– Ya he entendido -farfulló el estadounidense, con expresión sombría-. Pero ¿y el origen?
– Ahí vamos -indicó el historiador, haciendo una seña con la mano para que su interlocutor tuviese paciencia-. El Mayorazgo estableció también que una parte de la renta a la que el Almirante tenía derecho debería ir al Ufficio di San Giorgio y dio instrucciones rigurosas sobre el modo en que sus herederos deberían firmar todos los documentos. Cristóbal Colón, o Cristoforo Colombo, no quería que usasen el apellido, sino solamente el título de «El Almirante», debajo de una extraña pirámide de iniciales y puntos. -Tomás mostró otro folio-. Y aquí viene la parte que le interesa, Nelson. A usted y, por lo visto, a Toscano. En determinada parte del testamento, Colón hizo algo sin precedentes. El Almirante recordó a los soberanos que los había servido en Castilla, «siendo yo nacido en Génova».
– ¡Ajá! -exclamo Moliarti, casi dando un salto en la silla-. ¡Es la prueba!
– ¡Calma!¡Calma! -pidió Tomás, riéndose por el entusiasmo del estadounidense-. En otra parte del documento, Colón impuso a sus herederos que mantuviesen siempre en Génova a una persona de su linaje, «pues que della salí y en ella nací».
– ¿Lo ve? ¿Cuál es la duda? ¿Cuál es?
– Está todo muy claro -coincidió Tomás con una sonrisa maliciosa-. Siempre que sea verdad.
Una nube sombría encapotó el entusiasmo de Moliarti. Su sonrisa se deshizo, pero su boca se mantuvo abierta y los ojos desorbitados, incrédulos, hasta cerrarse en una expresión de encono.
– ¿Cómo? ¿Cómo? -se exaltó-. Fuck you! No me dirá ahora que todo eso es falso, ¿no? No me venga con ésas, tío. ¡No acepto insolencias, no!
– ¡Calma, Nelson, calma! -pidió Tomás, sorprendido por aquel inesperado estallido y alzando las manos en señal de que se rendía-. Vamos a ver si nos entendemos. Yo no estoy diciendo que esto es verdadero y aquello es falso. Me limité a estudiar los documentos y los testimonios, a consultar las notas del profesor Toscano y a reconstruir su argumentación. A fin de cuentas, usted me contrató para eso, ¿no? Lo que he comprobado es que el profesor Toscano tenía enormes dudas en cuanto a determinados aspectos que se consideraban probados en la vida de Cristóbal Colón. Siguiendo esa pista, le estoy presentando los problemas que cada uno de los documentos y testimonios contiene en lo que respecta a su fiabilidad. Si aceptamos como buenos todos los documentos y testimonios que existen, la historia del Almirante no tiene sentido. Habría nacido simultáneamente en varios lugares, tendría simultáneamente varias edades, tendría simultáneamente diferentes nombres. Eso no puede ser. En resumidas cuentas, usted va a tener que decidir qué documentos y testimonios son falsos y cuáles son verdaderos. Para ello tendrá que analizar y pesar las contradicciones e inconsistencias de cada uno. Cuando tenga todos los datos en la mano, podrá inclinarse por una posibilidad. Si quiere que Colón sea genovés, le bastará con ignorar las contradicciones e inconsistencias de los documentos y testimonios que soportan esa tesis, resolviéndolas mediante el recurso de la pura especulación. Lo contrario también es verdadero. Pero fíjese bien en que yo no estoy aquí para destruir la hipótesis genovesa. En verdad, el origen de Cristóbal Colón me resulta incluso irrelevante. ¡Qué más da! Duermo donde caiga… -Hizo una pausa para destacar su posición-. Lo que estoy haciendo, téngalo en cuenta, es reconstruir la investigación del profesor Toscano, pues para eso fui contratado, y analizando los problemas que existen en cada documento. Nada más.
– Tiene razón -admitió Moliarti, ahora más sereno-. Discúlpeme, me he exaltado mucho, ha sido sin querer. Prosiga, por favor.
– Vale -retomó Tomás-. Como ya le he dicho, Colón hizo en el Mayorazgo dos referencias directas y explícitas a Génova como la ciudad donde nació. Pero no se limitó a eso. Más adelante realizó una tercera referencia, diciendo que «Génova es ciudad noble y no poderosa sólo a causa del mar», y, algunas páginas después, añadió una cuarta referencia, apelando a sus herederos para que procuren «preservar y trabajar siempre por el honor, por el bien y el engrandecimiento de la ciudad de Génova, empleando todas sus fuerzas y recursos en la defensa y la ampliación del bien y honor de su república».
– Por tanto, Colón hizo cuatro referencias a Génova y en dos de ellas dijo abiertamente que nació allí.
– Correcto -asintió Tomás-. Lo que significa que todo depende ahora de cómo se evalúa la fiabilidad de este documento. Existe una confirmación real del Mayorazgo, fechada en 1501 y que no se descubrió hasta 1925: se encuentra conservada en el Archivo General de Simancas. Y he traído fotocopias de la copia notarial de la minuta del Mayorazgo, que está guardada en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Me dijeron que el original de la minuta desapareció ya en el siglo xvi, pero no sé si es verdad. Lo único que puedo asegurar es que el Archivo General de Indias sólo tiene una copia. Supongo que es la que estuvo en el centro del llamado «pleyto sucessorio», un importantísimo proceso jurídico iniciado en 1578 para determinar cuál era el legítimo sucesor del Almirante después de la muerte de don Diego, nieto de Diogo Colom y bisnieto de Cristóbal Colón. Vale la pena recordar que el Mayorazgo establecía que sólo podría haber herederos masculinos con el nombre de Colón. Ahora bien, contraviniendo de manera frontal y directa la disposición supuestamente establecida por el Almirante, el tribunal decidió aceptar también el nombre de «Colombo», información que se difundió por Italia. Como Cristóbal Colón, o lo que es lo mismo, Cristoforo Colombo, tenía derecho a una parte de todas las riquezas de las Indias, según lo acordado con los Reyes Católicos en 1492, la noticia de que cualquier Colombo podía aspirar a los derechos sucesorios despertó enorme interés entre todos los italianos con ese apellido. El problema es que se descubrió que el nombre Cristoforo Colombo era relativamente común en Italia, por lo que el tribunal exigió que los aspirantes presentasen en su línea ancestral a un hermano de nombre Bartolomeo y a otro Jacobo, además de a un padre llamado Domenico. Tres candidatos cubrían ese requisito. De los tres italianos, acabó quedando sólo uno. Se trataba de un tal Baldassare Colombo, de Cuccaro Monferrato, una pequeña población del Piamonte. Baldassare tuvo que enfrentarse a otros descendientes españoles de Colón y, como consecuencia de este proceso legal, un abogado español, llamado Verástegui, expuso la copia de la minuta, demostrando que estaba confirmada por el príncipe Juan el 22 de febrero de 1498, la fecha en que se elaboró el testamento.
– ¿Quién es el príncipe Juan?
– Era el hijo primogénito de los Reyes Católicos.
– ¿Entonces usted tiene la copia de la minuta confirmada por el príncipe heredero y aún tiene dudas sobre la fiabilidad del testamento?