– ¿Sí, padre?
Él apretó la boca un momento haciendo un gesto que mostraba que estaba incómodo con lo que tenía que decir.
– El asunto es que tu madre y yo… bueno, estamos pensando en viajar al extranjero.
Cressida sintió como si el suelo se hubiera abierto bajo sus pies.
– ¿Al extranjero? ¿Y qué pasa con Matlock?
– Sabemos que es tu hogar, querida, y tal vez encontremos una manera de quedarnos allí, pero nos gustaría que vinieras con nosotros a la India si te sientes capaz.
– ¡A la India! ¡Padre, no puede hacer eso! Mamá quiere regresar a Matlock.
– ¡No os estoy arrastrando a la fuerza, Cressy! Ella quiere venir, y yo estoy harto de Inglaterra. Echo de menos el sol y las especies.
¡Oh, eso era demasiado! Se inclinó sobre el escritorio.
– Mamá odia la India, lo sabe. Si se va con usted es por obligación y afecto. ¡Es injusto llevársela lejos de su casa y sus amigos porque usted es un trotamundos!
Esperaba que contestara con dureza su insolencia, pero él sólo movió la cabeza.
– Le dije que tenía que haberte dicho la verdad hace años. Cressida se estiró.
– ¿La verdad? ¿Qué verdad? Dígamelo ahora. Él suspiró.
– Tú eras una niña delicada, Cressy. Tenías muchas fiebres y muchas infecciones. Estuviste a punto de morir dos veces. Tuviste que regresar a casa, y tu madre decidió quedarse contigo. Yo preferí permanecer en la India más tiempo para hacer mi fortuna. Cada año me decía que regresaría cuanto antes, pero entonces sufrí un revés…
La cabeza de Cressida hervía de pensamientos. Tris tenía razón sobre su padre, pero ¿quién podría haber adivinado lo de su madre?
– Mamá estaba esperando a que me casara para reunirse con usted.
– Quizás, o yo tendría que volver a casa. Nunca lo dijimos abiertamente…
Cressida se llevó una mano a la cabeza, pues le daba vueltas. -Santo cielo, ¿toda mi vida he sido una carga? Él se levantó.
– No, no. No pienses eso. Nuestro matrimonio nunca se basó en un gran amor, y al cabo de los años no ha sido desagradable para ninguno de los dos. Pero ahora, bueno, tal vez hemos encontrado una afinidad mucho mayor de la que teníamos en nuestra juventud, y estamos listos para correr aventuras juntos. Pero queremos que vengas con nosotros. -Se inclinó hacia delante-. Ya no tienes mala salud, y te pareces lo suficientemente a mí como para disfrutar de todas esas maravillas. Te puedes vestir con saris y cabalgar sobre elefantes. Comer frutas y especias que nunca te has imaginado, ver templos incrustados de diamantes, que te den masajes con aceites exquisitos…
«Aceites. ¡Oh, Dios!»
Pero ¿por qué no? La India era un mundo en el que la tentación estaría muy lejos. Nunca tendría que temer que cualquier día al doblar una esquina se pudiera tropezar con Tris, o sentirse débil y correr a sus brazos perversos y desconsiderados.
– Y allí hay un montón de hombres ansiando encontrar una novia inglesa. Verás cómo te veremos casada en muy poco tiempo.
Cressida miró la carta, que había arrugado por los nervios, y tomó una decisión.
– Suena muy emocionante, padre. Creo que me encantará ir con ustedes.
TEXTO CORREGIDO POR CHC PARA SOÑANDO DESPIERTAS
CAPITULO 29
Tris estaba en su estudio en Mount Saint Raven, volviendo a leer la carta de negocios, que realmente no lo era, bebiendo brandy, lo que no era muy sensato, e ignorando el montón de trabajo que el nuevo ayudante de Leatherhulme le había entregado. Un lacayo llamó a la puerta y entró.
– Su excelencia, ha venido monsieur Bourreau y solicita que le conceda un momento de su tiempo.
Vaya, si Jean-Marie quería más dinero, ya podía ponerse a bailar sobre una nube para conseguirlo. Pero Tris dijo:
– Hágalo subir.
