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Se preguntó si el ama de llaves sabría si había alguna posibilidad de que el Sr. Kilbane le prestara el coche, cuando el sonido de alguien que se acercaba interrumpió su línea de pensamientos.

Como ella se volvió hacia la dirección desde la que venían los pasos, pensó que debía estar con alucinaciones. Vio a Ryden vestido con un traje gris con un maletín en la mano como si acabara de salir de la oficina. Esa visión le causó un shock, ya que pensaba que nunca mas lo encontraría. Las emociones se mezclaron, pero su corazón se desbordó de alegría.

Jennifer estaba tan feliz con esta repentina llegada que no se dio cuenta de la mirada que la señora Kilbane le dirigió cuando se volvió a devolverle el libro, que con el susto, había dejado caer al suelo.

Si su amable anfitriona tenía alguna duda sobre los sentimientos que su huésped tenía para su hijo mayor, y viceversa, ahora la había perdido. Se dirigió a Jennifer con una expresión traviesa en su rostro.

– Pocas veces Ryden llega a casa la noche del lunes. Creo que tiene algo que ver con el hecho de que estás aquí, ¿eh?

Jennifer estaba tan angustiada que no oyó la pregunta. Cara a cara con Ryden, después de haber pasado el día pensando en él, la hizo olvidar incluso el dolor que sintió la última vez que hablaron. Por un momento llegó a creer que la sospecha de la Sra. Kilbane tenía fundamento y cuando se paró cerca de ellas, no pudo evitar una sonrisa llena de ternura. Sus ojos verdes continuaron brillando cuando lo saludó pensando que su corazón iba a explotar, cuando la miró durante unos segundos que parecieron horas.

Antes de que Jennifer se pudiese rehacer de la conmoción y consiguiese hablar, Ryden se dirigió a su madre de una manera casuaclass="underline"

– ¿Dónde está Noel?

– ¿Noel? – Se Sorprendió Sra. Kilbane.

– ¿No volvió a casa?

Ella negó con un movimiento de cabeza.

– ¿Debería estar de vuelta?

– Bueno – Ryden se mostró desconcertado – es que salió de la oficina antes y el pensé…

Todo lo que hubiese imaginado, Jennifer no quería saberlo. Al escuchar esas palabras fue como si recibiera una corriente de agua fría sobre sus fantasías. La sonrisa desapareció cuando se dio cuenta de su propia ingenuidad. Era una completa por pensar que Ryden cambiando sus hábitos a causa de ella. Era por cauasa de Noel por lo que había regresado, con el único propósito de asegurarse de que su adorado hermano pequeño no volviese a caer en las garras de la que consideraba la más baja de las criaturas, cuando volvió en sí, la señora Kilbane comentó.

– Sólo nosotros cenaremos a las siete y media. ¿Quién sabe si Noel llegara?

Jennifer pensó que el momento sería propicio para dar a Ryden la impresión de que aquella sonrisa de bienvenida había sido dirigida por consideración absoluta a su madre. Ella lo miró con frialdad.

– Habida cuenta de que Noel no advirtió que venía, puede ser que tenga una reunión con cualquier persona en cualquier otro lugar. – Dijo Ryden.

La cena no fue muy agradable para Jennifer. Cada vez se hizo más difícil de disimular la decepción de constatar que Ryden, aun tomándola por otra persona, ni siquiera la había aceptado como una cuñada. Después de todo, él había tenido tiempo suficiente para conocerla y descubrir por si mismo que no pertenecía a la misma categoría de las mujeres, como los Gypsy.

Hizo su mejor sonrisa y charla durante la comida para que nadie se diera cuenta de los tiempos difíciles que pasaba. Sin embargo, una vez que la cena terminó, se sintió impotente para seguir representando, como lo había hecho la noche anterior.

Antes de que pudiera comunicar la decisión de retirarse, oyó a la dueña de la casa diciendo que ella y su marido estaban siguiendo una serie en la televisión y que, para no molestar a los demás la verían en la sala de la chimenea.

Al darse cuenta de la intención de la gentil dama, de jugar a cupido, pues era obvio que no sería tan desconsiderada como para imponerles su compañía, Jennifer estaba agradecida. Sin embargo, sabía que no iba a ser un buen intento.

