Más carcajadas.
Pasaron por la sinagoga Yeshivah y llegaron a una amplia plaza. Al fondo se alzaba una alta muralla, con enormes bloques de piedra caliza, y se veían filas de judíos abajo, con kipah en la cabeza, balanceando el tronco hacia delante y hacia atrás, junto a la gigantesca pared de aspecto rudo y viejo. La zona de las oraciones estaba protegida por una cerca ornamental que, formada por bloques de piedra con una menorah de hierro forjado en la parte superior y con todas las estructuras metálicas ligadas unas a otras por una cadena negra, separaba el espacio de oración del resto de la plaza.
– El Koyel Hamaaravi -anunció Chaim-. El Muro Occidental.
Tomás se quedó un instante contemplando la escena que tantas veces había visto en la televisión o en fotografías de revistas.
– ¿Por qué razón éste es el lugar más santo del judaísmo? -preguntó el portugués.
Chaim señaló una cúpula áurea, que resplandecía en el monte por detrás de la muralla.
– Todo comenzó allí, debajo de aquella cúpula dorada. La cúpula protege la piedra sobre la cual el patriarca Abraham, obedeciendo una orden de Dios, se preparaba para matar a su hijo Isaac. En el último instante, sin embargo, un ángel le trabó el brazo. Esa roca se llama «even hashetiah» y es la piedra fundamental del mundo, la piedra primordial, en ella se apoyó el Arca de la Alianza. Toda esta elevación, donde se encuentra la piedra de Abraham, es el monte Moriah, el monte del Templo, dado que fue aquí donde el rey Salomón hizo construir el primer templo. Pero, cuando Salomón murió, varios conflictos llevaron a la división de la nación judaica, la cual, después de ser derrotada por los asirios, fue dominada por los babilonios, que destruyeron el templo en cuestión. Los babilonios acabaron derrotados por los persas y a los judíos se les autorizó a regresar a sus tierras. Entonces se construyó el segundo templo. El paso de Alejandro Magno dejó las semillas de un periodo de dominación griega en Oriente Medio, más tarde sustituida por la dominación romana. Si bien no abandonaron el control de la situación, los romanos permitieron que los judíos fuesen gobernados por reyes judíos. Fue así como, poco antes del nacimiento de Cristo, el rey Herodes ensanchó el templo y construyó una gran muralla exterior, de la que sólo se conserva una parte, el llamado Muro Occidental. Pero en el año 66 de la era cristiana, los judíos se sublevaron contra la presencia romana e iniciaron las llamadas guerras judaicas. En respuesta a ello, los romanos conquistaron Jerusalén y en el año 68 arrasaron el templo, un acontecimiento que llegó a revelarse como profundamente traumático para nuestra nación. -Hizo un gesto en dirección a la gran muralla-. Por ello el Muro Occidental es también conocido como Muro de las Lamentaciones. Los judíos vienen aquí a lamentase por la destrucción del templo.
Entraron en la gran plaza y caminaron hacia el muro. Tomás observó su superficie ruda, de donde surgían, aquí y allá, matas verdes de beleño y, en la cima, entre las grietas de las rocas, vestigios de boca de dragón. Las piedras de abajo eran enormes, sin duda pertenecientes a la muralla original, mientras que las de arriba, mucho más pequeñas, mostraban añadidos posteriores. En los espacios entre las piedras vislumbró incluso dos nidos, posiblemente de las golondrinas o gorriones que sobrevolaban la plaza, llenándola con un delicioso duelo de celestiales píos y gorjeos.
– Pero ¿por qué razón es tan importante este templo para ustedes? -preguntó el visitante, deteniéndose en medio de la plaza para apreciar la muralla.
– El templo es sagrado.
– Pero ¿por qué?
– El templo era el centro del universo espiritual, el lugar por donde entraba la bondad en el mundo. En este sitio había respeto por Dios y por su Tora. Fue aquí donde Abraham casi sacrificó a Isaac y donde Jacob soñó con una escalera capaz de alcanzar el Cielo. Cuando los romanos arrasaron el templo, los ángeles bajaron a la Tierra, cubrieron esta parte de la muralla con las alas y la protegieron, diciendo que nunca sería destruida. Por esta razón los profetas afirman que la presencia divina jamás abandonará los últimos vestigios del templo, el Muro Occidental. Jamás. Según ellos, el muro nunca será destruido, porque es eternamente sagrado. -Señaló las enormes piedras en la parte baja de la muralla-. ¿Ve esas piedras? La mayor de ellas pesa cuatrocientas toneladas. Cuatrocientas. Es la mayor piedra que haya cargado alguna vez un hombre. No existen piedras de este tamaño en los monumentos antiguos de Grecia ni en las pirámides de Egipto, ni siquiera en los modernos edificios de Nueva York o Chicago. No hay ninguna grúa moderna que tenga fuerza para levantar esa piedra, fíjese. -Respiró hondo-. El Talmud enseña que, cuando el templo fue destruido, Dios cerró todas las puertas del Cielo. Todas, menos una. La puerta de las Lágrimas. El Muro Occidental es el sitio donde los judíos vienen a llorar, aquí está la puerta de las Lágrimas, el sitio de las lamentaciones. Todas las oraciones rezadas por judíos de todo el mundo convergen en el Muro Occidental y es en este punto, a través de la puerta de las Lágrimas, donde ascienden al Cielo y llegan a Dios. El Cantar de Cantares evoca Su presencia, entonando: «helo ahí, detrás de nuestro muro».
