Выбрать главу

El resto de la noche transcurrió con normalidad. Ni siquiera me di cuenta del momento en que se marcharon la nueva representante del rey y el señor Carmichael. Llegó entonces la hora de cerrar y de preparar mis mesas para cuando Terry Bellefleur llegara a limpiar por la mañana. Cuando miré a mi alrededor, todo el mundo se había ido excepto Sam y yo.

– ¿Has acabado ya? -me preguntó Sam.

– Sí -le respondí, después de echar un último vistazo.

– ¿Tienes un minuto?

Yo siempre tenía un minuto para Sam.

Capítulo 16

Se sentó en la silla detrás de su mesa de despacho y se echó hacia atrás hasta adoptar su habitual y peligroso ángulo de inclinación. Yo me senté en una de las sillas de delante de la mesa, la que tenía el asiento mejor acolchado. Estaban apagadas prácticamente todas las luces del edificio, excepto la que permanecía siempre encendida en la zona del bar y la del despacho de Sam. El edificio resonaba silencio después de la cacofonía de voces, la música y los sonidos de la cocina, el lavaplatos y los pasos.

– Esa tal Sandy Sechrest -dijo-. Ocupa un puesto completamente nuevo.

– ¿Sí? ¿Qué se supone que tiene que hacer el representante del rey?

– Por lo que he entendido, viajará por el estado constantemente, controlando si a los ciudadanos les surgen problemas con los vampiros, supervisando si los sheriffs lo tienen todo en orden y bajo control en sus propios feudos e informando con todo detalle al rey. Es una especie de mediadora de problemas de los no muertos.

– Oh. -Reflexioné sobre el asunto. No me parecía que ese puesto restara poder al de Eric. Si Eric seguía bien, los suyos estarían bien. Aparte de eso, me daba lo mismo lo que hicieran los vampiros-. Y ha decidido hablar contigo porque…

– Porque tenía entendido que yo tenía relaciones en la comunidad regional de seres sobrenaturales -dijo secamente Sam-. Quería que estuviese al corriente de que está disponible para consulta en el caso de que «surjan problemas». Me ha dado su tarjeta. -Me la mostró. No sé si esperaba que gotease sangre o algo por el estilo, pero vi que era una tarjeta normal y corriente.

– Muy bien. -Me encogí de hombros.

– ¿Qué querían Claudine y su hermano? -preguntó Sam.

Me sentía mal por esconderle a Sam lo de mi nuevo bisabuelo, pero Niall me había dicho que lo mantuviese en secreto.

– No tenía noticias mías desde la contienda de Shreveport -dije-. Simplemente quería ver si todo iba bien y se trajo a Claude con ella.

Sam me miró un poco de reojo pero no hizo más comentarios sobre el tema.

– Tal vez -dijo transcurrido un minuto- estemos empezando una época larga de paz. Tal vez podamos dedicarnos simplemente a trabajar en el bar sin que ocurra nada en la comunidad de los seres sobrenaturales. Así lo espero, pues cada vez está más cerca el momento en que los hombres lobo hagan pública su existencia.

– ¿Crees que será pronto? -No tenía ni idea de cómo reaccionaría Estados Unidos a la noticia de que los vampiros no eran lo único que andaba rondando por ahí por las noches-. ¿Crees que todos los demás cambiantes lo anunciarán el mismo día?

– Tendrán que hacerlo -dijo Sam-. En nuestra página web hablamos del tema.

Sam tenía una vida desconocida para mí. Aquello encendió una idea en mi cabeza. Dudé un instante, pero me lancé. Mi propia vida estaba llena de interrogantes. Quería responder al menos algunos de ellos.

– ¿Cómo fue que te instalaste aquí? -le pregunté.

– Había estado en la zona -dijo-. Estuve cuatro años en el ejército.

– ¿De verdad? -Me costaba creer no haberme enterado antes de aquello.

– Sí -dijo-. No sabía qué quería hacer en la vida, de modo que me alisté a los dieciocho años. Mi madre lloró y mi padre maldijo, pues había sido aceptado en la universidad, pero yo ya había tomado mi decisión. Debía de ser el adolescente más tozudo del planeta.

