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Cuando Long volvió a la mesa con otra bandeja de cangrejos recién hervidos, Chen se dirigió a él en un tono más serio.

– Tengo que decirle algo en nombre de la Asociación de Escritores.

– Ah, sí, usted es un miembro ejecutivo.

– Quieren modificar el sistema que rige la clasificación de los escritores profesionales. Como sabrá, debido al recorte en las subvenciones del Gobierno puede que algunos cambios sean inevitables.

Dichos cambios apenas afectarían a Chen, quien recibía un sueldo fijo del Departamento de Policía, pero serían catastróficos para bastantes escritores profesionales como Long, que no encontrarían fácilmente otro empleo en un mercado tan competitivo como el actual.

– ¿Qué ha oído sobre este asunto?

– A decir verdad -dijo Chen, desatando las patas de un cangrejo-, el sistema de escritores profesionales tiene sus ventajas. Hay que tener en cuenta las circunstancias particulares de cada escritor. Los que escriben superventas no necesitan el dinero de la asociación. Pero otros, cuyo trabajo exige mucha investigación, siguen necesitando la «paga para escritores profesionales», más todavía en la sociedad actual. Es algo que recalqué en la reunión.

– ¿Y qué dijeron los demás?

– Hicieron hincapié en la importancia de tener obras publicadas. Después de todo, un escritor puede alaban su propia obra tanto como quiera, pero es necesario evaluarla según un criterio general. Así que este asunto se votará en un comité especial.

– ¿Y usted forma parte de ese comité?

– Sí, pero veo difícil que me escuchen. -Chen hizo una pausa para romper la pinza del cangrejo con el puño, golpeándola repetidamente sobre la mesa-. Ahora bien, si se publica esta nueva traducción al inglés, y siendo usted el asesor chino del libro, sin duda puedo intervenir en su favor. Y también en el mío.

– ¿En el suyo? -interrumpió Long-. Usted ni siquiera es un escritor profesional, ¿no?

– Algunos creen que sólo me interesa la poesía moderna occidental, pero eso no es cierto. He traducido bastantes poemas clásicos chinos. En este sentido, una recopilación de poemas de Mao me beneficiaría.

Long asintió con la cabeza. La explicación de Chen le pareció convincente, puesto que había oído bastantes comentarios acerca de la polémica obra de Chen.

– Si usted publica tanto aquí como en el extranjero -siguió explicando Chen-, no creo que nadie votara en su contra.

– Inspector jefe Chen, le agradezco su apoyo y admiro su pasión por la obra de Mao -dijo Long, alzando el vaso lentamente-. Pone empeño en ofrecer una traducción fidedigna y objetiva y eso dice mucho de su integridad.

Chen esperó a que Long acabara de hablar. Obviamente, había cambiado de opinión por haber visto amenazado su estatus de «escritor profesional». Sin el apoyo de Chen, no cabía duda de que el comité votaría en su contra.

Se hizo un breve silencio, interrumpido únicamente por el ruido de los cangrejos que continuaban moviéndose en el fondo de la palangana de plástico, sin dejar de soltar burbujas.

– Volviendo a sus preguntas, inspector jefe Chen -dijo Long-, he recopilado algunos datos que no proceden de una investigación ortodoxa. Podrían considerarse habladurías, ya sabe. Pero, como traductor responsable que es, seguro que sabrá seleccionarlos y juzgarlos.

– Eso haré, desde luego -admitió Chen, consciente de que éste era un paso necesario para que Long se distanciara de la información-. Asumiré toda la responsabilidad de la traducción.

– En cuanto a la identidad de la miliciana, ¿dónde leyó el dato?

– En un periódico de Pekín. Según aquel artículo, Mao escribió el poema para una telefonista en el Mar del Sur Central. La chica se sacó una foto vestida de miliciana y se la mostró a Mao. Pero ¿cómo pudo suceder algo así? Una telefonista no habría podido acercarse a Mao.

