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Muere. Deja de luchar. Te va a estallar el corazón. No tardará en detenerse. Quieres que se pare.

Reilly quería que se parase. Y Jock no quería hacer nada de lo que Reilly quería que hiciese. Aquel camino conducía a la culpa.

Que no te entre el pánico. Piensa en detener el dolor. Acompasa los latidos. Muere. ¡Que te jodan!

– Jock. -MacDuff le estaba sacudiendo del hombro-. Respóndeme. ¡Maldita sea!, Jane me dijo que estabas bien. Jamás debería haberte…

Jock abrió los ojos lentamente.

– No es eso… No voy a morir.

MacDuff suspiró aliviado.

– Todo el mundo muere. -Alborotó el pelo rubio del muchacho-. Pero a ti te queda mucho camino que recorrer.

– No lo creo. Reilly no quería… -Su expresión rebosaba preocupación-. Pero no importa lo que él quiera, ¿no es así? Puedo hacer cualquier cosa.

– No puedes tirarte de los edificios de un salto. -MacDuff carraspeó-. Pero, sí, cualquier cosa dentro de lo razonable.

– Él sigue ahí, esperándome. Pero no me puede hacer daño, si yo no se lo permito.

– Eso es lo que he estado intentando decirte.

– Sí. -Volvió la cabeza sobre la almohada-. Quiero volver a dormir. Estoy cansado… Él no se detenía nunca. Pero no me rendí a él.

– Eso está bien. -MacDuff hizo una pausa-. ¿Me puedes decir dónde encontrarlo?

– Todavía no. Puedo ver imágenes, pero sin relación. Y puede que no siga allí. No paraba de ir de un lado para otro.

– ¿En Idaho?

Jock asintió con la cabeza.

– No paro de pensar en que es en Idaho.

– ¿Dónde?

Jock guardó silencio durante un instante.

– Cerca de Boise.

– ¿Estás seguro?

– No. A veces Reilly podía proporcionarme recuerdos de cosas que no habían sucedido jamás. Pero yo estaba trabajando en una tienda de equipamientos en una estación de esquí cerca de allí la primera vez que lo vi. Él me ofreció un trabajo, y fuimos a tomar una copa a un bar de la ciudad. Después de la tercera copa perdí el conocimiento. Al menos supongo que lo perdí. Después de eso fui completamente de Reilly.

– ¿En qué estación de esquí?

Jock guardó silencio durante un instante.

– En Powder Mountain.

– ¿Y el nombre del bar?

– Harrigan's. -Jock arrugó la frente-. Pero ya se lo dije, a veces no puedo estar seguro de lo que era real y lo que era…

– Lo comprobaré. -MacDuff se levantó-. Te lo haré saber. Sólo sigue intentando recordar.

– No puedo hacer otra cosa. -Jock sonrió sin alegría-. No puedo desconectar. Todo gira y gira sin cesar, con Reilly en el centro.

– Necesitamos saber todo lo que podamos sobre él.

– Lo intentaré. Pero hay demasiadas cosas que se interponen en el camino. Obstáculos…

– Salta por encima de ellos. -MacDuff se apartó-. Puedes hacerlo.

– Lo sé -dijo Jock en voz baja-. Pero tal vez no a tiempo.

Hacía una semana MacDuff no habría apostado con que ocurriera tal cosa en absoluto. Pero el que Jock pudiera al menos sopesar las consecuencias lo animaba y llenaba de júbilo, y el chico estaba más normal de lo que lo había visto desde que lo conociera siendo un niño.

– Tonterías. Tengo fe en ti.

– ¿De verdad?

– ¿Habría pasado por todo hemos pasado juntos, si no la tuviera? -Sonrió al chico por encima del hombro-. Haz tu trabajo. Haz que me sienta orgulloso de ti, muchacho.

– Es demasiado tarde para eso. Pero haré mi trabajo. -Cerró los ojos-. Puede que me lleve algún tiempo.

– Te daremos tu tiempo.

– Bien. Él sigue interponiéndose. No puedo ver…

– Lo harás. Sólo deja que llegue.

* * *

Capítulo 18

– ¿Y bien? -preguntó Trevor cuando MacDuff salía de la habitación-. ¿Sabemos dónde está Reilly?

– Tal vez. Sigue inclinándose por Idaho. ¿Dónde está Jane?

– En la cocina, con Mario. ¿En qué parte de Idaho?

