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– ¿Ese amigo no le ha contado nada más durante aquella noche? ¿La noche en la que ustedes se quedaron en el restaurante y Wayne se fue a casa?

Ella miró sorprendida a Snider, que se limitó a mover los hombros.

– Jasmin, ya lo hemos repasado todo. ¿No te ha contado nada más? A mí me había comentado después por teléfono que el hueso procedía de Babilonia.

– ¿Qué importancia tiene eso? -preguntó Jasmin.

– Lo que pretendemos es entenderlo, simplemente. Cada detalle podría acelerar nuestros análisis, señorita Persson -en los ojos verde marinos de Hank Thornten bailaban claros puntos como crestas de espuma sobre las olas del mar-. Usted misma sabe lo difícil que es esto. El trabajo más sencillo consistirá incluso en definir simplemente los genes. Sin embargo, su relación, sus efectos, la influencia en las enzimas, toda la red completa… ¡El mundo no debería esperar demasiado tiempo por nuestro descubrimiento!

Jasmin le dedicaba una fría mirada al grupo y su voz sonaba áspera como una lija de hierro:

– ¿Es por eso por lo que lo quiere probar en Mattias?

* * *

Chris se encontraba de pie en el vestíbulo y miraba impaciente hacia el conserje uniformado que permanecía sentado detrás del cristal y respondía a sus preguntas con sacudidas indiferentes de los hombros y sin abrir la puerta de la entrada principal, que permanecía cerrada.

Parecía evidente que aquí no había ninguna Jasmin Persson, nadie procedente de Dresde, ningún Wayne Snider, ninguna Anna.

Por otro lado, era demasiado tarde para darle un recado a alguien o realizar una entrega. Los tiempos de visita para la clínica se habían acabado, y por supuesto en los laboratorios ya no trabajaba nadie.

Chris se quitó la mochila de la espalda, sacó la pistola, la cargó de forma ostensible y apuntó hacia la pequeña abertura de comunicación con el puesto de conserje.

– ¡Abra! -Chris golpeaba con fuerza la empuñadura del arma contra el cristal.

En la pared detrás del conserje se abrió una puerta por una rendija, y por un instante se hizo visible una cabeza. Acto seguido se cerró de nuevo y pocos segundos más tarde se colocaron del otro lado de la puerta de entrada, que continuaba cerrada, tres hombres con las armas cargadas.

Sus armas apuntaban a Chris, quien levantó los brazos, sonriendo de oreja a oreja, para bajarlos de nuevo a continuación. Uno de los guardias hablaba excitado a través de la radio.

* * *

Hank Thornten tomó las manos de Jasmin. Ella se puso tensa, pero él continuaba agarrándolas fuerte sin piedad.

– Por muy increíble que parezca, estos ratones que ve ahí eran viejos; deberían estar muertos a estas alturas. Sin embargo, continúan con vida. El cromosoma ha rejuvenecido en Dresde a estos animales. Y aquí ha ocurrido de nuevo. ¿Lo entiende?

Ella asentía con la cabeza.

– Yo no. -Thornten miró a Jasmin con expresión seria-. Lo único que veo es que funciona. La enfermedad hepática matará a Mattias. No hay ninguna salvación posible. Su hermana ya lo ha intentado todo. Al menos…

– ¿Qué es lo que quiere? -gritó Jasmin alterada.

– ¡Salvar al chico! -Thornten la retaba con la mirada-. Los resultados no dejan lugar a duda -refutaba él mientras mantenía su boca cerca de su cara-. Convenza a su hermana de suministrar a Mattias esta secuencia genética, ¡y el chico vivirá! Observe lo vivaces que están de nuevo estos ratones tan viejos.

Aturdida, observó a los ratones corriendo de un lado para otro en la pantalla.

– ¿Quiere probar usted este cromosoma en Mattias sin conocer las posibles consecuencias?

– No -Thornten meneaba enérgico la cabeza-. ¡Conocemos el resultado! Mire con mayor atención. Usted sabe de lo que estamos hablando. Usted es la mano derecha de Wayne. Aquello que está viendo delante de usted es un experimento animal. Un experimento animal llevado a cabo con éxito.

