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– El brujo percibe sus acciones con profundidad -dijo-. Sus acciones son tridimensionales. Los brujos tienen un tercer punto de referencia.

– ¿Cómo puede existir un tercer punto de referencia? -pregunté, con cierto fastidio.

– Nuestros puntos de referencia son obtenidos primariamente de nuestra percepción sensorial -explicó él-. Nuestros sentidos perciben y diferencian lo que es inmediato para nosotros y lo que no lo es. Usando esta distinción básica derivamos el resto.

Me observó detenidamente durante unos momentos de silencio, mientras yo trataba de comprender lo que decía.

– A fin de alcanzar el tercer punto de referencia uno debe percibir dos lugares al mismo tiempo -me explicó.

Acordarme de mi experiencia con el jaguar me había puesto de un humor extraño; era como si hubiera vivido aquella experiencia apenas unos minutos antes. De pronto me di cuenta de algo que hasta entonces se me había pasado desapercibido: que mi experiencia sensorial era más compleja de lo que había pensado en un principio. Mientras me alzaba por encima de la copa de los arbustos, había estado consciente, sin palabras ni pensamientos, de que estar en dos lugares, o como decían don Juan estar "aquí y aquí", ponía mi percepción inmediata completamente en ambos sitios. Pero también había estado consciente de que a mi percepción doble le faltaba la claridad total de la percepción normal.

Don Juan explicó que la percepción normal tiene un eje. "Aquí y allá" son los extremos de ese eje y el único de los dos que tiene claridad es "aquí". Dijo que, en la percepción normal, solo se percibe el "aquí" por completo, instantánea y directamente. Su referente gemelo, "allá" carece de inmediatez. Se lo infiere, se lo deduce, se lo espera y hasta se lo supone, pero nunca se lo percibe directamente, con todos los sentidos. Cuando percibimos dos lugares a la vez se pierde la claridad total, pero se gana la percepción inmediata del "allá".

– Pero, entonces, don Juan, yo tenía razón al describir mi percepción como la parte importante de mi experiencia -dije.

– No, no tenías razón -dijo-. Lo que experimentaste fue vital para ti, porque te abrió el camino al conocimiento silencioso, pero, como ya te lo dije, lo importante fue tu audacia y también la contraparte de tu audacia: el jaguar.

"Ese animal apareció de la nada, sin que nos diéramos cuenta. Y que podría haber acabado con nosotros, es tan cierto como que te estoy hablando. Ese jaguar fue una expresión de la magia. Sin él no habrías llenado los requisitos del intento, ni habrías tenido regocijo ni lección ni te habrías dado cuenta de nada.

– Pero, ¿era un jaguar de verdad? -pregunté-.

– Yo apostaría la vida a que lo era -contestó-.

Don Juan observó que, para el hombre común y corriente, ese animal habría sido una rareza pavorosa. Le hubiera costado mucho explicar, en términos razonables, qué hacía ese jaguar en Chihuahua, tan lejos de la selva tropical. Pero el brujo, porque tiene un vínculo de conexión con el intento, puede ver que ese jaguar es un medio para engrandecer su percepción. Y no es una rareza para él sino una fuente de asombro.

Había mil preguntas que yo deseaba formular, pero yo mismo me di las respuestas antes de poder articular los interrogantes. Seguí el curso de mis propias preguntas y respuestas por un rato, hasta comprender que no importaba saber silenciosamente las respuestas; había que verbalizarlas para que tuvieran algún valor.

Expresé la primera pregunta que me vino a la mente. Pedí a don Juan que me explicara qué eran los requisitos del intento.

– Los brujos dicen -don Juan explicó- que los más increíbles logros de la percepción son puras idioteces si no están acompañados de ciertos estados de ánimo claves, que les dan valor y seriedad. El abandono, la frialdad y la audacia son esos estados de ánimo. Y solamente los brujos pueden intentarlos.

"La parte engañosa de todo esto -prosiguió- es que estoy diciendo que sólo los brujos conocen al espíritu, que el intento es dominio exclusivo de los brujos. Eso no es cierto en absoluto, pero es la situación en el reino de lo práctico. La condición real es que los brujos están más conscientes de su vínculo de conexión con el espíritu que el hombre común y corriente, y se esfuerzan por manejarlo. Eso es todo. Ya te he dicho que el vínculo de conexión con el intento es la característica universal compartida por todo lo que existe.

Dos o tres veces, me pareció que don Juan estaba a punto de agregar algo más. Vaciló, al parecer tratando de elegir sus palabras. Por fin dijo que el estar en dos lugares al mismo tiempo era la marca que los brujos usaban para señalar el momento en que el punto de encaje llegaba al sitio del conocimiento silencioso. La percepción dividida, si se alcanzaba por medios propios, recibía el nombre de "libre movimiento dei punto del encaje".

Me aseguró que todos los naguales hacían siempre cuanto estaba en su poder para favorecer el libre movimiento del punto de encaje en sus aprendices. Este empecinado esfuerzo recibía la críptica denominación de "extenderse al tercer punto".

– El aspecto más difícil del conocimiento del nagual -prosiguió don Juan- y ciertamente la parte más crucial de su tarea como maestro es la de extenderse al tercer punto. El nagual intenta el libre movimiento del punto de encaje del aprendiz, y el espíritu canaliza hacia el nagual los medios para lograrlo. Yo nunca había intentado nada por el estilo hasta que llegaste tú. Por lo tanto, nunca había apreciado plenamente el gigantesco esfuerzo que hizo mi benefactor al intentarlo para mí.

"Por difícil que le resulte al nagual intentar ese libre movimiento para sus discípulos -prosiguió don Juan-, eso no es nada comparado con la dificultad que tienen sus discípulos para comprender lo que el nagual está haciendo. ¡Mira lo que te pasa a ti! A mí me pasó lo mismo. Casi siempre terminaba convencido de que los trucos del espíritu eran, simplemente, los trucos del nagual Julián.

"Más adelante, comprendí que él debía al nagual Julián la vida y mi bienestar -continuó don Juan-. Ahora sé que le debo infinitamente más. Como no me es posible describir lo que realmente le debo, prefiero decir que él me engatusó hasta hacerme llenar los requisitos del intento y llevarme al tercer punto de referencia.

"El tercer punto de referencia es la libertad de la percepción; es el salto mortal del pensamiento a lo milagroso; es el acto de extendernos más allá de nuestros límites para tocar lo inconcebible.

EL MANEJO DEL INTENTO

XIII. LOS DOS PUENTES DE UNA SOLA MANO

Pasamos la noche allí en las montañas. El haberme acordado de mi percepción dividida me había puesto en un estado de gran euforia que don Juan empleó, como siempre; para hundirme en más experiencias sensoriales, las cuales, como era de costumbre, se volvieron inmediatamente nebulosas.

Al día siguiente, mientras don Juan y yo estábamos sentados a la mesa, en su cocina, temprano por la mañana, empezamos a hablar otra vez de mi percepción dividida.

– Para la mente es muy excitante descubrir la posibilidad de estar en dos lugares a la vez -dijo-. Puesto que nuestra mente es nuestra racionalidad, y nuestra racionalidad es nuestra imagen de sí, cualquier cosa que esté más allá de nuestra imagen de sí o bien nos atrae o nos horroriza, según qué tipo de personas seamos.