Ella bailaba dando vueltas con un robusto caballero y resplandecía encantada. Obviamente le encantaba bailar, algo que desconocía. Era muy guapa, aunque eso sí lo sabía desde siempre. Se recordó a sí mismo que debía parecer aburrido. Inclinó la cabeza ante sir Arthur Mandeville, que se acercó a él enseguida.
– Su excelencia, nos honra mucho que al final haya podido venir.
¿Los ojos de ese hombre no eran demasiado penetrantes? No importaba.
– El otro compromiso no era demasiado largo y quería despedirme de usted y de su familia. Fueron sumamente generosos regalándome las estatuillas.
– Oh, así lo quiso Cressida -dijo el hombre con ingenua inocencia y se volvió a ver cómo terminaba ese baile-. Vaya a agradecérselo usted mismo.
Tris hablaba para que lo escuchara la gente que tenía a su alrededor. Todos sabrían la razón de su visita, y ahora su padre le daba un motivo para hablar con Cressida. El cielo estaba de su parte.
– ¡Saint Raven! -Se dio la vuelta y vio cómo se acercaba lord Harry Monke con su hermosa esposa-. ¿Qué diablos haces aquí? Ah, sí, conociste a la señorita Mandeville en Hatfield.
Tris besó la mano de la hermosa lady Harry.
– Le presté un pequeño servicio.
– He oído decir que Crofton va de un sitio a otro por el extranjero. Qué tenga buen viaje.
– Un hombre horrible -reconoció lady Harry, y después sonrió al padre de Cressida.
– Qué fantástico que se haya podido recuperar de su encuentro con él, sir Arthur. Ahora Saint Raven -dijo poniendo una mano sobre su brazo- me va a salvar de ser provinciana y de estar pegada a mi marido sacándome a bailar.
Estaba atrapado y no podía negarse, y tal vez lo mejor sería no llegar directamente hasta Cressida. Miró a su alrededor y se encontró con sus ojos sorprendidos. Más que sorprendidos ¡atónitos! Rogando para que no lo arruinara todo, le hizo una pequeña inclinación de cabeza y siguió charlando con lady Harry.
– ¿Cómo conoció a los Mandeville? -preguntó. -En el Patronato de Damas Benefactoras de la Inclusa. A diferencia de muchas otras mujeres, las Mandeville están genuinamente comprometidas con las obras de caridad, más que en divertirse, o en intentar codearse con gente de mayor categoría social.
Mayor categoría. Estuvo insensatamente tentado a preguntarle cómo podía alguien tener más categoría que Cressida. -Qué provinciano -dijo arrastrando las palabras. Ella lo sorprendió con una mirada de desaprobación. -La pobreza y el sufrimiento existen en todas partes, Saint Raven. Estaba intentando sacarte dinero y solicitar tu patronazgo.
Comenzó la música y se pusieron en su puesto cara a cara. Tris estaba verdaderamente sorprendido por su respuesta. Tal vez había más gente de buen corazón entre la aristocracia de lo que pensaba. Y de ese modo Cressida no estaría tan fuera de lugar.
Miró la línea donde Cressida iba a empezar a bailar con un joven vestido de militar. Ella le sonreía radiantemente. Maldición. De pronto se vio calculando cuándo se iban a encontrar después de progresar a través de las filas.
Cressida, muy sonriente, tenía la atención puesta en el teniente Grossthorp, pero su mente estaba centrada en Saint Raven. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Iba a arruinar todo en el último momento revelando la relación que tenían? Lo había visto junto a su padre y temió que se le acercaran, pero en ese momento lady Harry le pidió un baile.
Casi se saltó un paso, así que volvió a concentrarse en el baile. Pero, oh Dios, ella y Grossthorp subían por la fila, y Tris y lady Harry bajaban. En unos segundos estaría a la misma altura. Tendría que ofrecerle sus brazos y girar con él. Se suponía que su deber era mirarlo a los ojos y sonreír…
Volvió a mirar a su pareja sonriendo, y vio que sus ojos y su sonrisa expresaban sorpresa. ¿Qué mensaje le estaba enviando? Maldición, Tris Tregallows. Él no tenía su atención puesta en Cressida, pero era consciente de ella como si fuera un sonido más de la música, o una luz brillante que iluminaba el rabillo de su ojo. Se acercaban cada vez más.
