Las demás Atha’an Miere parecieron acoger la arenga como algo esperado y pertinente, pero las Allegadas contemplaban boquiabiertas por la estupefacción a Caire. En opinión de Elayne, calificar la parrafada de grandilocuente era quedarse corta; ¡era obvio que Caire esperaba plenamente que la Luz «quisiera», y que «ella» se molestaría si no ocurría así! Nynaeve alzó los ojos al cielo y abrió la boca, pero Caire se le adelantó.
—Nynaeve —anunció la Detectora de Vientos en voz alta—, te toca demostrar la técnica de la coligación. ¡Empieza, mujer, y aprisa!
En respuesta, la antigua Zahorí cerró los ojos con fuerza y apretó los labios. Daba la impresión de que una arteria se le fuera a reventar en cualquier momento.
—Deduzco que eso significa que tengo «permiso» para hablar —masculló, por suerte en voz tan baja que Caire, situada al otro lado del círculo, no la oyó. Abrió los ojos y esbozó una sonrisa que resultaba espantosa en conjunto con el resto de su expresión. Era el gesto de quien tiene ardor de estómago y varias dolencias más concentradas en una.
—El primer paso es abrazar la Fuente Verdadera, Caire. —La luz del saidar brilló de pronto alrededor, con intensidad; por lo que percibía Elayne, estaba utilizando ya el angreal que llevaba puesto—. Doy por sentado que sabes cómo hacer eso, por supuesto. —Hizo caso omiso de los labios repentinamente apretados de Caire y prosiguió—. Elayne me ayudará ahora en la demostración, si es que tenemos tu permiso.
—Me preparo para abrazar la Fuente —se apresuró a intervenir la heredera del trono, antes de que Caire estallara—, pero en realidad no la abrazo. —Se abrió al Poder y las Detectoras de Vientos se echaron hacia adelante, observándola con gran atención aunque aún no había nada que ver. Incluso Kirstian y Garenia olvidaron su miedo lo bastante para mostrar interés—. Mientras estoy en este punto, lo difiero a Nynaeve.
—Ahora entro en contacto con ella… —Nynaeve se interrumpió y miró a Talaan. Elayne no había tenido ocasión de decirle nada—. Es parecido a hacerlo con un angreal —añadió, dirigiéndose a la esbelta aprendiza. Caire gruñó y Talaan intentó observar a Nynaeve sin levantar la cabeza—. Te abres a la Fuente a través de un angreal, del mismo modo que haré a través de Elayne. Como si intentaras abrazar el angreal y la Fuente a la vez. En realidad no es muy difícil. Observa y lo verás. Cuando llegue el momento de incluirte en el círculo, no tienes más que ponerte en el límite de estar a punto de absorberla. De ese modo, cuando yo la abrace a través de ti también lo haré a través del angreal.
Con concentración o sin ella, el sudor empezó a perlar la frente de Elayne. Claro que el calor no tenía nada que ver. La Fuente Verdadera la llamaba, palpitaba, y ella palpitaba al unísono. La apremiaba. Cuanto más tiempo permanecía suspendida en ese punto en el que casi tocaba el Poder, más intenso era el deseo, la necesidad. Aguantó, pero empezó a temblar levemente. Vandene le había dicho que cuanto más se encauzaba, peor se volvía esa ansiedad.
—Fíjate en Aviendha —dijo Nynaeve a Talaan—. Ella sabe cómo… —Reparó entonces en el semblante de Elayne y terminó rápidamente—. ¡Observa!
No era exactamente como utilizar un angreal, aunque se parecía mucho. Y tampoco era para realizarlo con prisas; en el mejor de los casos, Nynaeve no tenía un contacto suave. Elayne se sentía como si la estuviesen sacudiendo; físicamente no ocurría nada, pero dentro de su cabeza parecía que la zarandearan y rodara dando tumbos ladera abajo. Lo peor, sin embargo, era la desesperante lentitud con que esos zarandeos la acercaban hacia la Fuente. Sólo se tardaba unos segundos, aunque daba la impresión de que fuesen días. Quería chillar, pero no podía respirar. De pronto, como si reventara un dique, el Poder Único fluyó a través de ella, un torrente de vida y gozo, de dicha ilimitada, y exhaló en un largo resuello de placer y alivio tan abrumador que las piernas le temblaron. Apenas pudo contener el jadeo. Tambaleante, se irguió y dirigió una mirada severa a Nynaeve, quien se encogió de hombros en un gesto de disculpa. ¡Dos veces en un mismo día! Por fuerza el sol tenía que estar volviéndose verde.
