– ¿Saben todos sus clientes lo de este servicio de fin de semana? -inquirió Wish.
– Desde luego que no -dijo Avery III-. Sólo unos pocos escogidos. Verá, señorita, es un servicio caro. Tenemos que traer a un guarda de seguridad.
– ¿Cuánto se tarda en desactivar el sistema y abrir la puerta? -preguntó Bosch.
– No mucho. Una vez entras el código en el teclado que hay junto a la puerta de la cámara, el ordenador lo procesa en cuestión de segundos. Después tecleas el código normal, giras la rueda y la puerta se abre por su propio peso. Treinta segundos, un minuto; quizá menos.
Era demasiado lento, pensó Bosch. La caja de Tran estaba situada en la parte delantera de la cámara, es decir, que ahí es donde estarían trabajando. Los ladrones podrían ver y seguramente oír cómo se abría la puerta de la caja. No habría factor sorpresa.
Al cabo de una hora, Bosch y Wish estaban de vuelta en el coche. Se habían trasladado al segundo piso del aparcamiento al otro lado de Wilshire, y a media manzana del Beverly Hills Safe & Lock. Después de dejar a Avery III y haber retomado sus puestos de vigilancia, habían observado a Avery IV y Grant cerrar la enorme puerta de acero de la cámara acorazada. Giraron la rueda, teclearon el código y por último apagaron todas las luces del negocio, excepto las de la sala acristalada donde se hallaba la cámara. Esas siempre permanecían encendidas para mostrar al mundo la seguridad que ofrecían.
– ¿Crees que lo harán esta noche? -le preguntó Wish.
– No sé. Sin Meadows tienen un hombre menos. Es posible que vayan atrasados.
Le habían dicho a Avery III que se fuera a casa, pero que estuviera preparado por si recibía una llamada. El propietario había aceptado, a pesar de que seguía sin creer el panorama que Bosch y Wish le habían pintado.
– Vamos a tener que cogerlos desde abajo -dijo Bosch, con las manos agarradas al volante como si estuviera conduciendo-. Es imposible abrir esa puerta con suficiente rapidez.
Bosch miró hacia Wilshire distraídamente y vio un Ford blanco junto a la acera, a una manzana de distancia. Estaba aparcado delante de una boca de incendios y dentro había dos figuras. Bosch dedujo que todavía tenía compañía.
Bosch y Wish estaban junto a su coche, que habían dejado en el segundo piso del aparcamiento, de cara al muro de contención de la fachada sur. Hacía más de una hora que aquella fea estructura de hormigón estaba prácticamente vacía, pero el aire seguía oliendo a humo de coche y a frenos quemados. Bosch estaba seguro de que el olor a quemado provenía de su vehículo. La persecución desde Little Saigon, con sus constantes paradas y arrancadas, había hecho mella en el coche de repuesto.
Desde su posición, Bosch y Wish controlaban Wilshire y, media manzana al oeste, la sala de la cámara acorazada del Beverly Hills Safe & Lock. En la distancia, el cielo estaba rosado y el sol de un naranja intenso. Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse y el tráfico empezaba a disminuir. Bosch miró hacia el este y vio el Ford blanco aparcado en la acera de Wilshire, pero los cristales ahumados le impedían distinguir a sus ocupantes.
A las ocho, una procesión de tres coches -el último un coche patrulla de la policía de Beverly Hills-, subió por la rampa y se detuvo junto a Bosch y Wish.
– Como los ladrones tengan a su vigilante en uno de los rascacielos y haya visto este pequeño desfile, seguro que les dice que se retiren ahora mismo -comentó Bosch.
Rourke y otros cuatro hombres salieron de dos coches sin identificativos y Bosch supo por sus trajes que tres de ellos eran agentes federales. El traje del cuarto hombre estaba demasiado gastado y tenía los bolsillos un poco dados, como los de Bosch. Llevaba un tubo de cartón por lo que Harry dedujo que se trataba del experto del Departamento de Aguas y Electricidad al que se había referido Wish. Del coche patrulla de la policía de Beverly Hills salieron tres agentes de uniforme. Uno de ellos, con galones de capitán en el cuello de la camisa, también portaba un papel enrollado.
