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– Todo esto es culpa tuya.

– No te hagas ilusiones. -La muchacha meneó la cabeza, con lo que los adornos brillantes de su cabellera titilaron-. No permitiré que me endilgues tus problemas.

Estaba decidido a echarle todas las culpas porque Jilly se había presentado en Caidwater como si fuese una plaga y había trastocado, fastidiado y puesto del revés todos sus planes.

– De no ser por ti no me encontraría en este aprieto.

La joven entornó los ojos.

– ¿De qué aprieto estás hablando?

Rory gesticuló desaforadamente.

– ¡Escándalos, excéntricos, chiflados y gente vestida con ropa estrafalaria! En el preciso momento en el que mi vida empieza a estar en orden, te presentas sin llamar y lo fastidias todo con tus proyectos bienintencionados y tus extraños amigos.

– Mis amigos son tan extraños que han renunciado a su tiempo libre para echarte una mano. Recuerda que eres tú quien los necesita.

A Rory le sentó fatal que Jilly tuviera razón.

– Si no hubiese estado obnubilado, habría preparado galletas con ensalada de atún y las habría servido personalmente en vez de abrir la puerta a esos chalados. ¿Qué pensarán los invitados?

Jilly se encogió de hombros.

– Es posible que los invitados te sorprendan, que miren más allá de lo estrictamente superficial y se den cuenta de que mis amigos son buenas personas. Y te diré otra cosa: podrías hacer lo mismo.

Rory apretó los dientes.

– ¿Que haga lo mismo con qué?

– Que no te quedes con lo que se ve a simple vista. -El rubor subió por su cuello hasta sus mejillas-. Estoy segura de que en los últimos diez años no has dedicado ni siquiera dos segundos a rascar la superficie para ver qué hay debajo. ¿Por qué no dedicas un par de minutos a perfeccionarte e intentas ver el fondo de mis amigos, de mí e incluso de ti?

A Rory le hervía la sangre.

– ¿Adonde quieres ir a parar?

– Lo que intento decir es que, si miras más allá de lo superficial, tal vez descubras algo sorprendente.

Kincaid replicó lo primero que se le pasó por la cabeza:

– Lo único que en los últimos tiempos me ha sorprendido es conocer a una mujer que ha dado la espalda a un aspecto de su vida, el sexual, porque tenía miedo de que se hiciese realidad la predicción de su abuela. Has permitido que durante años ese temor controlase tu vida. ¿Qué decías de mirar más allá de la superficie?

Jilly aspiró aire bruscamente y desvió la mirada.

– Olvídalo. Rory, ni siquiera te molestes en mirar dentro de ti. No sé por qué, pero de repente tengo la certeza de que en tu interior no hay nada. No tienes carne, sangre ni corazón, nada de nada.

La posibilidad de haberla herido lo enfureció todavía más. La temperatura de su sangre subió varios grados.

– Vaya, querida, eres capaz de dar un golpe, pero no de recibirlo, ¿verdad? Cielo, he mirado dentro de ti y veo a una mujer tan atrapada en el pasado y decidida a demostrar algo a otra persona que no tiene ni la más remota idea de qué quiere para sí misma.

Ella lo miró fijamente.

– Pues yo puedo decir lo mismo de ti -espetó-. ¿Deseas realmente ocupar un cargo público? Tu interés por el decoro y la perfección, ¿es algo que de verdad te interesa o solo esperas que cada vez que alguien oiga el apellido Kincaid lo relacione con la palabra «senador» en vez de con «escándalo»?

La sangre de Rory hervía a borbotones.

– Maldita seas, estoy hasta el gorro de esa pregunta. Se supone que esta noche se hará realidad todo lo que me importa. Para variar, el apellido Kincaid se vinculará con algo honroso y que merece la pena, aunque lo cierto es que, gracias a ti, tengo la sensación de que se me escapa entre los dedos.

Jilly dio un brinco y el valor la abandonó. Se apretó el vientre con la mano, justo por encima del disparatado rubí que distraía a cuantos lo veían.