– No está seguro. -MacDuff se dirigió a la cocina-. Cerca de Boise. No voy a pasar por esto dos veces. Quiero asegurarme de que todos saben que no quiero que se acose a Jock.

– ¿Puedo señalar que fue usted quién hizo que se volviera chalado?

– Con la ayuda de Jane.

– Ella le está brindando una ayuda considerable. Vi esas marcas en su cuello.

– ¿Y se quejó?

– Dijo que merecían la pena. No estoy de acuerdo.

– Lo estaría, si hubiera visto a Jock ahora mismo. Está saliendo de la niebla.

– Me alegro por él. Sigue sin merecer la pena. -Trevor lo precedió a la cocina, donde Jane y Mario estaban sentados a la mesa-. MacDuff dice que Jock se está centrando en Boise como una localización posible.

– ¿De verdad? -El cuerpo de Mario se tensó con el entusiasmo-. ¿Dónde, exactamente?

– No está seguro. No puede esperar que lo recuerde todo de inmediato.

– ¿No puede hablar con él, presionarlo?

– No. Está haciendo todo lo que puede. No quiero que tenga una recaída.

– ¿Cómo se encuentra? -preguntó Jane.

– Titubeante. Como un bebé que diera sus primeros pasos. -MacDuff sonrió-. Y tan cerca de la normalidad, que parece absolutamente increíble.

– Entonces debería poder decirnos algo pronto -dijo Mario.

– Echa el freno -dijo Trevor-. Eso es lo que queremos todos.

– ¿Cuánto tiempo? -preguntó Jane.

MacDuff se encogió de hombros.

– Lo que haga falta.

– Eso no es aceptable. -Mario arrugó la frente-. ¿Y si Grozak y Reilly averiguan lo que estamos haciendo? Y aunque no lo hagan, sólo queda una semana. Grozak podría cerrar el…

– No lo voy a presionar -dijo MacDuff-. Y tampoco ninguno de ustedes.

– No quiero hacerle daño, pero tienen que… -Mario levantó las manos en un gesto de frustración cuando se encontró con la mirada de MacDuff-. No importa. -Salió de la cocina dando grandes zancadas.

– Tiene razón -dijo Trevor-. No podemos quedarnos jugueteando con los pulgares y esperar a que el tiempo cure a Jock.

– Ya veremos. Tenemos que llegar a un compromiso. -MacDuff fue hasta la encimera y se sirvió una taza de café-. No voy a destruir a Jock, porque Mario quiera su venganza para ayer. Podemos permitirnos un par de días. Ocurrirá.

– Y no queremos que Mario se ponga a trabajar por su cuenta y haga saltar por los aires la poca cobertura que tenemos -dijo Trevor.

– No hará eso. -Jane se levantó-. Hablaré con él.

– Por supuesto -dijo MacDuff-. Cójale de la mano. No estoy por la labor de hacerlo yo. -Echó una ojeada a Trevor-. Y no creo que Trevor esté de humor para hacerlo.

– Al menos no voy a tener que preocuparme de que Mario le quite la vida estrangulándola -dijo Trevor-. Es un avance con respecto a la manera en que metiste la cabeza en la jaula del león con Jock. -Echó un vistazo a Jane-. Podría hacerlo yo, si no quieres tratar con él.

– Ninguno de los dos se acuerda de que Mario también está sufriendo. -Jane se dirigió a la puerta-. Todo lo que quiere saber es si se vislumbra algún final.

Trevor levantó las cejas.

– Eso es lo que queremos saber todos.

– ¿Te han enviado en una misión diplomática o como maestra para darme una palmada en las manos? -preguntó Mario-. No me arrepiento. Estaba diciendo la verdad.

– No me ha enviado nadie -dijo Jane-. Y se te debería permitir decir lo que se te pase por las mientes. -Hizo una pausa-. Aunque no antes de que pienses lo que vas a decir. Mi primer impulso fue el mismo que el tuyo. Jock podría ser el único medio para detener esto. Sólo una pocas palabras, y quizá pudiera conducirnos a ellos.

– Entonces, díselo a Trevor y a MacDuff.

– Lo haré. Pero no hasta que le demos su oportunidad a Jock. No somos unos salvajes. No queremos destruir una mente, si podemos salvarla dejando que Jock encuentre su propio camino de regreso. -Le mantuvo la mirada-. ¿Verdad que no lo somos, Mario?