Выбрать главу

Jennifer quedó sin aliento y se tuvo que pellizcar para asegurarse de que no soñaba.

De pronto empezó a ver y se di cuenta de que Ryden esperaba tenso una respuesta.

– Me quiero casar contigo!

Ryden no la dejó terminar, la abrazó con fuerza y suspiró.

– ¡Oh, Dios! No quiero volver a pasar por esto. – Cómo no creía lo que acababa de oír, la separó para poder mirarla. ¿Dijiste que aceptas? ¿Cásarte conmigo?

– ¡Oh, sí, querido.

– ¿Incluso después de lo que hice, todavía me amas?

– ¿Y tú?

– Te amo tanto que voy a enloquecer!

Ella sonrió con alivio, antes de que se besasen con ternura. – Te amo demasiado, querido – murmuró, sintiendo sus labios acariciando su rostro.

Cada beso, cada caricia, apareció para aliviar la soledad que lleva dentro de sí, y cuando se miraron de nuevo, el dolor de los momentos angustiosos ya no existía.

– Si estoy soñando, no me dejes despertar, Ryden.

– ¿Pasaste por los mismos momentos de duda que yo, mi amor?

– Siempre te amé, pero pensé que me odiabas.

Ryden la besó suavemente los párpados y apretó contra su pecho como si quisiera protegerla.

– Nunca más te hará sufrir, Jennifer.

– Fuiste muy cruel…

– No me lo recuerdes, por favor. En realidad, creo que me lastimaba mí mismo.

– Te pusiste furioso cuando dije que no vivía con ninguna amiga.

– Yo estaba descontento por no haber sido capaz de dejarte sola, aunque consideraba que esto era lo que merecías.

Jennifer suspiró y le dio otro beso.

– Te llevé a casa, decidido a ponerte en la calle en caso de que hicieras daño mis padres. Entonces te convertiste en un enigma para mí.

– ¿Por qué no fui cruel con ellos?

– Fuiste perfecta con ellos. Podría haberme ahorrado la molestia de tratar de entenderte si hubiese sabido que estabas actuando de forma natural, no eras más tu misma. No es de extrañar que estuvieran encantados con mi dulce Jennifer.

– Creo que tu madre ya sabe que estoy enamorado de ti – Jennifer admitió un poco avergonzada.

– ¿Ya lo sabe?!

– Se dio cuenta de mi alegría al verte regresar de forma inesperada, el lunes.

– Al ver que me saludabas con una sonrisa, pensé que era amor, no sabes lo feliz que era. La esperanza se apoderó de mí.

– Cuéntamelo todo, Ryden.

– A partir de ese día, pensé que había una oportunidad para conquistarte, pero tenía miedo de hacerse daño a Noel. Sin embargo, todo se puso peor para mí esa noche. Estaba tan confundido al ver que ignorabas mi presencia.

– Me acuerdo cuando dijiste que no me dejabas salir sin tu permiso de Broadhurst.

– Por eso me contrarié, cuando volví a la noche siguiente, ya habías partido.

– Me has llamado dos veces después de eso, Ryden.

– Me gustaría no haberlo hecho. Casi me volvió loco imaginándote en la cama con mi hermano. Decidí que la única forma era seguir el consejo que le di a Noel era sacarte de mi cabeza. Sólo que no era tan fácil.

– Fue mi culpa por haber llamado para saber del coche.

– Incluso sin una llamada, me acechabas día y noche, y yo apenas podía dormir. Comencé a estar intrigado cuando Noel fue a tu casa al día siguiente y él demostró que no la conocía tan bien como debería.

– Ah, entonces notaste su metedura de pata cuando me preguntó por el azúcar en el café?

Ryden sonrió.

– Lo disfrazaste muy bien, pero se me quitaba de la cabeza, empecé a considerar este y otros hechos que no encajaban. Me pregunté si Noel frecuentaba tanto tu casa que no se dio cuenta de que no tenías nevera.

– Ciertamente, si pensabas que yo era Gypsy, ya le habría pedido una.

– Por supuesto. Pasé el fin de semana recordando los pequeños detalles. El hecho de que Noel me había contado que vivías en un apartamento con una amiga, contradice lo que había constatado: Vivíaa sola en una casa de campo.

