Выбрать главу

—Escorpio —dijo Remontoire—. El hipercerdo que encontramos en la nave demarquista.

Felka tocó la pared metálica de la vaina. Remontoire la imitó y sintió el batir rítmico de los sistemas de soporte vital.

—¿Qué hace aquí? —preguntó Felka.

—Va de camino a la justicia —dijo Skade—. Cuando nos encontremos cerca del sistema interior, eyectaremos la vaina y dejaremos que la Convención de Ferrisville lo recupere.

—¿Y después?

—Lo juzgarán y lo hallarán culpable de los muchos crímenes que presuntamente ha cometido —dijo Skade—. Y luego, según la legislación actual, lo ejecutarán. Muerte neuronal irreversible.

—Suena como si lo aprobaras.

—Tenemos que cooperar con la convención —explicó Skade—. Pueden complicarnos la vida en nuestros intereses cerca de Yellowstone. Es necesario devolverles al cerdo de un modo o de otro. Para nosotros hubiese sido muy conveniente que muriera bajo nuestra custodia, creedme. Por desgracia, tal como se han desarrollado las cosas tiene una pequeña posibilidad de sobrevivir.

—¿De qué clase de crímenes estamos hablando? —preguntó Felka.

—Crímenes de guerra —respondió Skade con toda tranquilidad.

—Eso no me dice nada. ¿Cómo puede ser un criminal de guerra si no está afiliado a un bando reconocido?

—Es muy sencillo —explicó Skade—. Bajo los términos de la convención, prácticamente todo acto extralegal cometido en una zona de guerra se convierte, por definición, en crimen de guerra. Y en el caso de Escorpio no son pocos: homicidio, asesinato, terrorismo, chantaje, robo, extorsión, ecosabotaje, traficar con inteligencias alfa sin licencia… Con franqueza, ha estado implicado en todas las actividades criminales que te puedas imaginar, de Ciudad Abismo al Cinturón Oxidado. Hasta en tiempos de paz serían muy graves. Pero en guerra, la mayoría de esos crímenes conllevan una pena obligatoria de muerte irreversible. Se lo habría ganado por méritos propios varias veces, incluso sin tener en cuenta la naturaleza de sus asesinatos.

El cerdo inspiraba y exhalaba. Remontoire contempló el gel protector, que temblaba con sus movimientos, y se preguntó si estaba soñando y, en tal caso, qué forma adoptarían esos sueños. ¿Soñaban los cerdos? No estaba seguro, no recordaba si Run Seven había dicho algo sobre el tema. Pero también era cierto que la mente de Run Seven no estaba configurada igual que las de los demás cerdos. Había sido un espécimen muy primitivo, lo habían creado de manera imperfecta y su estado mental quedaba muy lejos de cualquier cosa que Remontoire pudiera calificar como cuerda. Lo cual no quería decir que fuese estúpido o le faltase inventiva. Las torturas y los métodos de coacción que aquel pirata había usado sobre Remontoire constituían un adecuado testimonio de su inteligencia y originalidad. Incluso en la actualidad, en algún rincón de su mente (algunos días no lo notaba) había un grito que nunca terminaba, un hilo agónico que conectaba con el pasado.

—¿Qué crímenes han sido exactamente esos? —repitió Felka.

—Felka, le gusta matar humanos. Lo convierte en una especie de arte. No pretendo afirmar que no haya otros como él, escoria criminal que saca el máximo provecho de la situación actual. —El cangrejo de Skade brincó por el aire y aterrizó con destreza sobre el costado de la vaina—. Pero Escorpio es diferente. Se regodea en ello.

Remontoire habló en voz baja:

—Clavain y yo lo dragamos. Los recuerdos que sacamos de su cabeza hubieran bastado para ejecutarlo allí mismo.

—¿Y entonces por qué no lo hicisteis? —preguntó Felka.

—En condiciones más favorables, creo que lo hubiéramos hecho.

—El cerdo no tiene por qué demorarnos —dijo Skade—. Ha tenido la suerte de que Clavain deserte, lo cual nos obliga a realizar este viaje al sistema interior, pues de lo contrario hubiéramos devuelto un cadáver empaquetado en una cabeza de misil de largo alcance. Esa alternativa se consideró seriamente, hubiésemos estado por entero en nuestro derecho.

