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La miró asombrado y luego se rió.

– Eres realmente una descarada, Cressida Mandeville. ¿De verdad que he dicho una palabrota?

– Sí, pero no me importa. Mi padre dice que usar un lenguaje diferente con las mujeres es como considerarlas de naturaleza más débil. Mi madre insiste en que es un tema de respeto, pero en mi opinión, la postura de mi padre es más sincera. ¿Qué mal me puede hacer oír la palabra «maldita» si incluso está en la Biblia?

– Es un tema de contexto, Cressida. Es a ti a quién he llamado maldita, lo cual es monstruoso.

– Le estaba provocando, por eso mismo se puede permitir una pequeña represalia. La miró fijamente.

– Eres una mujer extraordinaria. ¿Por qué me estás provocando? Irguió la cabeza y luego le dijo la verdad.

– Pensé que quería hablar de todo esto.

– Tienes razón. No sé por qué.

Sabía que respuesta deseaba oír, pero no saldría de sus labios. El carruaje se movió y la empujó hacia él, rozándolo por un momento. Pero ya no le importaba, estaban en paz.

CAPÍTULO 14

Cressida le sonrió.

– Cuénteme más sobre las terribles cargas de ser duque. Me animará cuando me encuentre sumida en el aburrimiento de la pobreza y la vida sencilla y corriente.

– Nunca te encontrarás sumida en el aburrimiento de la pobreza y la vida sencilla y corriente.

Veía a donde quería ir a parar.

– No le permitiré que financie a mi familia, su excelencia.

– Tris.

– Es que Tris es más incontrolable.

Dijo eso sin pensarlo, pero vio el efecto que había tenido en él.

– Ah, eso es interesante.

Tal vez no estaban tan en paz como había querido creer.

– Sea interesante o no, nunca aceptaré su dinero. Ya ha sido bastante bueno con nosotros.

– Más que nada me lo he estado pasando bien, y lo sabes. Y darle dinero a tu familia me permitiría dormir bien por las noches

– Los Mandeville no estamos entre los miles que dependemos de usted.

– Pero Cressida Mandeville está entre mi limitada lista de amigos ¿o no?

– No es justo.

– A los duques no nos hace falta serlo.

Se encontró con su mirada juguetona.

– No es posible, Tris. No hay un punto de conexión aceptable entre nosotros y lo sabe. Sólo podría ser su amiga si también fuera su querida.

Le pareció que el pestañeo de sus ojos coincidía con sus propios latidos del corazón. Altamente tentador, especialmente si su familia estaba destinada a terminar en la pobreza. Toda oportunidad de casarse bien desaparecería y, a través de su «sacrificio», obtendría el dinero para ayudar a sus padres.

Él entrecerró los párpados, pero la seguía mirando.

– Soy el último de los Tregallows y debo casarme pronto. Debí haberlo hecho hace años, pero mientras más me lo ordenaba mi tío, más me resistía. Por eso, ya no quedan demasiadas mujeres casaderas que correspondan a mi rango.

– ¿Lady Anne? -dijo, aunque luego recordó-. No, me dijo que estaba enamorada de otro-. ¿Quién entonces?

Estaba orgullosa de su tono calmado.

– Aún no he puesto marcas en mi pequeña lista.

– ¡Oh, no debe hacerlo así!

Él se encogió de hombros.

– La madre de lady Anne dice que si uno se lo propone, es posible enamorarse de la persona adecuada a tu rango. Y yo tengo una gran voluntad.

Cressida se sintió como una testigo distante de una tragedia, pero ya había hablado demasiado. ¿Qué sabía ella de la vida en las altas esferas sociales? Tris no tenía más libertad de elección de la que tiene un rey o un duque real. Excepto en cuanto a queridas.

Alzó la vista y vio que la miraba.

– Sin duda alguna tendré una querida -dijo-. Una mujer para el deber y otra para el placer.

Podía ser una invitación, pero dicho de esa manera era impensable.

– Espero que no lo haga. Espero que se case por amor. Y ahora -añadió con ligereza-, cuénteme más sobre sus cargas como duque. Sonrió con ironía.

