Trevor, se levantó y lo siguió hasta la cabina del piloto-. ¿Problemas?
– Tal vez. -Tenía los labios apretados-. Acabo de recibir una llamada de Venable. Dijo una frase y colgó-: «Lo siento, ya la advertí.»
– ¿Qué se supone que…?
– Llama a Eve -dijo-. Ahora. Comprueba si sabe algo.
Jane marcó el número.
– Eve, soy Jane. Ha ocurrido algo extraño…
– Cuelga -dijo Eve con sequedad-. Y sal de ahí. Joe acaba de averiguar que el Departamento de Seguridad Nacional se ha hecho cargo y han quitado a la CIA de en medio. Han planeado coger a todos los que estáis en la Pista de MacDuff, interrogaros y llevar a cabo su propia investigación.
– ¡Joder!, no pueden hacerlo. Eso pondría sobre aviso a Grozak y nos ataría de manos.
– Es lo que va a ocurrir. John Logan intentó convencerlos de que no lo hicieran, pero realizó su labor de espolearlos demasiado bien. Les ha entrado el pánico de parecer los malos, si no realizan alguna acción. Apaga el teléfono. Tenemos la línea intervenida y rastrearán tu llamada.
– Bueno. Entonces se darán cuenta de que ya no estamos en la Pista de MacDuff. No tendría sentido que entraran en tromba en el castillo con la intención de detenernos.
– De deteneros no, sólo pregunta…
– Para el caso es lo mismo. Nos atarán de manos. Y no podemos permitirnos eso en este momento. Tenemos una oportunidad, Eve. -Echó un vistazo a Trevor-. Voy a colgar y hacer que Trevor te llame. Así podrán rastrear su llamada y ver que tampoco está en la Pista. Intenta ponerte en contacto con alguien del Departamento de Seguridad Nacional y decirle que lo van a joder todo por nada.
– Ya te han oído decírselo -dijo Eve-. Y haré que John se lo explique de la manera que mejor lo pueden entender: que una metedura de pata monumental los situará derechitos en la línea de fuego política. Eso puede que los mantenga alejados de la Pista, aunque no confío en que les impida intentar encontraros. Cuídate. -Y colgó.
– Llámala -le dijo Jane a Trevor-. El Departamento de Seguridad Nacional se ha hecho cargo del asunto y ha intervenido su línea. Tenemos que intentar mantenerlos lejos de la Pista de MacDuff.
Trevor asintió y marcó el número en su teléfono. Jane se apoyó contra la pared y le escuchó hablar con Eve unos minutos antes de que colgara.
– Eso debería bastar. Vuelvo enseguida.
– ¿Adónde vas?
– A hacer que MacDuff llame a sus amigos del gobierno en Londres y les haga poner todo tipo de obstáculos que mantengan al Departamento de Seguridad Nacional lejos de la Pista. Tendrían que tener un permiso especial para actual en suelo extranjero, y no tienen ninguna prueba concreta de la comisión de un delito. El gobierno británico no se va a sentir inclinado a creer nada malo sobre MacDuff.