– Exacto -dijo Long, quebrando una pata de cangrejo con fuerza-. De hecho, circulan distintas versiones de la historia en la que se basa el poema. No es ningún secreto que Mao tenía varias parejas de baile. Además de esas coristas, entre sus parejas también se contaban algunas mujeres que trabajaban para él, como las camareras del tren especial, las enfermeras y las telefonistas. Según una de las versiones, fue una enfermera, y no una telefonista, la que le enseñó la fotografía a Mao, y éste escribió el poema como agradecimiento.

¿Qué otras versiones corren?

Bueno, ¿ha oído hablar de una actriz de cine llamada Shang?

– Sí, ¿qué pasa con ella? -preguntó Chen, poniéndose en guardia.

– Ella también bailó con Mao. Se dijo que el poema estaba dedicado a esa actriz, que interpretó el papel de miliciana en una película. Yo fui a ver la película precisamente por esa razón. Al parecer, Shang recibió un premio por su interpretación. Pero ¿es cierta la historia de que el poema estaba inspirado en Shang? No lo sé. Muchas de las historias que circulan sobre Mao son bastante descabelladas. De todos modos, no existe una «opinión definitiva» sobre la identidad de la miliciana.

– ¿Podría darme más detalles? Sobre Shang, quiero decir.

– Era una actriz muy conocida, la llamaban «el fénix de la industria cinematográfica». Hay una ópera de Pekín titulada Dragón que coquetea con Fénix. ¿La ha visto?

– Sí, trata de la relación sentimental de un emperador de la dinastía Ming con la Hermana Fénix.

– En la cultura tradicional china, el dragón simboliza el emperador, y el fénix, su pareja femenina.

– Ya veo. -Chen no sabía si Mao se creía dicha interpretación, y por esa razón se enamoró de Shang, pero entendió los rodeos de Long para explicarse.

– Esto también podría guardar relación con el poema dedicado a la señora Mao -continuó diciendo Long, tras beberse de un trago el vaso de vino-. Según otra versión más rebuscada, la señora Mao conocía el origen del poema sobre la miliciana, y por ello le pidió a Mao que escribiera otro inspirándose en su fotografía. Para equilibrar el favor imperial o, como reza el antiguo proverbio, «para compartir el favor de la lluvia y el rocío divinos». Mao vino tantas veces a Shanghai… Por cierto, ¿ha leído Nubes y lluvia en Shanghai?

– Sí, lo he leído.

– Entonces ya conoce la historia. Después de documentarme a fondo, me inclino a creer que Shang era la miliciana del poema.

– ¿Por qué?

– Mao llegó a copiar poemas para Shang. Entrevisté a uno de los compañeros de trabajo de la actriz y, según él, cuando visitó a Shang en su casa antes de que estallara la Revolución Cultural, vio un pergamino manuscrito con la caligrafía de Mao en el dormitorio de Shang.

– ¿El poema sobre la miliciana?

– No, la «Oda a la flor de ciruelo».

– ¡No me diga! -Chen nunca había pensado que aquel poema guardara relación con el caso.

Sacó un poemario de Mao de su maletín y buscó la oda.

Después de que el viento y la lluvia despidan a la primavera,

las ráfagas de nieve anuncian la llegada de la primavera.

Sobre el acantilado cubierto de hielo,

la flor de ciruelo aún resplandece.

Tan bella, no quiere apropiarse de la primavera

y se contenta con ser su heraldo.

Cuando las colinas se llenan de flores silvestres,

entre ellas sonríe.

– Lo escribió en diciembre de 1961 tras inspirarse en un poema de Lu You, un poeta de la dinastía Song -explicó Long-. Como sabrá, aludir a otro poema es una convención poética. En ambos poemas, la flor del ciruelo simboliza un espíritu inquebrantable, pero cada uno de ellos ofrece una perspectiva distinta.

– Sí, creo que tiene razón. -Chen pasó una página y leyó el poema de Lu a modo de apéndice.

Frente a la posada, junto al puente roto,

una solitaria flor de ciruelo se alza abandonada,

asediada por las preocupaciones del solitario anochecer,