– Pero si este templo es tan importante, ¿por qué razón no lo reconstruyen?
– La reconstrucción comenzará cuando venga el Mesías. El tercer templo será edificado exactamente en el lugar donde se alzaron el primero y el segundo. El midrash dice que este tercer templo ya fue erigido en el Cielo y está sólo aguardando sus preparativos en la Tierra. Todo indica que ese tiempo se avecina. Una señal muy fuerte es el regreso del pueblo judío a la Tierra Prometida. El Mesías construirá el templo en el monte Moriah, el monte del Templo.
– ¿Y cómo saben ustedes que el Mesías es realmente el Mesías y no un impostor?
– Justamente por la reconstrucción del templo. Una señal de que se trata del verdadero Mesías es su responsabilidad en su reconstrucción.
– Pero allí está la mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Piedra -dijo señalando las bóvedas islámicas detrás del muro-. Para construir el tercer templo, ustedes tendrán que derribar las mezquitas, que son las terceras más sagradas del islam, y todo lo que hay allí. El Haram El-Sharif es un recinto venerado por los musulmanes. ¿Cómo cree que van a reaccionar?
– El problema será resuelto por Dios y por su emisario, el Mesías.
El portugués hizo un gesto de escepticismo.
– Pagaré para verlo -comentó e hizo un movimiento para mirar el monte Moriah-. Chaim, explíqueme cómo es posible que, habiendo tantos montes, los judíos y los musulmanes hayan elegido precisamente el mismo monte para el lugar sagrado.
– La respuesta a esa pregunta está en la historia, claro. Los romanos expulsaron a los judíos de Jerusalén y emprendieron también grandes persecuciones contra los cristianos. Hasta que, en el siglo iv después de Cristo, el emperador romano Constantino se convirtió al cristianismo. La madre de Constantino, Helena, vino a Jerusalén y mandó construir las primeras iglesias cristianas en los lugares relacionados con la vida de Cristo. Jerusalén recuperó su importancia. En el año 614, el ejército persa invadió esta región y, con el apoyo de los judíos, diezmó a los cristianos. Los romanos, que ahora eran bizantinos, reconquistaron Palestina en 628, el mismo año en que un ejército encabezado por el profeta Mahoma tomó La Meca e hizo surgir en el mundo una nueva fuerza religiosa, el islam. Diez años después, ya muerto Mahoma, su sucesor, el califa Ornar, derrotó a los bizantinos y conquistó Palestina. Como el islam reconoce a Abraham y el Antiguo Testamento, sus seguidores consideraron también que Jerusalén era un lugar sagrado. Para colmo, los musulmanes creían que Mahoma, años antes, había subido al Cielo desde la even hashetiah, la piedra donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo y sobre la cual los judíos habían construido sus dos templos. Se retiraron los escombros dejados por los romanos en el monte Moriah y los musulmanes construyeron aquí sus dos santuarios, la Cúpula de Piedra, en 691, y la mezquita de Al Aqsa, en 705, integrados en el recinto sagrado de Haram El-Sharif. -Hizo un movimiento con el brazo, abarcando toda la elevación por detrás del Muro de las Lamentaciones, incluida la cúpula dorada que brillaba al sol, a la izquierda, como si fuese la corona real de la ciudad vieja-. A cristianos y judíos se les prohibió entrar en este recinto construido en el monte Moriah, pero siguieron viviendo en Jerusalén. Hubo un periodo de convivencia relativamente tolerante, hasta que, en el siglo xi, los musulmanes cambiaron de política y prohibieron el acceso de los cristianos y de los judíos a Jerusalén. Fue el comienzo de los problemas. La Europa cristiana reaccionó mal y organizó las Cruzadas. Los cristianos reconquistaron Jerusalén y llegaron incluso a formar una orden religiosa con el nombre del Templo.