– Usted mismo sabe que este experimento no demuestra nada -contradijo Jasmin-. ¡Un ratón no es un animal que guarde semejanza con el hombre! ¿Por qué tanta prisa? ¿Por qué no espera a los resultados de otras pruebas? Mattias no se va a morir mañana. ¿Por qué no comienza otras pruebas para investigar qué se esconde en los genes que hay en el cromosoma? Usted desconoce sus efectos. Usted está viendo un resultado que podría ser bien diferente si ocurriera bajo otros parámetros. ¡Sus intenciones son totalmente irresponsables! -Jasmin jadeaba de la excitación mientras cerraba sus manos en puños.

– No somos principiantes -Thornten arrugó ofendido la cara-. ¡Qué poco confía en nuestras capacidades! ¡Usted es una de nosotros! Y nuestros laboratorios están a la vanguardia del mundo. ¡Usted lo sabe! ¿Cree usted que le ofreceríamos nuestra ayuda si Mattias pudiera sufrir algún daño? ¿Por quién me toma usted? -sus ojos centelleaban-. Cuando un experimento animal es amparado por un éxito de estas características, cabe augurar resultados parecidos en el ser humano. ¡Será la única oportunidad de la que disponga Mattias! ¿No lo entiende?

– ¿Qué es lo que le da la seguridad y el derecho para actuar de esta forma tan presuntuosa? Yo siempre he creído que afrontaríamos con responsabilidad aquello a lo que nos dedicáramos. Hasta ahora siempre viví con la convicción de que nunca debe ocurrir precisamente lo que está proponiendo… -Jasmin temblaba con todo su cuerpo-. ¿Realmente vivimos en un tiempo en el que es posible realizar lo que usted tiene intención de hacer?

– ¿En qué medida es usted presuntuosa a su vez? -Thornten se inclinó hacia delante-. Nos culpa de intenciones ilícitas, cuando en realidad queremos ayudar. Nosotros creemos en nuestra vocación y en aquello que investigamos. ¿Qué es concretamente lo que debería ir mal? ¡Los ratones no se han muerto! ¡Están vivos! ¡Con cuerpos jóvenes! Es fascinante. Todas las células están aprovechando el proceso de regeneración. Y ahí… -Thornten señalaba en dirección a la pantalla-. En la jaula derecha hay ratones procedentes de aquí. ¿Cuándo fueron inyectados? -Thornten giró la cabeza mirando de soslayo en dirección a la habitación.

– El domingo por la noche -dijo Snider.

– ¿Lo ve? Hace casi dos días. Usted podría decir lo mismo de Mattias dentro de dos días. ¡Usted sabe lo mal que se encuentra y lo mucho que sufre!

Jasmin permaneció con su mirada clavada en la pantalla mientras mordisqueaba su labio inferior. De repente le invadieron imágenes del pasado, la esperanza de una salvación para Mattias, y más tarde una vez más la desesperanza. ¿Escondían los argumentos de Thornten quizás una verdad que ella simplemente no entendía?

– ¿Dónde está Anna? -quería saber ella.

– Con su hijo. Ella lo está cuidando. Está empeorando día a día -Thornten enfatizaba cada sílaba.

– ¿Qué opina ella de la propuesta?

– Bueno, se niega a dar su consentimiento.

– Ella tendrá sus razones -dijo Jasmin, visiblemente aliviada por las dudas que acababan de invadirla-. Ella es por ley su tutora. Ella es la que decide.

– Pero ella no es capaz de entender la oportunidad que le ofrece este nuevo descubrimiento.

– Yo tampoco. Yo solo soy la asistenta científica de Wayne, no soy ninguna experta. Mi sano juicio me dice que esto va demasiado rápido.

– Pero usted entiende mucho más de esto, usted puede sopesar mejor las opciones. Convenza a su hermana. ¡Por favor! -suplicó Hank Thornten-. Tenga en cuenta que sin tratamiento, Mattias morirá. Pero con esta terapia tiene una oportunidad… ¿cómo puede dudar todavía? ¡Yo lo haría todo para salvar la vida de mi hijo! ¿Lo está haciendo también la madre de Mattias? Sea sincera: ella tiene miedo a la responsabilidad, ella vacila y rehúye, perjudicando de este modo al niño. ¿Y usted? ¡Si fuera mi sobrino no dudaría ni un segundo en salvarle!

– ¡No! ¡Basta! -Jasmin alzó brevemente las manos y replicó con una voz que le costó controlar no sin esfuerzo-. ¿Por qué no recurre a las terapias que habían previsto en un principio para Mattias?