– De acuerdo -aceptó en tono sereno y súbitamente carente de emociones-. Rory, si de verdad es lo que quieres, quédatelo. Además, es lo que me han aconsejado. Cierra las manos, agárralo fuerte y no lo dejes escapar.

Capítulo 16

Jilly hizo denodados esfuerzos por no tener en cuenta los nuevos golpes que había recibido su corazón roto y vio que Rory se quedaba boquiabierto. Tío Fitz y su séquito del Partido Conservador entraron en Caidwater sin darle tiempo a pronunciar una sola palabra más, por lo que Rory se vio obligado a adelantarse a fin de saludarlos. Jilly aprovechó la confusión para esfumarse.

Como no sabía muy bien qué hacer, fue hacia los suaves y tranquilizadores acordes de un violín. Acabó en la terraza trasera, cuyas balaustradas de piedra estaban salpicadas de lucecitas blancas. Los jardines también estaban iluminados, por lo que la mansión parecía un lugar mágico y romántico.

Alguien le puso una copa de champán en la mano; el frío líquido se balanceó de un extremo a otro de la copa y le mojó los dedos.

– Felicítame -dijo Kim.

Jilly se volvió.

– Has vuelto y… -Las lucecitas destellaron en el anillo de diamantes que Kim lucía en la mano izquierda-. Lo has conseguido. Te has casado. -Jilly sonreía a pesar de que interiormente estaba destrozada.

Kim entrechocó su copa con la de su amiga.

– Así es… -La ex modelo sonrió-. Finalmente nos casamos. Todavía no me acabo de creer lo feliz que soy.

– Me parece fantástico -murmuró Jilly, pero las emociones le quebraron la voz-. Es absolutamente maravilloso.

Las amigas hicieron el mismo movimiento y bebieron grandes sorbos de champán. Kim rió sonoramente y, sorprendida, Jilly parpadeó. Los ojos castaños de su amiga brillaban y notó que estaba ruborizada. Tenía un aspecto… Kim parecía muy viva.

– Es indudable que Greg te sienta bien -comentó Jilly.

La ex modelo movió afirmativamente la cabeza.

– Yo también le haré bien a Greg… y a Iris. -Kim titubeó-. De momento no le hemos dicho que soy su madre… Estamos pensando en el mejor modo de comunicárselo, pero lo cierto es que sabrá la verdad. Lo he prometido. Se acabaron los secretos.

Jilly frunció el ceño.

– ¿Greg ha hablado con Rory acerca de…?

– No padezcas. -Kim apoyó la mano en el brazo de su amiga-. A partir de ahora se trata de nuestro problema. Nunca debí permitir que librases mis batallas. Por fin lo he comprendido. De ahora en adelante nosotros manejaremos este asunto.

Jilly fijó la mirada en las pequeñas burbujas que ascendían hasta la parte superior de la copa.

– Lamento haberlo estropeado -se disculpó.

– No digas eso. -La ex modelo palmeó el brazo de Jilly-. No es a eso a lo que me refería, sino a que debes vivir tu propia vida en lugar de intentar arreglar la mía.

– ¿Qué vida? -susurró Jilly.

Cuando se presentó al trabajo en Caidwater, lo hizo con el convencimiento de que reunir a Kim y a Iris daría pie a que su propia vida fuese plena. Supuso que sería el equivalente de reunirse con su madre, pero ahora sabía que no habría dado resultado, ya que todavía faltaban grandes fragmentos de sí misma.

– ¡Ay, Jilly! -Preocupada, Kim arrugó la frente-. ¿Qué haces esta noche aquí? Tenía entendido que Rory y tú habíais escogido caminos distintos.

Jilly abrió la boca, pero no encontró la respuesta idónea. Tres días atrás se alegró enormemente de verlo al otro lado del escaparate de French Letters y también se enfadó mucho cuando Rory le ordenó que dejase lo que estaba haciendo. Lo cierto era que, al final, la muchacha accedió a asistir a la fiesta tal vez porque era el final y necesitaba vivirlo.

Después de esa velada, lo que había existido entre ellos se convertiría en una especie de sueño o fantasía.

– Tenía que llegar al final y ver que realmente todo ha terminado -replicó Jilly.