Sonrió avergonzada y les deseó un buen programa. Estaba convencida que Ryden también se había dado cuenta del propósito de su madre, trató de no pasar demasiado tiempo a solas con él, esperando apenas que saliesen para levantarse.

Se dirigió a la puerta sin decir buenas noches. Pero como caminaba muy lentamente, cuando llegó a la puerta, Ryden ya la había abierto. Cojeando por delante de él y continuó hacia la escalera, al darse cuenta de que estaba siendo seguida.

Trató de hacerle morder el anzuelo:

– Mi hermano no llegó a tiempo para la cena.

– Me di cuenta.

La mirada de Ryden fue la única pista de Jennifer para entender cómo se había decepcionado con su lacónica respuesta.

– Eso significa que estás segura.

– ¿Cómo es eso?

Aunque decepcionado con la reacción pasiva de ella, Ryden dijo:

– Podría haber ido a buscar a alguien.

– Entonces, buena suerte para él. – Como sabía exactamente dónde y con quién estaba Noel, Jennifer sonrió.

Ryden estaba molesto con esta actitud indiferente, demostrada por la forma en presionaba los maxilares. Jennifer notaba que en cualquier momento se enervaría otra vez, y decidió subir a su cuarto. Sin embargo, él la sujetó por el brazo.

Viéndose obligada a detenerse, se volvió impaciente.

– Parece que no tienes suerte, ¿verdad? – Comenzó él. – El plan para ganarte al accionista mayoritario, se fue cuesta abajo… – Jennifer intentó soltarse y la mantuvo con más fuerza. – Y perdió la oportunidad de contentarse con el gerente de ventas.

Jennifer hizo lo posible para mantener la calma y respondió con cinismo:

– En ese caso, será mejor irme a casa. ¿No crees?

Al oír estas palabras, Ryden se puso furioso, la lanzó con brutalidad y se volvió. Antes de salir, sin embargo, agregó:

– No vas a ningún lugar sin mi permiso, señorita Cavendish.

En el silencio de la noche mientras todos dormían, Jennifer rodó en la cama, tratando de entender la reacción de Ryden al afirmar que ella no iría a ninguna parte sin permiso. Concluyó que no estaba muy seguro de que había perdido la oportunidad de arreglarse con Noel. De lo contrario, teniendo en cuenta que estaba visiblemente recuperada y ya no necesitaba a alguien para llevarla, ¿qué otro motivo tenía para mantenerla en Broadhurst Hall? Sólo podía ser para vigilar la relación con su hermano.

Desesperada por darse cuenta de que el odio por Ryden pronto desapareció, Jennifer decidió que necesitaba encontrar una salida de esta casa tan pronto como fuera posible. De lo contrario, aquel amor le traería aún más problemas.

Cuando, una hora y media más tarde, oyó el sonido de un coche, pensó que había encontrado la respuesta. Era Noel – dedujo. Ella le oyó entrar y subir las escaleras. Cuando pasó por la puerta del dormitorio, ya había planeado todo en su mente.

Sabía que los hermanos que saldrían temprano a la mañana siguiente y que irían a Londres. Cuando amaneció un mal día, ya estaba vestida y atenta al sonido de cada paso.

Escuchó pasar a Ryden, pero él no era a quien esperaba. Diez minutos más tarde, otra persona, de quien no reconocía los pasos con tanta facilidad, se dirigió a las escaleras. Cuando por fin llegó a la conclusión de que era Noel, salió de la habitación, pero tenía que apoyarse en la barandilla porque ya estaba casi abajo.

– Noel! – Y le susurró, al ver que el no se volvía, trató de bajar tan rápido como pudo.

Dio gracias a Dios cuando la segunda vez que lo llamó, lo vio subir a su encuentro.

Pensando que la razón de la llamada urgente era otra, comenzó a disculparse.

– Traté de estar a solas contigo el domingo, pero Ry no me dio un minuto libre. No es que él tubiera mucho que contar acerca de la conversación en la biblioteca. No me dejó que me alabara las cualidades de Gypsy y no creía que ella había hablado sin pensar en la discusión de ese día.