—Ahora controlo el flujo del saidar de ella además del mío —prosiguió Nynaeve, esquivando los ojos de su amiga—, y seguiré haciéndolo hasta que la suelte. Bien, no temáis que quienquiera que dirija el círculo —asestó una mirada ceñuda a Caire y aspiró por la nariz con desdén— pueda haceros absorber demasiado. Realmente es muy parecido a un angreal. Los angreal actúan como topes que protegen de la carga adicional de Poder, y de un modo semejante, en un círculo no se os puede hacer absorber demasiado. A decir verdad, en un círculo se puede absorber más de lo que de otro mod…
—¡Esto es peligroso! —la interrumpió Renaile mientras se abría paso entre Caire y Tebreille. Su mirada ceñuda abarcaba a Nynaeve, Elayne y las hermanas que estaban fuera del círculo—. ¿Dices que una mujer puede, sin más, apresar a otra, retenerla, utilizarla? ¿Cuánto hace que vosotras, Aes Sedai, sabéis esto? Os lo advierto, si intentáis utilizarlo con una de nosotras… —Ahora le llegó el turno de que la interrumpieran a ella.
—No funciona así, Renaile —dijo Sareitha, que tocó a Garenia en el hombro y ésta y Kirstian se apartaron para dejarla pasar. La joven Marrón miró a Nynaeve con incertidumbre; luego enlazó las manos y adoptó un tono didáctico, como si se dirigiera a una clase. Con él llegó la compostura; quizás en ese momento veía a Renaile como una alumna—. La Torre estudió esto durante largos años, mucho antes de la Guerra de los Trollocs. He leído todas las páginas que se conservan en la biblioteca de la Torre sobre esos estudios. Se demostró de manera concluyente que una mujer no puede formar una coligación con otra en contra de su voluntad. Es imposible hacerlo, simplemente; no ocurre nada. Es preciso un sometimiento voluntario, igual que para abrazar el saidar. —Hablaba con absoluta certeza, pero Renaile seguía ceñuda; todo el mundo sabía que las Aes Sedai podían eludir el Juramento contra la mentira.
—¿Y por qué lo estudiaron? —inquirió la Atha’an Miere—. ¿Por qué le interesaba tanto a la Torre una cosa así? ¿Acaso lo seguís estudiando?
—Eso es ridículo. —La exasperación rezumó en la voz de Sareitha—. Para que lo sepas, fue el problema de los hombres capaces de encauzar lo que las condujo a ello. Por aquel entonces, para algunas el Desmembramiento del Mundo era un suceso acaecido en su tiempo. Imagino que muchas hermanas ni siquiera lo recuerdan, ya que no ha formado parte de la instrucción requerida desde antes de la Guerra de los Trollocs, pero también se puede hacer entrar a hombres en el círculo, y como el círculo no se rompe incluso si te quedas dormida… En fin, que las ventajas son obvias. Por desgracia, el intento fue un fracaso total. Bien, volviendo al tema que nos ocupa, repito que es imposible obligar a una mujer a entrar en un círculo. Si lo dudas, inténtalo tú misma y lo verás.
Renaile asintió, aceptando por fin la evidencia; poco más podía hacerse cuando una Aes Sedai daba un dictamen concluyente sobre algo. Con todo, Elayne no lo tenía tan claro. ¿Qué había en las páginas que no se habían conservado? Había advertido un ligerísimo cambio en la entonación de Sareitha en cierto momento. Tenía unas cuantas preguntas, pero las dejaría para más tarde, cuando no hubiese tantos oídos atentos.
Cuando Renaile y Sareitha salieron del círculo, Nynaeve estiró su falda pantalón para ponerla derecha, obviamente irritada por la interrupción, y abrió la boca de nuevo.
—Continúa con tu demostración, Nynaeve —ordenó Caire con aspereza. La fría impasibilidad plasmada en su oscura tez recordaba un estanque helado, pero tampoco ella se sentía muy complacida.