Entonces advirtió que la dama que le correspondía tenía los ojos abiertos como platos, así que hizo que su mente se concentrara en el momento. Su encuentro con Cressida llegaría, y mientras tanto, era consciente de que bailar con un duque era una emoción inolvidable para muchas de aquellas damas, incluso para una sensata madre de mediana edad como ésa.
Él le sonrió, e intercambiaron un comentario. Cuando le tocó una joven señorita con la mirada arrobada, le dijo un pequeño cumplido, pero le envió un mensaje con los ojos que expresaba «si hubieras sido un poco mayor»… Y a una abuela llena de energía le dijo directamente:
– Si hubiera sido más joven…
Ella se rió y le contestó:
– Granuja travieso.
Después venía Cressida, pero se quedó sin palabras. Unieron sus brazos, giraron mirándose a los ojos y se dieron la vuelta. Enseguida acabaría ese momento y aún no había dicho ni una maldita palabra. Sonó el reloj y consiguió decir algo:
– Medianoche.
¿Eso era lo mejor que podía hacer? Ella lo miró fijamente y le dijo:
– ¿Qué haces aquí?
– Bailar contigo -respondió, y con esa sandez se acabó su encuentro.
Tris quería soltar un aullido y echarse a reír o llorar. ¡No había sido tan zopenco y corto en palabras desde que tenía dieciséis años!
– Medianoche -dijo lady Harry en cuanto se volvieron a encontrar-. Has tenido suerte de que ésta no sea una de nuestras recepciones, pues no te hubieran dejado entrar tan tarde. Y tampoco has venido con calzas.
– Si esto hubiera sido una recepción, hubiera venido antes y vestido de manera adecuada.
– Es verdad. Aparentemente sir Arthur organizó el baile en este lugar porque su esposa y su hija nunca tendrían acceso. Así podrán decir que antes de irse de Londres estuvieron bailando en Almack.
Su expresión no era cruel, pero ella reconoció, igual que él, que sir Arthur no se había dado cuenta de ese detalle. Cuando bailabas en Almack, lo importante no era el lugar, pues lo alquilaban a todo el mundo, sino haber estado en una de las exclusivas recepciones semanales que se celebraban durante la temporada. A Tris no le importaban demasiado las costumbres aristocráticas, pero se dio cuenta de lo naturales que eran para él y los de su clase. ¿Cressida podría aprender sus extrañas, y a veces incomprensibles, costumbres y valores? Tendría que hacerlo. Y podría. El iba a ser su guía experimentado.
En cuanto terminó ese baile vio que entraba Tiverton y se ponía a mirar por toda la sala buscando a su presa. Tris se acercó a él y le entregó a lady Harry. A ella no le importó porque consiguió una pareja de baile joven y guapo.
Tris se dio la vuelta y vio que Cressida estaba rodeada de cuatro hombres que rivalizaban por ser su pareja. Maldición. Ella no podía saber que él estaba haciendo lo posible para librarla del riesgo de un escándalo, de modo que si le pedía que bailaran tal vez podría rechazarlo.
Buscó la ayuda de sir Arthur.
– Por desgracia, sir, su hija está rodeada de posibles parejas. Tal vez usted pueda allanarme el camino.
– Su camino está lleno de hojas de fresas, señor duque-dijo el hombre haciendo que quienes estaban cerca se rieran, pues las hojas de fresa decoraban la corona ducal-. Pero si desea la aprobación de un padre…
Eso suscitó algunas miradas. De modo, pensó Tris, que el padre de Cressida tenía ideas, y no se oponía a la unión.
Sir Arthur se acercó al pequeño grupo que rivalizaba por la mano de Cressida.