Para apoyar este punto, considerando su índole cuestionable, he pedido opinión legal a una fuente independiente.
A pesar de no poder referirme al caso concreto de la investigación que he dirigido, en un supuesto hipotético el bufete XXXXX, relevante grupo de abogados a nivel mundial, formuló su opinión en los siguientes términos:
«No existe ninguna ley en la India que obligue a informar a un grupo de control de que forma parte de un proyecto de diagnóstico médico, si la tesis que quiere probarse (en este caso, la posible peligrosidad de las ondas electromagnéticas) no está reflejada en ninguna normativa, e incluso es rechazada indirectamente por todas las normativas vigentes.
»No estamos ante una situación en la que quiera probarse la eficacia de un fármaco experimental que puede tener efectos colaterales en el paciente. En este caso concreto quieren experimentarse los posibles efectos que conlleva el uso intensivo de un medio de comunicación que en todo el mundo es considerado no nocivo, sea cual sea el tiempo de utilización.»
3. En el caso de que los resultados de los diversos chequeos médicos indicaran una mínima sospecha de cualquier forma de enfermedad degenerativa, se compartió el hecho con la persona afectada.
Puedo declarar, sin temor a equivocarme, que no se ha omitido ni comunicado con retraso ninguna información relevante a la persona afectada.
4. Los resultados de la investigación han sido comunicados anualmente al solicitante.
De los informes Alfa 03 en adelante, el abajo firmante ha rogado en repetidas ocasiones al solicitante que interrumpiera la investigación, ya que los datos indicaban una tendencia que según todos los modelos estadísticos había que considerar irreversible.
De las amenazas personales recibidas por el abajo firmante durante el desarrollo de la investigación hablaré en las próximas páginas. No entra dentro de mis responsabilidades contractuales divulgar estos descubrimientos, tal deber y obligación corresponde al solicitante.
CRONOLOGÍA Y RESULTADOS
La investigación, tal como estaba previsto, empezó el 5 de agosto de 2000.
En Europa, las ventas de móviles habían registrado un incremento exponencial desde 1997.
En la India, las primeras licencias de operadores de red móvil fueron distribuidas en 1995, pero en 2000, año de inicio de la investigación, las infraestructuras del país todavía estaban en sus inicios.
El solicitante, gracias a su posición de liderazgo tanto en la tecnología de los móviles como en la de las infraestructuras de red, pudo ubicar el proyecto en una población remota de la India.
A pesar de ello, el esfuerzo tecnológico ha sido considerable.
Las llamadas llegaban al centro de atención al cliente a través de la línea fija. Había que convertirlas en llamadas entrantes desde una red móvil.
Con este fin, la central telefónica fue trasladada a un edificio situado frente al centro de llamadas. Aquí las llamadas entrantes a través de la línea fija se transformaban en señales móviles y, a través de cinco repetidores situados en el tejado del edificio, se enviaban a los operadores del centro. El proceso funcionaba también a la inversa, con las llamadas móviles efectuadas por el centro que eran convertidas en llamadas de línea fija.
El 5 de agosto de 2000 la plantilla estaba formada por 523 operadores.
Estadísticamente, no representaban a la población india por los motivos siguientes:
1. Todas las personas contratadas eran sanas, ya que habían superado un chequeo médico.
2. La media de edad era de 28 años.
3. El nivel de estudios era medio-alto.
4. Sólo el 3% eran fumadores.
5. Nadie presentaba enfermedades hereditarias en su historia familiar.
Los empleados trabajaban en dos turnos de doce horas cada uno, siete días a la semana. Contaban con tres descansos diarios para comer y hacer sus necesidades físicas, por un total de una hora. Cada empleado hacía cinco turnos de doce horas a la semana. Las rotaciones entre turnos nocturnos y diurnos se realizaban cada once días. Las semanas de trabajo anuales eran cuarenta y nueve, descontando vacaciones.
Tres semanas de vacaciones eran otra de las ventajas de que gozaban los empleados del centro de llamadas, inimaginable en la mayoría de los puestos de trabajo similares.
El centro de llamadas estaba siempre al máximo de su capacidad. Sólo en caso de que todas las líneas estuvieran ocupadas, la llamada en espera se transfería a otro centro de llamadas del grupo del solicitante.
Desde 2000 hasta 2009 los trabajadores transcurrieron una media del 92% de su tiempo útil utilizando el teléfono móvil.
Durante el primer año de actividad el trabajo se desarrolló sin ningún problema. Los empleados estaban ilusionados y motivados.
Los primeros datos de análisis corresponden a agosto de 2001.
En ese año el 0,3% de los trabajadores contrajo neoplasias en mi opinión lo suficientemente graves como para justificar la exención de los empleados. Se trataba de dos sujetos, una mujer y un hombre.
La valoración de este dato resultó difícil por tres motivos:
1. La población bajo observación era más joven que la media india (28 vs. 32 años) y, dados los requisitos médicos, también más sana.
2. La India, a día de hoy, no dispone de estadísticas médicas detalladas, por lo que no existen suficientes niveles de comparación entre los datos originados por esta investigación y los correspondientes a la población india.
3. Comparar los datos de esta investigación con datos occidentales resulta asimismo difícil.
Por un lado, las condiciones de vida en la India siguen siendo, sobre todo en zonas remotas, mucho más duras que las de los países europeos, lo que podría justificar porcentajes más elevados de enfermos.
Por el otro, los datos europeos se refieren a poblaciones de una media de edad generalmente muy superior a la de los empleados del centro en cuestión (la media europea es de 39 años), lo que podría inducir a esperar porcentajes más bajos de enfermos.
Una de las dificultades metodológicas de la investigación es precisamente la de dar la justa importancia a esos dos elementos discordantes.
Teniendo en cuenta esta premisa, no consideré alarmantes los primeros datos.
De hecho, el resultado era muy inferior al que se daba en el resto del país, y también era significativamente inferior a la media de un país industrializado.
Considerando que, por ejemplo, en Italia cada año enferman de cáncer 300.000 personas, lo que aproximadamente equivale al 0,5% de la población, los resultados de nuestros sondeos no indicaban ningún daño específico atribuible al uso extensivo del teléfono móvil en un año.
Así pues, en 2001 fueron contratados dos nuevos empleados para sustituir a los que habían enfermado.
Durante el transcurso de los exámenes clínicos de 2002 se encontraron otros dos sujetos con formas tumorales de gravedad suficiente como para aconsejar que fueran apartados de su puesto de trabajo.
Se trataba del 0,4% de la mano de obra originaria, que en 2002 era de 521 empleados.
Ninguno de los dos nuevos empleados del año anterior mostraba signos de enfermedad.
También en este caso los datos del grupo de estudio eran inferiores a la media de la Europa occidental, pero las cifras empezaban a acercarse.
Junto al solicitante se decidió continuar con el proyecto: no había elementos que sugirieran su interrupción.
Al año siguiente, 2003, hubo tres nuevos casos de neoplasia.
El porcentaje de enfermos sobre la población originaria de 519 empleados había ascendido ahora al 0,6% sobre la base anual.
La cifra, si bien era todavía más baja que la media india, había superado la media europea.
Pero el dato que resultaba realmente alarmante tenía que ver con la tipología de los tumores. De los siete casos de neoplasia diagnosticados en estos tres años, cinco eran tumores cerebrales (gioblastoma multiforme) y dos eran cáncer de piel.