Dejó la carta y apuró su copa. Estaba bebiendo demasiado, pero qué diablos iba a hacer allí cuando simplemente se dedicaba a esperar que pasaran los días hasta que se celebrara la fiesta en la que se declararía a Phoebe Swinamer.
Cornelia lo había trastocado todo al organizar una fiesta allí, en su vieja casa. Ella llegaría en una semana. Una semana después aparecerían los numerosos invitados, incluyendo a los Swinamer. Entonces celebrarían un gran baile de máscaras. El había insistido en que lo hicieran así, a pesar de las objeciones de Cornelia. Ella consideraba que era algo vulgar. Y así era, pero quería presentarse a lo grande. Y de este modo, Cressida estaría segura.
Ahora ya sabía que era verdad que el marqués de Arden se había casado con una institutriz. Inventó una excusa para visitarlo en su encantadora casita, y confirmó que Beth Arden era una mujer normal, e incluso una reformista culta. En absoluto una duquesa típica.
Claro que Arden todavía no era duque, y probablemente no lo sería en décadas, lo que era una suerte. Sin embargo, a pesar de todo, el cielo no se había hundido sobre sus cabezas. Cuando trajeron a su bebé, y lo dejaron sin su cuidadora, observó cómo hasta Arden, ¡Arden!, lo acunaba con confianza y aparente placer. No se podía imaginar a la señorita Swinamer fomentando un comportamiento tan escandaloso. Tris se marchó después de una hora, consciente de que lo que quería eran cosas impropias, y que no tenía posibilidad de conseguirlas.
Lady Arden era pobre y de clase media, pero no había ningún escándalo en su historia. Aun así, se había comentado mucho sobre su matrimonio, y todavía era cuestionada su idoneidad para el título. Pero ella mostraba una gran confianza a la hora de afrontar el asunto. No estaba seguro de que Cressida la tuviera. Y lo que es más, Cressida sabía lo que quería: una vida tranquila, ordenada y anodina; y él no tenía manera de proporcionársela.
Jean-Marie entró sonriendo.
– Cousin -dijo en francés con una reverencia.
Tris inclinó la cabeza.
– ¿A qué debo este dudoso honor?
Jean-Marie levantó las cejas.
– A la buena voluntad. Te ruego que me creas.
– Pensaba que ya estarías en Francia.
– Tengo encargos, y soy un hombre de palabra, así que debo cumplir. También tengo amigos de los que despedirme.
– De Miranda -dijo Tris.
Estaba sorprendido por esa relación, especialmente porque La Coop parecía haber salido de la circulación desde hacía un tiempo.
– Ah, no. Miranda viene conmigo.
Tris se permitió mostrar sorpresa.
– ¿Has venido hasta aquí para darme esta alegre noticia?
Jean-Marie se paseaba por la habitación y se detuvo para examinar un cuadro.
– No, he venido hasta aquí para ofrecerte mi ayuda. -Se volvió hacia él-. Me he encontrado hace poco con tu señorita Mandeville. Tris estaba contemplando el brandy de su copa.
– ¿Y?
– Simplemente la vi. Miranda estaba conmigo. Estábamos decidiendo qué telas comprar en una pañería, y la señorita Mandeville la reconoció. Se escondió enseguida, pero lo hizo. Cuando le pregunté a Miranda, me contó lo de la fiesta de Crofton, y de tu presencia allí con una acompañante. También lo de tu interés por las estatuillas. Las cosas encajaban. Dime primo ¿qué había en esas figurillas?
Tris lo consideró, pero decidió contarle la verdad.
– Una fortuna en piedras preciosas.
Jean-Marie soltó una maldición, pero después se encogió de hombros.
– No me quejo. Ya tengo lo que necesito. Lo más sabio es saber cuando uno tiene suficiente. ¿Verdad?
– Así es. Pero lo más sabio a veces viene acompañado de espadas y fuego. -Tris miraba la espada de la sabiduría que estaba colgada en la pared de manera que siempre la veía desde su escritorio-. ¿Qué quieres, Jean-Marie?
– Quiero que organices una orgía en Nun's Chase.
Tris demostró que había mejorado el francés que le había enseñado su profesor en lugares de mala reputación. Y concluyó diciendo:
– En todo caso, el lugar está a la venta.