– ¿Dónde te criaste?

– En parte en Wright, Texas -dijo-. En las afueras de Fort Worth. Muy en las afueras de Fort Worth. No era más grande que lo que es hoy Bon Temps. Pero durante toda mi infancia estuvimos dando vueltas, pues mi padre estaba también en el ejército. Lo dejó cuando yo cumplí los catorce. La familia de mi madre estaba en Wright, y por eso nos fuimos allí.

– ¿Te resultó duro instalarte en un lugar fijo después de tanto ir de un lado a otro? -Yo sólo había vivido en Bon Temps.

– Fue estupendo -dijo-. Yo estaba más que dispuesto a quedarme en un lugar fijo. Pero no había pensado en lo complicado que sería encontrar mi espacio dentro de un grupo de chicos que se habían criado juntos. Me las apañé, no obstante. Jugaba al béisbol y a baloncesto, de modo que acabé encontrando mi lugar. Después me alisté en el ejército. Imagínate.

Estaba fascinada.

– ¿Y siguen en Wright tu madre y tu padre? -pregunté-. El debió de pasarlo mal en el ejército, siendo un cambiante. -Sam era un cambiante, y sabía sin necesidad de que él me lo explicara que era el primogénito de una pareja de cambiantes de pura sangre.

– Sí, las noches de luna llena eran un caos. Había una bebida a base de hierbas que su abuela irlandesa solía preparar. Aprendió a prepararla también. Era lo más asqueroso que puedas llegar a imaginarte, pero la bebía las noches de luna llena que estaba de servicio y podían verle durante la noche, y eso le ayudaba a mantenerse… Pero al día siguiente no había quién lo aguantara. Mi padre murió hace seis años, me dejó un buen dinero. Siempre me gustó esta zona, y este bar estaba en venta. Me pareció una buena manera de invertir el dinero.

– ¿Y tu madre?

– Continúa en Wright. Volvió a casarse dos años después de que muriese mi padre. Con un buen tipo. Alguien normal. -Ni cambiante ni sobrenatural de ningún tipo-. De modo que puedo intimar con él sólo con limitaciones -dijo Sam.

– Tu madre es de pura sangre. Seguro que él sospecha algo.

– Está obstinadamente ciego, creo. Le dice que tiene su noche de salida, o que va a ver a su hermana en Waco, o que viene a visitarme, o cualquier otra excusa.

– Tiene que ser complicado mantener el engaño.

– Es algo que yo nunca intentaría hacer. Cuando estaba en el ejército, estuve a punto de casarme con una chica normal. Pero me di cuenta de que eso sería incompatible con mantener un secreto tan grande como éste. Tener alguien con quien hablar del tema, Sookie, me salva de la locura. -Me sonrió y aprecié de verdad la confianza que estaba demostrándome-. Si los hombres lobo hacen pública su existencia, todos lo haremos. Será como quitarme un gran peso de encima.

Ambos sabíamos que surgirían nuevos problemas a los que enfrentarse, pero no había ninguna necesidad ahora de hablar de futuros conflictos. Los problemas siempre llegan solos.

– ¿Tienes hermanos o hermanas? -le pregunté.

– Uno de cada. Mi hermana está casada y tiene dos niños, y mi hermano sigue soltero. Es un gran chico. -Sam sonreía y su rostro estaba más relajado que nunca-. Craig se casará en primavera, dice -prosiguió-. A lo mejor podrías venir a la boda conmigo.

Me quedé tan sorprendida que no supe qué decir. Me sentía adulada y complacida a la vez.

– Suena divertido. Dímelo cuando sepas la fecha-dije. Sam y yo habíamos salido una vez y había sido muy agradable; fue, sin embargo, cuando tenía tantos problemas con Bill y la velada nunca había vuelto a repetirse.

Sam asintió tranquilamente y la pequeña oleada de tensión que había recorrido mi cuerpo se evaporó. Al fin y al cabo, era Sam, mi jefe y, pensándolo bien, también uno de mis mejores amigos. A esta última categoría había ascendido durante el año pasado. Me levanté. Cogí el bolso y me puse la chaqueta.