En la plantación de los Larousse el encargado de la presa era Henry, el marido de Annie. A su abuelo, por aquel entonces ya difunto, lo capturaron en enero de 1764 y lo llevaron al campo de prisioneros de Barra Kunda, en la zona alta de Guinea. Desde allí lo trasladaron a James Fort, a través del río Gambia, en octubre de 1764. Aquél era el punto principal de embarque de esclavos para el Nuevo Mundo. Llegó a Charles Town en 1765, y allí lo compró la familia Larousse. Cuando murió, tenía seis hijos y dieciséis nietos. Henry era el nieto mayor. Henry se había casado con su joven esposa, Annie, seis años antes y por entonces tenía tres niños. Sólo uno de ellos, Andrew, alcanzaría la madurez y sería padre, una línea que se prolongaría hasta principios del siglo XX, hasta terminar en Atys Jones.
Un día, en 1833, ataron a Annie, la mujer de Henry, al Potro y la azotaron hasta que el látigo se rompió. Como le habían arrancado totalmente la piel de la espalda, le dieron la vuelta y empezaron a azotarla de frente con otro látigo. Su intención era castigarla, no matarla. Annie era una mercancía demasiado valiosa como para matarla. La había perseguido un grupo de hombres encabezado por William Rudge, uno de cuyos descendientes colgaría de un árbol a un hombre llamado Errol Rich, ante una multitud de curiosos, en el nordeste de Georgia. La vida de aquel descendiente sería segada por un negro sobre un lecho de whisky y serrín. Rudge era el pattyroller, el patrullero de los esclavos, cuya tarea consistía en perseguir y dar caza a los que optaban por escaparse. Annie había salido huyendo de un hombre llamado Coolidge, el cual la había arrastrado detrás del tocón de un árbol e intentado violarla por detrás cuando la vio pasar por un camino de barro, transportando la carne de una vaca que el Viejo Amo había mandado sacrificar el día anterior. Cuando Coolidge estaba forzándola, Annie agarró del suelo la rama de un árbol y se la clavó en un ojo, y casi le dejó ciego. Entonces se escapó, porque nadie se tomaría la molestia de creer que lo hizo en defensa propia, ni siquiera en el caso de que Coolidge afirmase que la herida no fue intencionada, que se topó en el camino con la negra mientras él iba borracho de licor robado. El pattyroller y sus hombres la siguieron y la llevaron de vuelta ante el Viejo Amo. La ataron al Potro y la azotaron, y a su marido y a sus tres hijos los obligaron a presenciar el castigo. Pero no sobrevivió al azotamiento. Tuvo unas convulsiones y murió.
Tres días más tarde, Henry, el marido de Annie, el fiel encargado de la presa, inundó de agua salada la plantación de los Larousse, malogrando toda la cosecha.
Una patrulla de hombres armados lo persiguió a lo largo de cinco días. Henry había robado una pistola Marston de tambor y estaba claro que, quienquiera que se cruzase en su camino cuando descargase las seis balas, se reuniría de inmediato con el Creador. Así que los jinetes contuvieron el avance y enviaron por delante a un grupo de esclavos ibos para que siguiesen el rastro de Henry, tras prometerles que recompensarían con una moneda de oro a aquel que apresase al huido.
Al final acorralaron a Henry en la linde de la ciénaga del Congaree, no lejos del lugar donde ahora se levanta un bar llamado Swamp Rat, el mismo bar en que Marianne Larousse se tomaría una copa la misma noche en que murió, porque la voz del presente contiene el eco del pasado. El esclavo que encontró a Henry cayó muerto al suelo, con unos agujeros desiguales en el pecho producidos por las balas de la Marston disparadas a quemarropa.
Tomaron tres pinchos metálicos de catar arroz, que eran unos artefactos huecos en forma de T acabados en una punta afilada para poder clavarlos en el suelo, con ellos crucificaron a Henry en un ciprés y lo dejaron allí con las pelotas dentro de la boca. Pero, antes de que Henry muriese, el Viejo Amo se detuvo delante de él montado en un carro con los tres hijos del esclavo. Lo último que vio Henry antes de que sus ojos se cerraran para siempre fue cómo Andrew, el menor de sus hijos, era arrastrado por el Viejo Amo detrás de unos arbustos. Después el niño comenzó a gritar y Henry murió.