– Déjeme que adivine -comentó Moliarti con un dejo de sarcasmo-: en ese documento hay problemas de fiabilidad.
– Pues los hay -repuso Tomás ignorando el tono irónico-. Hagamos un esfuerzo para reconstruir la imagen completa del problema. Para eso debemos tener siempre presente que los documentos sobre Cristoforo Colombo en Génova sólo empezaron a aparecer como hongos durante el siglo xix. Hasta entonces sólo había algún que otro testimonio, más o menos vago, y con determinadas anomalías. Pero la verdad es que nadie en Génova parecía conocer a Cristoforo Colombo. Los embajadores genoveses que se encontraban en Barcelona en 1493, Francesco Marchesi y Giovanni Grimaldi, con ocasión del regreso del navegante del primer viaje al Nuevo Mundo, relataron en Génova el hecho y se olvidaron de un pequeño detalle, una cosa por lo visto sin importancia: la de que el Almirante era un coterráneo suyo. Tampoco nadie en Génova les llamó la atención sobre ese hecho. ¿Tiene eso algún sentido? Pero hay más. Como ya hemos visto, el hijo español de Colón, Hernando, fue tres veces a la región de Génova en busca de confirmación de las vagas reivindicaciones de que el padre era de ahí y no fue capaz de encontrar a un solo familiar. Ni uno. Por otro lado, las actas notariales revelan que en 1492, con ocasión del descubrimiento de América, el padre del tejedor Cristoforo Colombo aún estaba vivo. Pues no hay noticia de que él o cualquier otro familiar, vecino, amigo o conocido hayan celebrado o siquiera registrado la gran proeza de ese muchacho, su supuesto paisano. Además, los documentos oficiales de Génova muestran que Domenico murió pobre en 1499, con todos los bienes hipotecados. Increíblemente, el descubridor de América ignoró a su padre, aun estando en la pobreza, hasta cuando murió. Ni tampoco, a su vez, los muchos acreedores de Domenico se acordaron de exigir a su famoso hijo el pago de las deudas del difunto. Aún más increíble, los cronistas e historiadores de los siglos xvi y xvii ignoraron olímpicamente que el descubridor de América era un conciudadano suyo. La obra Di Liberto Foglietta, della República di Genova, de Uberto Foglietta, hizo un registro de los ciudadanos famosos de Génova. Tanto la primera edición, publicada en Roma en 1559, como la segunda, editada en Milán en 1575, no señalan el nombre de Cristoforo Colombo, ni de Cristóvam Colom, ni de Cristóbal Colón, en la lista de notables de la ciudad, aunque mencionen a otros marinos genoveses mucho menos importantes, como Biagio D'Assereto, Lazaro Doria, Simone Vignoso y Ludovico di Riparolo. El historiador genovés Federico Federici, que vivió en el siglo xvn, también ignoró por completo al descubridor de América, y lo mismo ocurrió con Gianbattista Richeri, otro historiador genovés del siglo siguiente. Richeri publicó en 1724 el Foliatum Notariorum Genuensium, cuyo original se conserva en la Biblioteca Comunale Berio de Génova. Pues esta obra registra dieciocho apellidos Colombo en la ciudad entre 1299 y 1502 y ninguno de ellos se llamaba Domenico ni Cristoforo. Sin duda, ambos existieron, como prueban las actas notariales de la Raccolta, pero, por lo visto, los historiadores de Génova los consideraban poco importantes. Tan poco importantes que, en la lista de los alumnos de los colegios de Génova de aquel tiempo, listas que aún hoy existen, no consta el nombre de Cristoforo, a pesar de que el gran navegante sabía latín, leía autores clásicos, dominaba las matemáticas y conocía la cosmografía. Si no fue a los colegios de Génova, ¿a qué colegios fue? Finalmente, con ocasión del célebre «pleyto sucessorio», el proceso jurídico iniciado en 1578 para determinar al legítimo sucesor del Almirante después de la muerte de su bisnieto, aparecieron en España innúmeros candidatos de toda la Liguria y todos ellos afirmaban ser familiares de Cristoforo Colombo. -Fijó los ojos en Moliarti-. ¿Sabe cuántos de esos candidatos eran oriundos de Génova?
El estadounidense meneó la cabeza.
– No.
Tomás unió el pulgar con el índice, dibujando un cero con los dedos.