– ¿Conseguiste encontrar la explicación?

– No, me tenía que asegurar para no hacer estas preguntas a Noel.

– En su lugar, tuviste la feliz idea de llamar a Laffard?

– Así es. Sólo que nunca paso por mi cabeza escuchar lo que escuché. Básicamente, llame porque te echaba de menos y quería sentirme cerca de ti. Imagínate lo que me sorprendió el saber que había sido engañado…

– Estabas furioso?

– Furioso? Yo estaba perplejo por lo que tuve la presencia de ánimo para pedirle al Sr. Beckwith que no dijese nada acerca de la llamada, diciendo que podrías verte alterada si sabías que te había confundido con otra persona. Cuando colgó, aún me quedé por algún tiempo con el teléfono en la mano, estupefacto.

– ¿Qué hiciste entonces?

– Yo estaba feliz con la posibilidad de que no fuers la novia de Noel y al mismo tiempo enojado con ustedes dos. Entonces decidí volver a pensar en toda la historia.

– ¿A qué conclusión llegaste?

– Pensé que la única salida era enfrentarlos a los dos, no queriendo ser engañado de nuevo. No podía creer que amases a Noel, después de comprobar por dos veces la atracción que sentíamos el uno por el otro y recordar la forma en que me miraste aquel día en el jardín.

Jennifer levantó el rostro y se besaron. Esta vez, con pasión, para saciar la sed de amor, tanto tiempo reprimida. Empezaron a desearse y Ryden se alejó, tratando de calmar los ánimos.

– Creo que aún no estás totalmente recuperada para tal espectáculo en el coche.

– Es tu culpa. – Ella se echó a reír.

– Parece que he escuchado esto antes… ¿Estás lista para decirme lo que mi hermano significa para ti?

– Espero que se convierta en mi hermano, pero por el momento, es sólo alguien que conocí un lunes, y ese día iba a viajar a París para asistir a una feria de informática.

– ¿No conocías a Noel hasta entonces?

– Yo nunca lo había visto antes.

– Esto fue después de que Gypsy se negó a casarse con él, ¿no?

– En realidad, fue poco después. Lo encontré en el coche, después de ahogar sus penas en una botella de whisky en la carretera. Por desgracia, fue un poco descuidado y destruyó todo el jardín de la plaza Stanton Verney.

– Recuerdo a mi padre diciendo que había leído algo en el periódico al respecto.

– Esa mañana salí temprano para correr y vi lo que había sucedido. Para ser honesta, casi lo dejó allí.

– ¿Y por qué no lo dejaste?

– Tuve un ejemplo de solidaridad el viernes anterior, cuando mi coche se averió y, por otra parte, Noel no estaba en condiciones de conducir. Decidí que lo llevaría a mi casa hasta que se recuperara.

– Él se había quedado dormido?

– Estaba, y había una botella de whisky vacía en el asiento del pasajero. Cuando recobró el conocimiento, me explicó la discusión que tuvo con Gypsy y yo debo haberle mencionado mis días de vacaciones, gasté mis ahorros para reparar el coche, estas cosas…

– Continúa, por favor.

– Fue entonces cuando Noel me propuso que pasara unos días en el apartamento en Londres, pero me negé. Cuando salió, encontré las llaves acompañada de una nota pidiéndome que aceptara. Dos días después, cambié de idea y decidí utilizarlo.

– ¡Dios mío! Pensar que fuiste generosa con mi hermano y yo traté de ponerte en la calle…

– No podías adivinar, Ryden – Jennifer dijo, con simpatía.

– Debería haber sido menos cabeza dura, haberte dejado que me lo contases.

– Fui yo quien debería insistir… Yo ya había decidido hacerlo en Broadhurst, cuando descubrí que me había enamorado de ti. Pensaba contártelo todo cuando llegases del paseo con tu padre. Sin embargo, cuando regresaste, Noel ya estaba allí.

– ¿Qué te impidió contarme toda la verdad?

– Al principio, quiso aclarar el error. Sin embargo, había telefoneado a Gypsy desde París y tenían una cita. Al saber cómo me trataste a mí cuando pensabas que era ella tenía miedo de que lo arruinarías todo. Le había prometido que le guardaría el secreto cuando llegaste con tu padre.