Todos se reunieron alrededor del coche de Bosch y usaron su capó como mesa. Rourke presentó a todo el mundo rápidamente. Los tres del departamento de Beverly Hills estaban allí porque la operación entraba en su jurisdicción. «Cortesía interdepartamental», comentó Rourke. También habían venido porque en su archivo de seguridad comercial guardaban un plano del Beverly Hills Safe & Lock. Rourke explicó que solamente participarían en la reunión en calidad de observadores y se les llamaría más tarde si necesitaban refuerzos. Dos de los agentes del FBI, Hanlon y Houck, se repartirían la vigilancia nocturna con Bosch y Wish. Rourke quería controlar el negocio desde al menos dos ángulos. El tercer agente era el coordinador del Equipo de Operaciones Especiales del FBI. Y el último hombre era Ed Gearson, supervisor de las instalaciones subterráneas del Departamento de Aguas y Electricidad.
– Vale, preparemos la batalla -anunció Rourke tras las presentaciones. Sin pedir permiso, le cogió el tubo a Gearson y sacó un plano enrollado-. Éste es un esquema de la zona realizado por el Departamento de Aguas. En él figuran todas las alcantarillas, túneles y galerías. Nos dice exactamente lo que hay ahí abajo.
Rourke desenrolló sobre el capó el mapa gris con rayas borrosas de color azul. Los tres policías de Beverly Hills aguantaron las otras esquinas con las manos. En e¡ aparcamiento estaba oscureciendo y el hombre del Equipo de Operaciones Especiales, un agente llamado Heller, encendió una linterna de bolsillo que proyectó un haz de luz sorprendentemente amplio y brillante sobre el dibujo. Rourke se sacó un bolígrafo del bolsillo de la camisa y tiró de él hasta que se convirtió en un puntero.
– Vale, estamos… a ver… -Antes de que pudiera encontrar el lugar, el brazo de Gearson bloqueó la luz para señalar el mapa con el dedo. Rourke llevó su puntero al sitio indicado por Gearson-. Sí, aquí. -Rourke le lanzó a Gearson una mirada de «no me interrumpas nunca más». El técnico pareció encogerse un poco más bajo aquella chaqueta gastada.
Todo el mundo se inclinó para ver el sitio en el plano-El Beverly Hills Safe & Lock está aquí -dijo Rourke-. La cámara acorazada está aquí. ¿Podemos ver su plano, capitán Orozco?
Orozco era como una pirámide invertida, con las espaldas anchas sobre una cintura delgada. Al desenrollar su plano encima del de Gearson, Bosch y Wish descubrieron que era una copia del dibujo que Avery III les había mostrado antes.
– La superficie de la cámara tiene doscientos setenta y ocho metros cuadrados -les informó Orozco, señalando la zona de la cámara con la mano-. Hay cajas ele seguridad en los lados y armarios en el centro. Si estuvieran ahí debajo podrían entrar a través del suelo de estos dos pasillos, así que el radio de entrada sería de unos dieciocho metros.
– Capitán, si levanta el plano y volvemos a mirar el esquema del Departamento de Aguas veremos que la zona de entrada está aquí -dijo Rourke mientras delineaba el contorno de la cámara con un rotulador fluorescente amarillo-. Si usamos eso como guía podremos averiguar qué estructuras subterráneas permiten un mejor acceso. ¿Qué opina usted, señor Gearson?
Gearson se acercó al capó unos cuantos centímetros más para estudiar el mapa detenidamente. Bosch también se acercó y lo primero que vio fueron unas líneas gruesas que debían de representar las alcantarillas principales de este a oeste: el tipo de conducto que buscarían los ladrones. Bosch se fijó en que correspondían a las calles principales de la superficie: Wilshire, Olympic, Pico… Gearson señaló la línea de Wilshire y les contó que la alcantarilla discurría a nueve metros de profundidad y era lo suficientemente amplia para que transitara un camión. Con el dedo, el hombre del Departamento de Aguas siguió el recorrido de la línea de Wilshire diez manzanas hacia el este hasta llegar a Robertson, una de las alcantarillas principales norte-sur. Desde aquella intersección, explicó, sólo había un kilómetro y medio hasta una cloaca que discurría paralela a la autopista de Santa Mónica. La entrada a la cloaca era tan amplia como la puerta de un garaje y sólo estaba protegida por una verja y un candado.