Remontoire se apartó de la vaina.

—Por un momento pensé que podías ser tú la de ahí dentro.

—¿Y te alivia comprobar que no es así?

La voz lo sobresaltó, porque no provenía del cangrejo. Miró a su alrededor, y al fin prestó la atención necesaria a ese objeto poco familiar que al principio solo había ojeado de pasada. Le había recordado a una escultura, un pedestal plateado cilíndrico situado en medio de la sala, que sostenía una cabeza humana sin cuerpo.

A la altura del cuello, la cabeza desaparecía en el interior del pedestal, al que estaba unida mediante un firme cierre negro. El pedestal era solo un poco más grueso que la cabeza, pero ganaba anchura en dirección a la gruesa base gracias a varios indicadores y tomas. De tanto en tanto, borbotaba y chasqueaba por causa de inescrutables procesos médicos.

La cabeza se giró levemente para saludarlos y entonces habló, lanzando pensamientos a la cabeza de Remontoire.

[Sí, soy yo. Me alegro de que hayáis podido seguir a mi proxy. Ya estamos dentro del alcance del aparato. ¿Notáis algún efecto adverso?].

Solo cierta sensación de mareo, replicó Remontoire. Felka dio un paso en dirección al pedestal.

—¿Te molesta si te toco?

[Adelante].

Remontoire contempló cómo Felka palpaba ligeramente con sus dedos el rostro de Skade, trazando sus contornos con aterrada cautela.

Eres tú, ¿verdad?, preguntó él.

[Pareces un poco sorprendido. ¿Por qué, acaso mi estado te inquieta? He experimentado condiciones mucho más perturbadoras que esta, te lo aseguro. Se trata de algo puramente temporal].

Pero tras sus pensamientos, Remontoire detectó abismos de pánico, una repugnancia por sí misma tan extrema que se había convertido en algo próximo a la fascinación. Se preguntó si Skade permitía de forma deliberada que paladeara sus sensaciones, o si su autocontrol no era tan bueno como para enmascarar lo que sentía en realidad.

¿Por qué has dejado que Delmar te haga algo así?

[No fue idea suya. Hubiese llevado demasiado tiempo curar todo mi cuerpo, y el equipo de Delmar resultaba demasiado voluminoso como para traerlo con nosotros. Le sugerí que soltara mi cabeza, que estaba intacta al cien por cien].

Skade bajó la mirada, ya que no podía ladear la cabeza.

[Este aparato de soporte vital es sencillo, fiable y lo bastante compacto para mis necesidades. Surgen ciertos problemas a la hora de mantener la química sanguínea precisa que recibiría mi cerebro si estuviera conectado a un cuerpo completamente funcional, hormonas y esa clase de cosas, pero aparte de cierto ligero lastre emocional, los efectos son mínimos].

Felka dio un paso atrás.

—¿Y qué pasa con tu cuerpo?

[Para cuando regrese al Nido Madre, Delmar me tendrá ya preparado uno de reemplazo, clonado en su totalidad mediante un cultivo. El proceso de reunificación no le supondrá ninguna dificultad, sobre todo porque la decorticación tuvo lugar en circunstancias controladas].

—Bueno, entonces de acuerdo. Pero, a no ser que me pierda algo, sigues siendo una prisionera.

[No, pese a todo conservo cierto grado de movilidad]. La cabeza giró unos desconcertantes doscientos setenta grados. Desde las sombras de la sala surgió lo que, hasta ese momento, Remontoire había tomado por un servidor de función general inactivo, como los que uno podía encontrar en un hogar acomodado. La máquina, bípeda y andromórfica, tenía un aspecto abatido y hundido. Carecía de cabeza, y entre sus hombros asomaba una abertura circular.

[Ayúdame a meterme dentro, por favor. El servidor puede hacerlo solo, pero siempre parece llevarle una eternidad conseguirlo del modo adecuado].

¿Que te ayude a meterte dentro?, dudó Remontoire.