Cuando India se puso al teléfono Doug se mostró sorprendido por el entusiasmo del pequeño.
– ¿Qué es lo que ha alegrado tanto a Sam? ¿El barco es tan grande como dice o sólo se trata de una cáscara de nuez del club náutico?
– Es una hermosa cáscara de nuez – respondió India con una sonrisa, recordando la deliciosa jornada que habían pasado -. El propietario es amigo de Dick y Jenny. He oído hablar de él y estoy segura de que lo conoces. Se llama Paul Ward y está casado con la escritora Serena Smith. Serena está en Los Ángeles supervisando una película, y Paul y un grupo de amigos han venido en el velero a pasar una semana aquí. Puede que todavía esté cuando vengas.
– Prefiero ahorrármelo – repuso Doug y le bastó pensarlo para marearse -. Ya sabes que los barcos me desagradan. De todos modos, me gustaría conocer a Paul Ward. ¿Cómo es? ¿Es un hombre infernalmente arrogante, cuya máscara encubre a un auténtico cabrón?
Era lo que Doug esperaba de una persona con influencias y éxito en Wall Street. Le resultaba inconcebible que alguien pudiera ostentar tanto poder y siguiese siendo un ser humano íntegro.
– De hecho parece muy humano. Fue muy comprensivo con Sam y le enseñó a navegar en el bote – explicó India, molesta porque Doug había supuesto que Paul era un cabrón.
– Tengo entendido que es implacable. Tal vez se las da de bueno ante sus amigos. Parece la clase de persona que devora sus crías y las de cuantos lo rodean.
India no estaba dispuesta a discutir sobre el tema.
– No se comió nuestras crías y Sam quedó encantado.
Iba a contarle que al día siguiente volverían a navegar con Paul, pero recapacitó y decidió no mencionarlo.
– ¿Cómo estás?
Doug cambió de tema e India se abstuvo de dar más explicaciones sobre Paul. No había mucho más que decir, salvo que le parecía una persona fuera de lo común que opinaba que ella debía volver a trabajar lo antes posible. India estaba segura de que a Doug le habría encantado oír esos comentarios.
– Estoy bien, muy ocupada con los chicos. Las mismas caras de los amigos de siempre. Para variar, Jenny y Dick se han portado de maravilla. Los niños han recuperado a sus compinches. Aquí no hay nada nuevo. – Era precisamente lo que le gustaba de Cape Cod, la uniformidad y la familiaridad sempiternas. Era como abrazar la almohada de toda la vida arropada con tu camisón preferido -. Y tú, ¿cómo estás?
– Cansado y con mucho trabajo. Desde que os fuisteis no he podido descansar. Pensaba hacer un esfuerzo y tomarme tiempo libre, pero no podré estar ahí para el Cuatro de Julio.
– Lo imaginaba, ya me lo habías dicho.
India no dejó traslucir sus sentimientos pues seguía afectada por la conversación sostenida durante la fatídica cena.
– No quiero que los niños o tú os llevéis una desilusión – dijo Doug a modo de disculpa.
– Descuida. Iremos a la barbacoa de los Parker.
– Tomad filetes, es lo único que Dick no quema.
India sonrió al recordar otras barbacoas y contó a su marido que habían contratado un servicio de catering.
– Os echo de menos – dijo Doug.
Se había referido a todos, no le había dicho «te echo de menos», que era lo que a ella le habría gustado oír. De todas maneras, India tampoco le dijo que lo añoraba. Lo cierto es que no lo echaba de menos. Aún albergaba sentimientos contradictorios hacia Doug.
India tuvo la sensación de que Doug se había olvidado de todo. No era consciente de hasta qué punto la había trastornado ni de lo herida que se había sentido cuando le explicó sus ideas acerca del matrimonio. Por momentos, India ya no sabía quién era: su amiga, su ama de llaves o su compañía de confianza. No estaba dispuesta a desempeñar esos papeles, sólo deseaba ser su amante. Pero no lo era. Se sentía como una asalariada, una esclava, algo conveniente, un objeto cuya existencia Doug daba por supuesta, como el vehículo con el que transportaban a los niños. Sentía que para Doug era tan importante como la camioneta con que habían ido hasta Cape Cod. Aquella situación le provocaba sensación de vacío y creaba una distancia que India jamás había experimentado.
