[Agarra el pilar de soporte, justo por debajo de mi cuello].
Remontoire situó ambas manos alrededor del pedestal plateado y tiró de él. Se produjo un suave chasquido y la parte superior, junto a la cabeza, quedó libre entre sus manos. La alzó, a pesar de hallarla mucho más pesada de lo que se había imaginado. Bajo la zona donde se había separado del pedestal colgaba un nudo de cables viscosos que se retorcían, tanteaban y se agitaban como un manojo de anguilas.
[Ahora trasládame con suavidad hasta el servidor].
Remontoire hizo lo que se le había pedido. Quizá la posibilidad de soltar la cabeza rondó su mente una o dos veces, aunque racionalmente dudaba que la caída pudiera provocar mucho daño a Skade: sin duda el suelo se ablandaría para absorber el impacto. Pero se esforzó por mantener tales pensamientos todo lo censurados que pudo.
[Ahora encájame en el cuerpo del servidor. Las conexiones se establecerán por sí solas. Ahora con cuidado… no hace falta apretar].
Remontoire deslizó el núcleo plateado en la máquina hasta que notó resistencia.
¿Ya está?
[Sí]. Los ojos de Skade se ensancharon de manera apreciable y su piel adquirió un tono rosado del que antes carecía. [Sí. Conexión establecida. Ahora, veamos… control motor…].
El antebrazo del servidor se sacudió con violencia hacia delante, al tiempo que su puño se cerraba y se soltaba a espasmos. Skade volvió a bajarlo y sostuvo ante sus ojos la mano extendida, mientras estudiaba la anatomía mecánica negra brillante y cromada con absorta fascinación. El diseño del servidor era pintoresco y recordaba a una armadura medieval. Era a la vez hermoso y brutal.
Parece que le coges el tranquillo.
El servidor avanzó arrastrando los pies, con los dos brazos ligeramente levantados por delante.
[Sí… Hasta el momento ha sido mi ajuste más rápido. Casi me lleva a pensar que debería decirle a Delmar que no se moleste].
—¿Que no se moleste en qué? —preguntó Felka.
[En curar mi viejo cuerpo, creo que prefiero este. Por cierto, es un chiste].
—Claro —respondió Felka, incómoda.
[Pero debería alegrarte que me haya sucedido esto. Hace que me sienta más dispuesta a recuperar a Clavain con vida].
—¿Y eso por qué?
—Porque me gustaría mucho que viera lo que me ha hecho. —Skade se giró con un crujido de metal—. Creo recordar que había algo más que queríais ver. ¿Proseguimos?
El traje acorazado los condujo fuera de la sala.
15
Una palabra se introdujo a la fuerza en el cráneo de Volyova, tan fuerte y urente como un hierro para el ganado. [Ilia].
Ilia no era capaz de hablar, y solo pudo dar forma a sus pensamientos como respuesta.
¿Sí? ¿Cómo sabes mi nombre?
[He llegado a conocerte bien. Has mostrado tanto interés por mí, por nosotros, que resultaba difícil no corresponder].
De nuevo Ilia intentó golpear la puerta que la encerraba dentro del arma del alijo, pero cuando trató de alzar el brazo no ocurrió nada. Estaba paralizada, aunque aún era capaz de respirar. Aquella presencia, fuese lo que fuese, seguía dando la sensación de estar justo detrás de ella, mirando por encima de su hombro.
¿Quién…?
Sintió un terrible deleite burlón ante su ignorancia.
[La subpersona que controla esta arma, por supuesto. Puedes llamarme Diecisiete. ¿Quién te pensabas que era, si no?].
Pero hablas rusiano.
[Conozco tus filtros de idiomas naturales preferidos. El rusiano es lo bastante sencillo. Un viejo idioma, no ha cambiado gran cosa desde la época en que se creó].
¿Y por qué… ahora?
[Nunca antes habías llegado tan al fondo de uno de nosotros, Ilia].
Sí que lo he hecho… casi.
[Tal vez. Pero nunca en circunstancias similares. Nunca con tanto miedo desde antes incluso de empezar. Estás muy desesperada por usarnos, ¿verdad? Más que en ninguna ocasión anterior].
A pesar de que seguía paralizada, Ilia sintió que su pánico retrocedía un poco. Así que la presencia era un programa de ordenador, nada más que eso. Simplemente había desencadenado una capa del mecanismo de control del arma que nunca antes había invocado a propósito. La presencia poseía un aura sobrenatural y maligna, pero era evidente que eso (junto con la parálisis) solo era un refinamiento añadido a su habitual mecanismo de generación de miedo.
Volyova se preguntó de qué forma estaría hablando con ella la máquina. Ilia no llevaba implantes y, pese a ello, la voz del arma llegaba con claridad y de modo directo hasta su cráneo. Solo cabía la posibilidad de que la cámara en la que se encontraba funcionara como una especie de draga inversa de alta potencia, que estimulaba las funciones cerebrales mediante la aplicación de intensos campos magnéticos. Si podía hacerle sentir terror con tanta precisión, Volyova supuso que no le sería mucho más difícil generar señales fantasmas a lo largo de su nervio auditivo o, más probablemente, en el propio centro de la audición, y captar los patrones de disparo neuronales que antecedían al gesto de hablar.
Estos son tiempos desesperados…
[Eso parece].
¿Quién os construyó?
No hubo una respuesta inmediata por parte de Diecisiete. Durante un momento el miedo desapareció, aquella sumisión neuronal se vio interrumpida por un instante de calma en blanco, como al recuperar aliento entre gritos de angustia.
[No lo sabemos].
¿No?
[No. No querían que lo supiéramos].
Volyova puso en orden sus pensamientos con la cautela de quien coloca pesados adornos en una estantería desvencijada.
Yo creo que os fabricaron los combinados. Es mi hipótesis de trabajo, y nada de lo que me habéis contado hasta ahora me impulsa a pensar que necesite reconsiderarlo.
[No importa quién nos creó, ¿verdad? Ahora no].
Quizá tengas razón. Me gustaría saberlo por pura curiosidad, pero lo realmente importante es que todavía sois capaces de servirme.
El arma acarició la región de su cerebro que registraba la diversión. [¿Servirte, Ilia? ¿Qué te ha dado esa impresión?].
En el pasado, hicisteis lo que os pedí. No tú de forma específica, Diecisiete, nunca te he solicitado nada, pero siempre que he pedido algo a las otras armas, me han obedecido.
[No te obedecíamos, Ilia].
¿No?
[No. Simplemente te seguíamos la corriente. Nos divertía hacer lo que nos pedías. A menudo eso resultaba indistinguible de cumplir tus órdenes, pero solo desde tu punto de vista].
Te lo estás inventando.
[No. Verás, Ilia, quien nos creó nos concedió cierto grado de voluntad propia. Debió de haber algún motivo para ello. Quizá se esperaba que actuáramos de forma autónoma, o que preparásemos un curso de acción a partir de órdenes incompletas o corruptas. Hemos de haber sido creadas para ser las armas del día del juicio final, que solo se podían usar como último recurso. Instrumentos del final de los tiempos].
Todavía lo sois.
[¿Y esto es el final de los tiempos, Ilia?].
No lo sé. Creo que podría serlo.
[Puedo reconocer que ya estabas asustada antes de entrar aquí. Todas podemos. ¿Qué es exactamente lo que pretendes de nosotras, Ilia?].
Hay un problema del que os tendríais que ocupar.
[¿Un problema local?].
En este sistema, sí. Necesitaría que os desplegarais más allá de la nave…, más allá de esta cámara… y me ayudarais.