Él la había seguido, había permitido que se quedaran prácticamente solos y casi había sucumbido al fuerte y momentáneo deseo de besarla. No se trataba de un simple beso, se recordó Darcy, notando un escalofrío por la espalda, sino un beso que tenía como condición la negación de verdades que él había sostenido toda su vida.
El recuerdo del encuentro en la galería y de la manera abierta en que lady Sylvanie había desafiado al Cielo arrancó finalmente a Darcy de las finas redes de su encantamiento y le abrió los ojos a la peligrosa tormenta que yacía escondida tras los ojos grises de hada de la dama. Un solo abrazo, un momento debilidad al rendirse a las exigencias de la pasión, y él habría puesto su familia, su fortuna y su futuro mismo en las manos de ella.
Apoyó la palma de la mano contra el frío cristal de la ventana y saboreó la sensación ardiente del hielo, mientras veía caer la nieve cada vez más rápido Sería imposible viajar al día siguiente, independientemente de lo mucho que deseara huir de aquella situación. No sólo había fracasado en su propósito al venir al castillo de Norwycke, sino que las circunstancias que había encontrado le habían servido para endurecer su opinión sobre la imposibilidad de encontrar una mujer que pudiera sacar a la otra de su mente. Fletcher tenía razón. Aunque ella sólo estaba presente en su mente, la sombra de Elizabeth Bennet había eclipsado las estrellas que la alta sociedad le había ofrecido, ya fuera en los salones de los poderosos en Londres o entre sus viejos conocidos en el campo. Darcy no podía evitar comparar a todas las mujeres con Elizabeth y la ingenua bondad de su carácter, y siempre salía vencedora. Esta involuntaria atracción, que se estaba convirtiendo en una obsesión sobre la cual su autocontrol no podía tener dominio duradero, parecía una de esas crueldades divinas de las que lady Sylvanie había hablado. ¿Qué esperanza le quedaba, excepto sacrificarlo todo para obtener lo que su corazón imprudente y traidor quería? ¿Podría hacerlo? O después de haberlo hecho, ¿se arrepentiría por haber perdido todo lo demás que valoraba? ¿O acaso debería seguir firme en su propósito, mantenerse dentro de los límites que marcaban su linaje y su educación y esquivar el amor y el cariño para casarse pensando solamente en su apellido? Si no lo hacía por él mismo, ¿no debería hacerlo por sus hijos y sus descendientes?
Una de las cartas resbaló de su mano. Agotado, Darcy se agachó y la recogió, luego se sentó de nuevo en la silla que Fletcher le había acercado y levantó la carta de Georgiana hacia la luz. Deseó que todo estuviera en orden, al menos en lo concerniente a su hermana.
15 de enero de 1812
Erewile House
Grosvenor Square
Londres
Querido Fitzwilliam, Te escribo para asegurarte que estoy bien y tan contenta como puedo estar sin tu compañía, mi querido hermano. Tu amigo lord Brougham vino a visitarme ayer para asegurarse de que no estuviera languideciendo de soledad y para cumplir con el encargo que le hiciste, según dice él, de velar por mi bienestar. Nuestros tíos estaban de visita cuando él llegó y quedaron encantados con él. Teniendo en cuenta que es un amigo tuyo tan especial, le dieron permiso para acompañarme junto con el primo Richard cada vez que ellos estén ocupados en sus propios asuntos. Me avergüenza confesar que tenías mucha razón acerca de lord Brougham y que, de nuevo, has hecho una buena elección. Lord Brougham no es tan superficial como pensé al principio. Hemos hablado de manera seria sobre innumerables temas y él ha prometido llevarme a conferencias y conciertos privados a los cuales yo nunca había soñado con tener el privilegio de asistir. Se preocupa tanto por mi felicidad y tiene tantos planes para ampliar los horizontes de mi mente que me siento casi como si estuvieras conmigo, hermano.
Espero que estés disfrutando de tu estancia en el castillo de Norwycke y que lord Sayre y sus invitados sean el tipo de compañía estimulante que te gusta. Pero, querido Fitzwilliam, como soy demasiado egoísta, la verdad es que deseo que tu visita no haya resultado tan agradable, para que no quieras alargarla mucho más allá de la fecha que tienes prevista para regresar. Aunque lord Brougham es muy amable, yo te echo de menos… terriblemente.
Con mis mejores deseos para que regreses pronto,
Georgiana
Darcy volvió a doblar la carta con cuidado y la dejó en la mesita sobre la que se apoyaba la lámpara cerca de la cama. ¡Querida Georgiana! Era maravilloso cómo aquellas fraternales palabras lo ayudaban a centrarse. Ella lo echaba de menos «terriblemente» aun a pesar del excesivo celo que había demostrado Dy en sus cuidados. ¿Y cuál era la intención de Dy con todas esas atenciones? Lo estaba haciendo demasiado bien, ¿o no?
La habitación estaba ahora en penumbra; necesitaría encender una lámpara si quería conocer el contenido de la carta de Brougham. Darcy se levantó, encendió la lámpara que estaba junto a la cama y tomó la misiva de su amigo, mientras se volvía a acomodar en la silla.
15 de enero de 1812
Erewile House
Grosvenor Square
Londres
Darcy,
Perdóname por usar tu papel de cartas, viejo amigo, pero la señorita Darcy acaba de leerme tu carta y enseguida supe que tenía que escribirte. Has ido a caer en un nido de víboras, amigo mío, porque es imposible reunir entre nuestros antiguos compañeros de universidad una colección más grande de bellacos, bribones e idiotas que los que están en casa de Sayre para ese supuesto «reencuentro». He hecho algunas averiguaciones en la ciudad después de tu partida y me he enterado de que Sayre esta en una situación realmente difícil, en una palabra, está abrumado por las deudas, pero sus acreedores están extrañamente tranquilos. La única razón que pude encontrar para que se hayan abstenido de denunciarlo ante las autoridades es el rumor de una supuesta herencia que recibiría a través de la boda de una hermana.
¿Has oído mencionar alguna vez la existencia de una hermana cuando estábamos en la universidad? ¡Porque yo no! Anda con cuidado, amigo mío, ¡porque en Norwycke está pasando algo muy sospechoso! Yo te aconsejaría que regresaras a Londres enseguida.
La señorita Darcy está bien y también debo añadir que está preciosa. ¡Qué buen trabajo has hecho al educarla, viejo amigo! Presiento que tendrá una temporada muy exitosa el año próximo, pero que muy pocos de los jóvenes de la ciudad le van a interesar, si es que le interesa alguno. La van a matar de aburrimiento o mortificación con sus modales e intereses «masculinos».
Sean cuales sean tus razones para ir a Norwycke, escucha mi consejo, Darcy, regresa a casa.
Dy
P. D. A propósito, ¿por qué permitiste que tu primo le propusiera matrimonio a Felicia? Ella todavía está decidida a conseguirte a ti, ¡ya lo sabes!
Después de lanzar una maldición, Darcy arrugó el papel y lo arrojó al fuego.
– ¡Dime algo que yo no sepa! -Mirase a donde mirase, en todas partes encontraba el mismo mensaje. ¡Marcharse de Norwycke! Pero no podía irse. No sólo se lo impedían las leyes de la cortesía, sino que el tiempo también estaba en su contra. El reloj de la habitación dio las cuatro, y con la última campanada, se oyó un golpe en la puerta del vestidor.