– Cero, Nelson. -Dejó que la respuesta flotara en el aire, como la intensa reverberación del eco de un gong-. Ni uno. Ni uno solo de esos candidatos era de Génova. -Hizo una pausa más para acentuar el efecto dramático de esta revelación-. Hasta que, en el siglo xix, los documentos comenzaron a aparecer por todas partes. Hay que entender, sin embargo, que la investigación histórica en este periodo se mezcló peligrosamente con los intereses políticos. Los italianos se encontraban en pleno proceso de unificación y afirmación nacional, liderado por el ligur Giuseppe Garibaldi. Aparecieron en ese momento las primeras tesis de que el descubridor de América, al fin y al cabo, podría no ser italiano, y eso se reveló inaceptable para el nuevo Estado. El Colombo genovés se presentaba como un símbolo de unión interna y de orgullo para los millones de italianos que se congregaban en el país recién creado, además de los muchos que empezaban a emigrar a Estados Unidos, a Brasil y a Argentina. El debate se volvió chovinista. Y en este contexto político y social la tesis genovesa se vio, de repente, sumida en una enorme confusión. Por un lado, logró reunir muchos documentos que probaban que existía realmente en la ciudad un Cristoforo, un Domenico, un Bartolomeo y un Jacobo, pero no tenía cómo demostrar, de forma inequívoca, que había una relación entre esas personas y el descubridor de América. Más aún, tal relación parecía absurda, considerando que el Colombo genovés era un tejedor inculto y el Colom ibérico un almirante versado en cosmografía, náutica y letras. Tomando en cuenta lo que estaba en juego, especialmente en el plano político y en el clima de afirmación nacional italiana, eso era inaceptable. El Documento Assereto es el que, providencialmente, vino a traer la prueba que tanto hacía falta. Y el hecho de que ese documento apareciera justamente cuando era más necesario constituye, sin duda, un fenómeno sospechoso. Y más sospechoso todavía si se piensa que el coronel Assereto, después de exhibir la prueba tan anhelada, fue condecorado por el Estado italiano por los elevados servicios prestados a la nación, y ascendido a general.
– Tom, todo eso puede ser verdadero, pero, discúlpeme una vez más, es especulativo. ¿Existe algún elemento que conste en el acta notarial descubierta por Assereto que pueda considerarse sospechoso?
– Existe, sí.
Los dos hombres se miraron durante un largo instante.
– ¿Cuál? -preguntó Moliarti por fin, tragando saliva.
– La fecha de nacimiento de Colón.
– ¿Qué tiene esa fecha de extraño?
– Tiene dos anomalías. La primera, una vez más, está relacionada con el timing del descubrimiento del Documento Assereto. En 1900, se celebró un congreso de americanistas, en el que quedó establecido que Colón había nacido en 1451. Era una mera suposición, basada únicamente en un acta notarial de 1470, en la cual aparece escrito… -Consultó la copia del acta, que obtuvo en Génova-: «Cristoforo Colombo, figlio di Domenico, maggiori di diciannove anni». -Tomás hizo unos cálculos en la libreta de notas-. Si quitamos diecinueve a 1470, da 1451. Por tanto, los congresistas, apoyados únicamente en este documento notarial y sin ninguna prueba de que Cristoforo Colombo fuese Colom, determinaron que ése fue el año de nacimiento del descubridor de América. Veamos, pues, lo que observó el historiador portugués Armando Cortesáo a propósito del Documento Assereto. -Sacó un libro voluminoso de la cartera, titulado Cartografía e cartógrafos portugueses dos sáculos XV e XVI, localizó la página que buscaba y leyó unas líneas previamente subrayadas a lápiz-. «Es extraordinario que hubiese, coincidiendo tan bien con el testamento de Colombo y otros documentos conocidos y confirmando con tanta precisión la edad, por suposición, basada en el congreso de los americanistas, en 1900, un documento tan importante en los procuradísimos archivos de Génova, explorados por centenares de ávidos investigadores en lo tocante al periodo colombino, para colmo entre papeles notariales, sin que hasta entonces nadie reparara en él y en tan importante declaración. ¡Desastrosa coincidencia! En 1900, el congreso fija el año de 1541 como fecha de nacimiento de Colón y luego, en 1904, aparece un documento de 1479, donde él mismo dice tener 27 años y todo lo demás coincide con otros datos que muchos consideraban poco seguros, tal como la estancia en Portugal en 1478»; coincidencia tan extraña que llevó al famoso historiador portugués a observar, siempre a propósito del Documento Assereto, que «la industria de falsificación de documentos "antiguos" alcanzó tal perfección que en ese capítulo nada nos sorprende». -Tomás miró a su interlocutor-. Del timing, estimado Nelson, ya hemos hablado. -Acomodó el volumen de Armando Cortesão en la cartera-. Vamos ahora a la fecha en sí. El Documento Assereto confirma, con admirable celeridad y solicitud, la fecha casi arbitrariamente establecida cuatro años antes por el congreso de americanistas. Pero la afirmación de que 1451 fue el año en que Cristóbal Colón nació es contradicha por un testimonio de peso. -Tomás se quedó un instante mirando a Moliarti, con expresión de desafío-. ¿Se imagina quién fue el que cuestionó la fecha proporcionada por el Documento Assereto?