¿Cómo que me atrapó?
[Te hirió, Skade, gravemente. De no haber sido una combinada… Si las máquinas de tu cabeza no hubieran ayudado a tu cuerpo a sobrellevar el trauma, lo más probable es que no hubieras sobrevivido, incluso con la ayuda que el traje pudo prestarte].
Enséñamelo, maldita sea.
[Lo haría si en esta sala tuviesen algún espejo, pero no lo hay y no puedo superar los bloqueos neuronales que ha instalado Delmar].
Entonces descríbelo. ¡Descríbemelo, Remontoire!
[No es eso para lo que he venido, Skade… Delmar te volverá a situar enseguida en coma recuperativo y la próxima vez que te despiertes ya estarás curada. He venido a preguntarte sobre Clavain].
Por un instante, Skade dejó a un lado su morbosa curiosidad sobre sí misma.
Supongo que está muerto.
[En realidad aún no han logrado detenerlo].
A pesar de la furia y el morbo, tenía que admitir que el tema de Clavain resultaba como mínimo tan fascinante como sus propios aprietos. Y las dos cosas estaban relacionadas, ¿no era así? Todavía no comprendía del todo lo que le había sucedido, pero le bastaba con saber que era culpa de Clavain. Tanto daba que quizá no hubiese sido intencionado.
En una traición no había accidentes.
¿Dónde está?
[Eso es lo gracioso. Parece que nadie lo sabe. Tenían captados sus gases de escape y se dirigía hacia Épsilon Eridani, en dirección a lo que, suponemos, Yellowstone o el Cinturón Oxidado].
Los demarquistas lo crucificarán.
Remontoire asintió.
[Sobre todo a Clavain. Pero ahora parece que en realidad no se dirige hacia allí… al menos no directamente. Se apartó del vector en dirección al Sol, pero no sabemos cuánto llevaba de viaje ya que perdimos la llama de su motor].
Tenemos monitores ópticos repartidos por el halo. Seguro que a estas alturas ha caído en la línea de visión de uno u otro.
[El problema es que Clavain conoce la posición de esos monitores y puede asegurarse de que su haz no se cruce con ellos. No debemos olvidar que es uno de los nuestros, Skade].
¿Se han lanzado misiles?
[Sí, pero en ningún caso se han aproximado lo suficiente como para fijar el objetivo por sí mismos. Tampoco tenían el combustible necesario para regresar al nido, así que tuvimos que detonarlos].
Skade notó que se le caía la baba y le resbalaba por la barbilla.
Tenemos que detenerlo, Remontoire. Hazte a la idea.
[Aunque volvamos a captar su señal, estará más allá del nuestro rango eficaz de misiles. Y ninguna otra nave puede atrapar a una corbeta].
Skade se tragó su furia.
Tenemos el prototipo.
[Ni siquiera la Sombra Nocturna es tan rápido, no en distancias equivalentes a un sistema solar].
Skade no dijo nada durante varios segundos, mientras calculaba cuánto sería prudente revelar. Al fin y al cabo, eran asuntos del Sanctasanctórum, delicados incluso para los estándares clandestinos del Consejo Cerrado.
Sí lo es, Remontoire.
La puerta se abrió. Uno de los servidores se agachó para entrar, seguido de Delmar. Remontoire se puso en pie y extendió las manos, con las palmas hacia delante.
[Necesitamos unos momentos más…].
Delmar permaneció junto a la puerta, con los brazos cruzados.
[Me temo que me voy a quedar aquí].
Skade chistó a Remontoire. Este se acercó y se inclinó hasta que sus cabezas solo estuvieron separadas unos pocos centímetros, lo cual permitía la comunicación entre mentes sin la amplificación de los sistemas de la sala.
Puede hacerse. El prototipo tiene un techo de aceleración mayor del que has supuesto.
[¿Cuánto mayor?].