– Veamos…, mi cargo me obliga a asistir a la Cámara de Lores y lo que es peor, a prestar atención. Tengo que mantenerme informado sobre temas que un mortal común y corriente puede ignorar, con la exportación de carbón, la importación de cochinilla. ¿Sabes lo qué es?

– Un tinte rojo que se usa para cubrir los pasteles escarchados.

– ¿Sabes que se elabora con insectos molidos?

Lo miró.

– No, ¡qué horror! Es usted un malvado. ¡No podré volver a comer un pastel rosa en mi vida!

– Yo tampoco. Ésa es una carga más de mi rango. Déjame pensar sobre qué más temas excitantes tengo que leer… ¡Ah! Oporto, por supuesto. Me encanta beberlo, pero su producción es un tema difícil, ya que se transporta entre la Isla Newfoundland y un lugar llamado Labrador, y por lo visto hay un problema con el hielo. También el tema del ejército y el establecimiento de la paz, muy importante y tedioso a la vez. Debo reconocer que me siento orgulloso de haber contribuido a la abolición del castigo con picota en casi todos los casos, y también a la creación de un reglamento que beneficia la situación de aquellos que se encuentran en bancarrota.

– Imagino que la nobleza en general no se preocupa de esas cosas.

Tris se encogió de hombros.

– Puede que el tiempo también me haga lo bastante cínico e indiferente como para tomarme la molestia de preocuparme. Pero por el momento no me puedo escapar, aunque confieso haber abandonado el debate sobre la cochinilla para evadirme hacia cosas más divertidas. Hay demasiados temas importantes. La situación de Irlanda, las crisis de la agricultura y la agitación del pueblo. ¿Lo ves? Si no fuera duque, podría ignorar todo eso y disfrutar de mis orgías.

Se rió queriendo abrazarlo.

– No lo creo. Siento decírselo, pero me parece que está maldito por su sentimiento de responsabilidad, y ni siquiera tiene el tipo de orgullo que se necesita para disfrutar de que la gente se incline usted -dijo levantado la cabeza-. Pero ¿puedo decir que tal vez todo le irá mejor? Con el tiempo uno se acostumbra a todo. ¿Tiene un secretario que le ayude con todo eso?

– Heredé el de mi tío. Leatherhulme es un viejo reseco que cree saberlo todo. De hecho así es, pero también piensa que todo debe continuar como era desde que el rey era un niño -suspiró-. Tal vez debería poner al día toda la administración. Está anticuada y basada en la idea de que el ducado existe para satisfacer al duque. Pero toda la gente que lo rodea está haciendo su trabajo lo mejor que puede. ¿Debería despedirlos?

Era un hombre muy cabal. Una esposa adecuada podría desviar su inquieta energía hacia obras de caridad…

Levantó la mano y se frotó la nuca, deshaciendo el turbante. Se lo sacó, al igual que la máscara y los tiró al asiento de enfrente. Cressida pensó que nunca la aburriría y quiso arreglarle su cabello despeinado.

– Tal vez no tenga bastante gente para hablar sobre estas cosas.

– ¿Bastante gente? No tengo a nadie. Tengo amigos, pero ¿para qué aburrirlos con la cochinilla si tienen una vida sin preocupaciones?

Ella sería una buena interlocutora para él, podría serle de ayuda de muchas maneras. Desde hacía tiempo que se interesaba en temas políticos y le encantaría poder involucrarse más. Estaba seriamente comprometida con las obras benéficas y siempre había sido una buena organizadora. Había heredado suficientes valores de su padre como para imaginarse gestionando un ducado de manera moderna y eficaz.

Pero también sabía que lo que había dicho sobre las presiones de su rango era verdad. La imagen de ensueño que tenía de su vida junto a él era en una casa como Nun's Chase, sentados frente a una chimenea en zapatillas y conversando sobre los acontecimientos del día. No era en una mansión llena de eco, asistiendo a reuniones rodeados de cientos de sirvientes, miles de personas dependientes de ellos y un mundo que se fascinaba por cada cosa que hicieran. Tal vez había sacado a la luz esos temas para que no se hiciera ilusiones, pero esperaba que no fuese así, pues en ese caso habría detectado en ella unos sentimientos profundos, los cuales ni Cressida misma se había permitido admitir.