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Clavain levantó el brazo. Espera. ¿Detectasteis algunas de estas señales ya en 2565?

[Tiempo local de Resurgam, Clavain].

Aun así, eso significa que las señales llegaron aquí alrededor de… ¿cuándo, 2580? Eso es hace treinta y tres años, Skade. ¿Por qué demonios no habéis actuado antes?

[Corren tiempos de guerra, Clavain. No hemos estado en posición de organizar una operación de recuperación amplia y logísticamente compleja].

Es decir, hasta ahora.

Skade reconoció que tenía razón con un ligerísimo asentimiento.

[Ahora la balanza se inclina a nuestro favor. Al fin nos podemos permitir desviar algunos recursos. No te confundas, Clavain, recuperar esas armas no va a ser fácil. Vamos a intentar recobrar objetos robados de una fortaleza en la que incluso hoy día nosotros mismos tendríamos serios problemas para entrar. Volyova cuenta con sus propias armas, aparte de las que nos robó. Y las pruebas de sus crímenes en Resurgam sugieren que tiene el valor necesario para usarlas. Pero lo que está claro es que debemos recuperar las armas, sin importar el coste en recursos y tiempo].

¿Recursos? ¿Quieres decir vidas?

[Nunca has vacilado a la hora de aceptar el precio de la guerra, Clavain. Por eso queremos que coordines esta operación de rescate. Consulta estos recuerdos si dudas de tu propia idoneidad].

No tuvo la delicadeza de prevenirlo: fragmentos de su pasado chocaron contra su consciencia inmediata, llevándolo de regreso a antiguas campañas e intervenciones del pasado. Películas de guerra, pensó Clavain, al recordar las viejas grabaciones monocromas bidimensionales que había visionado durante sus primeros días en la Coalición para la Pureza Neuronal y que repasaba (normalmente en vano) para hallar alguna lección que pudiera aprovechar contra enemigos reales. Pero en el presente, las películas bélicas que Skade le mostraba, y que retrocedían de forma brusca en aceleradas ráfagas, lo tenían a él de protagonista. Y además, en su mayor parte eran históricamente precisas: un desfile de las acciones en las que él había participado. Aparecía una liberación de rehenes en las madrigueras de Gilgamesh Isis, durante la cual Clavain había perdido una mano por culpa de una quemadura de sulfúrico, una herida que tardó un año en curarse. Estaba también la vez que Clavain y otra combinada habían sacado de contrabando el cerebro de un científico demarquista, que había caído en manos de una facción de mixmasters renegados alrededor del Ojo de Marco. La compañera de Clavain había sido modificada quirúrgicamente para poder mantener el cerebro vivo en su útero, mediante una sencilla cesárea inversa que Clavain le había practicado. Dejaron atrás el cuerpo del hombre para que sus captores lo descubrieran. Después, los combinados habían clonado un nuevo cuerpo para el científico y habían devuelto a su interior el traumatizado cerebro.

A continuación surgió la recuperación por parte de Clavain de un motor combinado, robado por unos skyjacks disidentes acampados en uno de los nodos externos de la colmena agraria de Arenque Ahumado, y la liberación de todo un mundo de malabaristas de formas de la amenaza de unos especuladores ultras que querían cobrar cuota para permitir el acceso al océano alienígena que transformaba las mentes. Había más, muchas más. Clavain siempre sobrevivía y casi siempre vencía. Sabía que existían otros universos en los que había muerto mucho antes: en esas historias paralelas no estaba menos capacitado, pero su suerte había arrojado diferentes resultados. No podía extrapolar a partir de esa serie ininterrumpida de éxitos y suponer que estaba destinado a salirse con la suya en el siguiente enfrentamiento.

Pero aunque no tuviera la garantía de alcanzar el éxito, estaba claro que Clavain contaba con mejores posibilidades que cualquier otro miembro del Consejo Cerrado.

Sonrió con socarronería.

Pareces conocerme mejor que yo mismo.

[Sé que nos ayudarás, Clavain, o no te hubiese traído hasta aquí. Estoy en lo cierto, ¿verdad? Nos ayudarás, ¿no es así?].

Clavain pasó su mirada por la sala, asimilando la truculenta colección de dirigentes como espectros, ancianos arrugados y combinados obscenamente embotellados en su estado final. Todos aguardaban con ansiedad su respuesta, e incluso los cerebros al descubierto parecían titubear en sus dificultosas palpitaciones. Desde luego, Skade tenía razón. Clavain solo confiaba en sí mismo para un trabajo como aquel, incluso en un momento tan postrero de su carrera y de su propia vida. Se tardarían décadas: casi veinte años solo en alcanzar Resurgam, y otros veinte para regresar con el trofeo. Pero en realidad cuarenta años no era un período excesivo comparado con cuatro o cinco siglos. Y, en cualquier caso, casi todo ese tiempo estaría congelado.

Cuarenta años. Puede que cinco más antes de partir, para prepararlo todo, y quizá casi otro año para la operación en sí… Todo junto, cerca de medio siglo. Miró a Skade y se fijó en el modo expectante en que los remolinos de su cresta frenaban y se detenían. Sabía que Skade tenía dificultades para leer su mente al nivel más profundo (era esa misma opacidad la que lo convertía en irritante y a la vez fascinante para ella), pero sospechaba que podría interpretar sin problemas su aprobación.

Lo haré. Pero con condiciones.

[¿Condiciones, Clavain?].

Yo escogeré mi equipo. Y yo digo quién viaja conmigo. Si pido a Felka y a Remontoire, y ellos aceptan acompañarme a Resurgam, entonces se lo permitiréis.

Skade se lo pensó y luego asintió con la precisa delicadeza de una sombra chinesca.

[Por supuesto. Cuarenta años es mucho tiempo para estar separados. ¿Eso es todo?].

No, claro que no. No me enfrentaré a Volyova a no ser que posea una aplastante superioridad táctica desde la línea de salida. Así es como he trabajado siempre, Skade: dominio en todo el espectro. Eso significa más de una nave. Dos como poco, tres en circunstancias ideales, y aceptaré más si el Nido Madre puede fabricarlas a tiempo. Tampoco me importa el edicto. Necesitamos abrazadoras lumínicas, completamente armadas con los cachivaches más desagradables que tengamos. Un prototipo no es suficiente, y dado el tiempo que se tarda en construir cualquier cosa en estos días, será mejor que empecemos a trabajar de inmediato. No puedes limitarte a chasquear los dedos en un asteroide y que cuatro días más tarde aparezca una nave estelar por el otro lado.

Skade se pasó un dedo por los labios. Cerró los ojos durante un instante apenas más largo que un parpadeo. En ese momento, Clavain tuvo la intensa impresión de que mantenía un acalorado diálogo con otra persona. Creyó ver unos temblores en sus párpados, como un soñador acosado por la fiebre.

[Tienes razón, Clavain. Necesitaremos naves nuevas, que incorporen los refinamientos adoptados para la Sombra Nocturna. Pero no tienes de qué preocuparte, ya hemos comenzado a fabricarlas. De hecho, nos están quedando muy bien].

Clavain entrecerró los ojos.

¿Nuevas naves? ¿Dónde?

[No muy lejos de aquí, Clavain].

Él asintió.

Bien, entonces no habrá inconveniente en que me las enseñes, ¿verdad? Me gustaría echarles un vistazo antes de que sea demasiado tarde para cambiar nada.

[Clavain…].

Esto tampoco es negociable, Skade. Si quiero llevar a cabo la tarea, tendré que ver las herramientas que voy a usar.