—Elfa —llamó Sageth y caminó a su encuentro consultando la tablilla—, no podemos esperar a Palin Majere mucho tiempo más. Deberíamos haber destruido los objetos mágicos anoche, a pesar del caos en la Ciudadela. La luna estaba baja, en la posición perfecta. Tenemos que hacerlo esta noche. No habrá otra ocasión hasta dentro de un mes.
—No tenemos suficientes objetos mágicos —respondió ella.
—Claro que sí. —Los vidriosos ojos del anciano brillaron—. Tenemos la lanza de Huma y el Puño de E'li que trajisteis del bosque. —Señaló el zurrón de cuero que estaba a los pies del enano—. Y también los dos medallones de Goldmoon.
—¿Dos? —preguntó Feril.
—Así es —dijo Ampolla dando un paso al frente—. El que me dio a mí y el que todavía lleva colgado al cuello. Si quieres puedo ir a buscarlo.
—No —terció Jaspe—. Déjame a mí. —Era un esfuerzo levantarse, un esfuerzo dar unos pocos pasos. Y sabía que sería un sufrimiento cruzar los pocos kilómetros que lo separaban de la Ciudadela y volver a subir por las escaleras. Pero no permitiría que ninguna otra persona cogiera el medallón de Goldmoon—. Volveré antes de que anochezca.
El semiogro vio que Ampolla tocaba el medallón que colgaba de su cuello y adivinó de qué estaban hablando. Cogió la lanza de Huma y fue a reunirse con los demás, seguido de cerca por Furia.
—Ya ves, tenemos cuatro —concluyó Sageth—. Esta noche, cuando se apague el último rayo de luz, cambiaremos el destino de Ansalon.
Palin había pasado varios días meditando a solas en la Torre de Wayreth, mientras el Custodio concluía su investigación sobre los objetos mágicos. El Hechicero Oscuro había abandonado temporalmente sus estudios sobre los señores supremos para ayudarlo. Entretanto, Usha y Palin trataban de dilucidar cómo harían los dragones para traer de vuelta a Takhisis. Sus colegas se mostraban escépticos. Si la diosa oscura podía regresar, ¿la seguirían los demás dioses?
Usha insistió para que Palin se concentrara en otro asunto, mucho más urgente que las especulaciones sobre el regreso de Takhisis.
—Dhamon y los demás nos están esperando —dijo—. ¿Y dónde está el anillo que mencionaste?
Palin subió por la escalera de la torre. El Custodio estaba en su habitación, donde se guardaban todos los escritos de Par-Salian, inclinado sobre un grueso volumen escrito por el antiguo jefe del Cónclave de Hechiceros. El libro estaba encuadernado en piel de lagarto verde. Palin carraspeó para atraer la atención del hechicero.
—Podría funcionar —dijo el Custodio. El viento soplaba con fuerza al otro lado de la única ventana de la habitación, y Palin tuvo que aguzar el oído para oír los susurros de su colega—. La magia de la Era de los Sueños fue creada por los dioses, como toda la magia. Al destruir los objetos, podría liberarse una increíble cantidad de energía.
—¿Suficiente para inundar Krynn?
—No sé si será suficiente para aumentar el nivel de la magia —prosiguió el Custodio—; pero, de acuerdo con los escritos de Par-Salian sobre la Era de los Sueños, los objetos mágicos están tan saturados de poder arcano que al menos deberían poder aumentar el nivel general de magia en una zona de considerable extensión.
—El Hechicero Oscuro afirma que eres Raistlin.
El Custodio se separó de la mesa y miró a Palin.
—¿Y tú crees en las conjeturas del Hechicero Oscuro? ¿Sólo porque conozco bien la obra de tu tío? ¿Sólo porque mi presencia te resulta familiar?
—Es verdad que me resulta familiar. —El Custodio esbozó una sonrisa debajo de la capucha, pero no respondió—. Si no eres Raistlin, ¿quién eres?
—Has tardado muchos años en preguntármelo.
—Respetaba tu intimidad, la discreción que tanto parecía gustarte.
—¿Y ya no la respetas?
—Ahora necesito saberlo. Si eres Raistlin, serás mucho más poderoso que yo y podrías ayudarnos.