– Llamaré mañana – concluyó Doug impersonalmente -. Buenas noches, India.
Ella esperó a que le dijese que la quería o la añoraba, pero Doug guardó silencio. Al colgar se preguntó si ésa era la forma en que Gail había llegado al estado en que desde hacía años estaba instalada y en el que se sentía usada, aburrida, vacía y sin amor. Por eso necesitaba citarse con otros hombres en habitaciones de hotel. Era un punto final al que India no deseaba arribar. Haría lo que fuera antes de acudir con hombres a moteles o acostarse con casados. No había recorrido un camino tan largo para llegar a esa situación. Se dirigió ensimismada al cuarto oscuro y se preguntó para qué había recorrido ese camino.
Preparó los productos químicos e inició el proceso de revelado mientras reflexionaba sobre la charla con su marido. Miró las cubetas con las fotos y vio a Paul, que le son reía, se divertía con Sam y agachaba la cabeza en el bote, indescriptiblemente apuesto con el horizonte de fondo. Todos los retratos eran sorprendentes y narraban la historia de la tarde mágica que el hombre y el niño habían compartido. Parecían las fotos de un héroe y ella las estudió largo rato sin dejar de pensar en Paul y Serena. El magnate había empleado una curiosa combinación de palabras para describir a su esposa. En algunos aspectos semejaba una mujer aterradora y en otros fatalmente seductora. India comprendió que Paul estaba enamorado y fascinado a la vez; además, aseguraba ser feliz con Serena. Por su descripción, India supo instintivamente que aquella escritora era cualquier cosa menos una mujer de trato fácil. Lo que compartían sugería intensas emociones. Esta realidad la llevó a cuestionarse su relación con Doug. ¿Qué significaba? Y, aún más importante, ¿cuáles eran los elementos imprescindibles de un buen matrimonio? Ya no lo sabía. Doug había precisado que los ingredientes que ella consideraba necesarios carecían de importancia y las afirmaciones de Paul sobre Serena – que era difícil de tratar, obstinada, desafiante y por momentos agresiva – correspondían a lo que, aparentemente, hacía que la amase. India llegó a la conclusión de que, de momento, era incapaz de descifrar las relaciones y lo que permitía que funcionasen. Ya no tenía respuestas a lo que hasta hacía poco había estado tan segura.
Puso a secar las fotos, salió del cuarto oscuro y fue a ver a los niños. Sam se había dormido en el sofá viendo un vídeo y los demás jugaban fuera, a la luz de las linternas; Jessica y uno de los Boardman comían pizza fría en la cocina. Todo estaba en orden y discurría sobre ruedas en su pequeño y cerrado mundo.
Llevó a Sam a la cama y logró desvestirlo sin que se despertara. El niño estaba agotado. India lo miró y pensó en Paul y en las fotos que había tomado.
Cuando apagó la luz y se encaminó lentamente a su dormitorio la asaltó una idea muy extraña. De pronto se preguntó qué significaría hacer todo aquello sola, en el caso de que Doug y ella ya no estuviesen casados. ¿Tan distinto sería? Ahora se encargaba de todo. Cuidaba de los niños y atendía la casa; asumía todas las responsabilidades, realizaba las tareas, educaba a los chicos, afrontaba los problemas, cocinaba y limpiaba. Únicamente le faltaba ocuparse de la manutención. La asustaba pensarlo, pero ¿qué sucedería si Doug la abandonaba? ¿Y si moría? ¿Cambiaría tanto su vida? ¿Se sentiría más sola, sabiendo que para él no era más que un instrumento, alguien conveniente? ¿Qué le ocurriría si lo perdía? Años antes, cuando los chicos eran pequeños, el tema la había preocupado pues sentía que no podía vivir ni una hora sin él. Era lo que experimentaba cuando pensaba que Doug la amaba. Ahora sabía que no estaba enamorado y que no necesitaba estarlo. Se preguntó qué significaría quedarse sin su marido. Este pensamiento la llevó a sentirse culpable, como si hubiera esgrimido la varita mágica y lo hubiese hecho desaparecer. Reflexionar sobre este asunto le pareció una especie de traición. Claro que nadie sabía lo que discurría por su cabeza. Jamás se habría atrevido a expresarlo verbalmente, ni siquiera habría sido capaz de comentarlo con Gail, y menos aún con Doug.