Mucho. Ya lo verás. Pero todo lo que necesitas saber es que el prototipo puede aproximarse lo suficiente a la posición aproximada de Clavain como para recuperar su rastro, y después acercarnos hasta el alcance de las armas. Te necesitaré en la tripulación, por supuesto. Eres un soldado, Remontoire, conoces las armas mejor que yo.
[¿No deberíamos pensar en maneras de traerlo de vuelta con vida?].
Es un poquito tarde para eso, ¿no te parece?
Remontoire no dijo nada, pero Skade sabía que ella llevaba razón. Y él adoptaría pronto su punto de vista. Era un combinado hasta la médula, y por lo tanto aceptaría cualquier curso de acción que beneficiase al Nido Madre, por muy despiadado que fuera. Esa era la diferencia entre Remontoire y Clavain.
[Skade…].
¿Sí, Remontoire?
[Si accedo a tu proposición…].
¿Tienes una exigencia a cambio?
[No es una exigencia, sino una solicitud. Que se le permita a Felka unirse a nosotros].
Skade entrecerró los párpados. Estaba a punto de negarse cuando cayó en la cuenta de que sus argumentos para oponerse (que la operación tenía que seguir por completo en el ámbito del Consejo Cerrado) no suponían ninguna diferencia en lo concerniente a Felka.
¿Qué posible ventaja supondría la presencia de Felka?
[Eso depende. Si pretendes convertir esto en un escuadrón de fusilamiento, no nos será de ninguna utilidad. Pero si tienes la menor intención de traer vivo a Clavain, y creo que deberías planteártelo, entonces no debemos subestimar la importancia de Felka].
Skade sabía que Remontoire estaba en lo cierto, por muy doloroso que le resultara admitirlo. Clavain hubiese sido un recurso de inmenso valor en la operación de recuperación de las armas de la clase infernal, y su pérdida haría la intervención mucho más difícil. Por un lado, podía comprender el atractivo que tenía traerlo de vuelta al redil, para poder inmovilizarlo y succionarle su experiencia duramente adquirida como el tuétano de los huesos. Pero capturarlo vivo sería extraordinariamente más complicado que un asesinato a larga distancia y, hasta que alcanzaran el éxito, seguiría existiendo la posibilidad de que Clavain llegara al otro bando. Los demarquistas se sentirían encantados de oír hablar del nuevo programa de construcción de naves, los rumores sobre los planes de evacuación y las salvajes armas nuevas.
Skade no estaba segura, pero pensaba que las noticias podrían bastar para dar un nuevo ímpetu al enemigo, y para proporcionarles nuevos aliados que hasta el momento habían permanecido al margen. Si los demarquistas se apiñaban y lograban lanzar alguna clase de ataque desesperado contra el Nido Madre, con el apoyo de los ultras y de cierto número de facciones que en la actualidad se mantenían neutrales, todo podía perderse.
No, tenía que matar a Clavain, sencillamente eso no se podía someter a discusión. Pero, de igual forma, debía dar la impresión de estar dispuesta a actuar de manera razonable, lo mismo que haría bajo cualquier otro estado de guerra. Lo que significaba que tenía que aceptar la presencia de Felka.
Esto es chantaje, ¿verdad?
[Chantaje no, Skade, solo negociación. Si alguno de nosotros puede sacar a Clavain de esto, tiene que ser Felka].
No la escuchará, aunque…
[¿Aunque crea que es su hija? ¿Es eso lo que ibas a decir?].
Es un viejo, Remontoire. Un viejo con delirios que no son de mi incumbencia.
Los servidores se echaron a un lado para permitir que Remontoire saliera. Skade observó el óvalo de su rostro, aparentemente desconectado de todo lo demás, que abandonaba la sala como un globo. En algunos instantes de su conversación casi había detectado grietas en la empalizada neuronal, senderos que Delmar no había deshabilitado del todo por culpa de un comprensible descuido. Los huecos habían sido como destellos estroboscópicos que abrían breves ventanas estáticas de la mente de Remontoire. Con gran probabilidad, este no había sido consciente de sus intrusiones, o quizá Skade se las estaba imaginando.