—No soy tu tío Raistlin —comenzó el Custodio—, pero lo conocí bien. También conocí bien a Dalamar y a muchos otros. En mí hay algo de Raistlin y de cualquier otro mago que haya pasado la Prueba en la Torre de la Alta Hechicería. Todos los que pasan la Prueba se convierten en parte de mí. Sin embargo, creo que Raistlin fue el más grandioso de todos los magos que estudiaron entre mis paredes.
—¿Entre tus paredes?
—Yo soy la Torre de Wayreth.
—¡Eso es absurdo! ¡Eres un hombre, no un edificio! —gritó Palin sintiendo que la ira le teñía las mejillas—. La Torre de la Alta Hechicería de Palanthas fue destruida hace más de treinta años. No queda nada del edificio.
—Nada, salvo la magia que impregnaba sus paredes. Yo soy la manifestación viva de la torre. Soy todas las torres. Soy la esencia de la magia arcana de la Alta Hechicería.
El Custodio se llevó las manos a la cabeza y se quitó la capucha. Por un instante, Palin vio la cara de su tío Raistlin, la familiar cascada de pelo blanco y plata cayendo sobre los hombros. Luego el semblante cambió, convirtiéndose en el de Par-Salian de los Túnicas Blancas. Enseguida apareció el rostro de Gilthanas, el de Dalamar, el de Ladonna, de los Túnicas Negras, el de Fistandantilus y el de Justarius, de los Túnicas Rojas. Aparecieron otros, cuya identidad Palin sólo atinó a adivinar por las descripciones que había oído. Y otros más que desconocía por completo.
—Todas estas personas vinieron a la Torre, estudiaron allí, dejaron su huella en mí. Su poder contribuyó a crear la esencia que ves ante ti. —El Custodio volvió a ponerse la capucha—. Soy el Custodio de la Torre y también lo que queda de la Torre.
—El Hechicero Oscuro...
—Piensa que soy Raistlin, y no pienso hacerlo cambiar de idea.
Palin cogió una silla y se dejó caer pesadamente sobre ella.
—Creía que eras un hombre.
—Y en cierto sentido lo soy. Soy tu colega y he llegado a verte como a un amigo.
Palin asintió con un gesto.
—En efecto, eres mi amigo.
—Ahora concentrémonos en un asunto más importante —sugirió el Custodio—, la magia de la Era de los Sueños. Me ha resultado difícil convencerme de la necesidad de destruir esos maravillosos objetos; pero, si queremos recuperar la antigua magia, debemos hacer caso a Sageth. Creo que podría ser la solución, nuestra mejor baza para vencer a los señores supremos. Cuanto mayor sea el poder mágico a nuestra disposición, mayores serán nuestras posibilidades de éxito.
—Pero hay algo más, ¿verdad? ¿Qué es?
—Deja que te lo enseñe. —Fue hasta un escritorio grande, abrió uno de los cajones y sacó una bola de cristal con un pedestal de bronce repujado. Llevó ceremoniosamente la bola a la mesa y puso las manos a unos milímetros de su brillante superficie—. Esto es lo que vi esta mañana cuando terminé mi investigación e intenté localizar a Sageth. Su descripción no coincide con la de ningún hombre con habilidades para la magia. La bola de cristal no podía localizarlo, pero reveló esto.
En el centro de la bola apareció una imagen minúscula, que al principio parecía un cuervo. Pero luego la imagen creció y ocupó toda la bola.
—¡Khellendros! —exclamó Palin.
—Es el poder que está detrás de Sageth. Sospecho que el viejo es su títere. Mira con atención; hay algo más.
El Dragón Azul se desvaneció y la Roja llenó la bola.
—Malystryx, la Roja, el dragón que tanto preocupa a nuestro colega el Hechicero Oscuro. Ella también está involucrada en este asunto. Y una mujer. —Sobre la cara de Malys apareció la de una mujer joven con cabello negro rizado y dulces ojos castaños—. Kitiara Uth Matar —dijo el Custodio—. Murió hace muchos años, antes de que tú nacieras, pero su espíritu tiene alguna relación con todo esto.