Выбрать главу

– Yo quedé el quinto.

– El quinto, sí -repuso Ricky con una sonrisa-, pero seguro que no sabías ni deletrearlo.

Linda soltó una carcajada y Emmett la miró con fingida tristeza.

– Controla a tu hijo -le dijo-, perdón, contrólate a ti y controla a tu hijo.

Evidentemente, Linda no pensaba hacerlo. Ricky estaba riendo a carcajadas, ella también reía y en los ojos de Emmett había una luz que hasta entonces nunca había visto. Todos necesitaban aquella risa.

– Muy bien -dijo Linda por fin, mirando la lista que tenía en la mesa-. La primera palabra es cama. Me gusta dormir en la cama. Cama.

Ricky gimió y la escribió rápidamente.

– ¿Y la siguiente?

– Sábana. He puesto las sábanas en la cama. Sábana.

Emmett arrugó ligeramente el periódico. Quizá fuera el sonido, o quizá la mención de la cama, pero el caso fue que Linda volvió a mirar hacia él. Alzó la mirada de la lista de palabras y sus miradas se encontraron.

– ¿Cuál es la siguiente?-la urgió Ricky-. No quiero estar con esto toda la noche.

– Yo tampoco -contestó Emmett suavemente-. Tú tienes que volver a tu casa y nosotros necesitamos…

Linda bajó la mirada a la lista con el corazón latiéndole violentamente en el pecho.

– Relajarse -leyó en voz alta-. Resulta difícil relajarse cuando…

– Hace tanto calor en la habitación -terminó Emmett por ella.

Linda se humedeció los labios e intentó concentrarse en lo que estaba haciendo. Cerró los ojos y los abrió.

– Líquido -dijo-. Me siento como un líquido cuando…

– Nadie se siente como un líquido -la corrigió Ricky.

– De acuerdo, lo siento. El hielo se convierte en líquido cuando… eh…

– Se derrite -completó Emmett por ella.

Oohh. Ella sí que se estaba derritiendo y le resultaba imposible concentrarse. Bajó la mirada hacia la lista. Las letras que en ella aparecían habían dejado de tener sentido. Se la tendió a Emmett.

– Necesito un vaso de agua.

– Excelente -le oyó decir a Emmett mientras se acercaba al fregadero-. El hombre pensaba que con aquella mujer tenía una excelente oportunidad. Excelente.

– ¡No quiero frases de amor! ¡Puaj!-protestó Ricky.

Linda cerró los ojos y sostuvo el vaso contra su mejilla.

– Rápido -leyó Emmett-. El niño tenía que irse rápido a la cama.

– ¿Por qué?-preguntó Ricky mientras escribía la palabra-. A lo mejor hoy me acuesto tarde.

– No. El niño no se va a ir tarde a la cama. No.

– Esa palabra no está en la lista -dijo Ricky con una sonrisa.

– Pero es completamente cierta -Emmett miró a Linda y ésta tuvo que aferrarse al vaso con fuerza para no estremecerse-. Dos palabras más y tendrás que volver a la casa grande.

– Vamos -gruñó Ricky.

– Excitada. Él sabía que ella estaba excitada. Excitada.

– ¿Excitada por qué? ¿Por qué estaba excitada?

Emmett bajó la mirada hacia la lista y le dirigió a Linda una mirada increíblemente masculina.

– La siguiente palabra es explosión.

Y Linda estuvo a punto de terminar convertida en un charquito en el suelo. Pero consiguió dominarse lo suficiente como para desearle a Ricky buenas noches. Después, mientras Emmett acompañaba al niño a la casa principal, corrió hacia el baño y se lavó los dientes. Dos veces.

En aquella ocasión, no había lugar a error. Emmett la deseaba tanto como ella lo deseaba a él. Por primera vez desde hacía diez años, iba a saber lo que era estar en los brazos de un hombre. Y no podía estropearlo.

Capítulo 7

Emmett se regañó a sí mismo mientras regresaba a la casa principal. Su conversación con Lily en el campo de fútbol parecía haber encendido una ligera llama en su alma y la mirada de Linda en la cocina también había arrojado una pequeña luz sobre lo que esperaba de él. Lily le había asegurado que Linda no tenía por qué estar necesariamente interesada en que permaneciera para siempre a su lado, y las miradas que habían cruzado aquella noche parecían demostrarle que sí estaba interesada en él.

Pero él no podía revelar sus sentimientos, se dijo. Tendría que moverse lentamente, dejar que fuera Linda la que le indicara hasta dónde podía llegar. Y debía estar seguro de que, por estrecha que fuera su unión física, no podía haber ninguna intimidad en su relación.

Cuando entró en la casa, oyó que estaba en el cuarto de baño y se quedó esperándola en el pasillo. Linda abrió la puerta, apagó la luz del baño y se sobresaltó ligeramente al encontrarlo allí.

– Eres tú -dijo.

– ¿Esperabas a otra persona?

Linda sacudió lentamente la cabeza. Un ligero rubor cubría sus mejillas.

– Sólo te esperaba a ti.

– Eso me gusta -se apartó de la pared y caminó hacia ella.

– No olvides que te he dicho que no tengo mucha experiencia -le advirtió.

Emmett no movió un solo músculo, pero era consciente del calor que emitía su cuerpo.

– Eso es como montar en bicicleta.

– También hace más de diez años que no monto en bicicleta.

– Entonces eso lo dejaremos para otro día -tomó sus manos, entrelazó los dedos con los suyos-. Esta noche es para nosotros.

Linda se estremeció.

– ¿Tienes frío?-susurró él.

– Me temo que usted me afecta mucho, señor Jamison.

– Por si lo ha olvidado, señorita Faraday, así es exactamente como se supone que funciona esto -tiró suavemente de ella para estrecharla contra él.

Linda alzó la mirada e hizo un gesto de desagrado.

– ¿Qué te pasa?

– La luz del pasillo. Es demasiado intensa.

Emmett alargó la mano y apagó el interruptor.

– Solucionado.

No estaban completamente a oscuras; la luz de la cocina le permitía distinguir el brillo dorado de su pelo y la bonita forma de su boca. Pero era una iluminación suficientemente tenue como para que otros sentidos comenzaran activarse. Emmett reparó en el sonido jadeante de su respiración y cuando posó la mano en su mejilla, sintió latir su pulso contra ella.

– No tienes que tener miedo de nada.

– Lo sé. No te tengo miedo -se puso de puntillas y su aliento bañó los labios de Emmett.

Estremecido, Emmett olvidó todas sus preocupaciones y promesas, se olvidó del pasado y del futuro. Pero recordó que debía ir despacio. De modo que encajó su boca con la de Linda con tierno cuidado. Presionó suavemente sus labios y dibujó sus curvas con la punta de la lengua. La sintió temblar bajo sus manos y volvió a dibujar nuevamente sus labios, notando que se iniciaba un suave ronroneo en lo más profundo de su pecho.

Emmett posó la mano en la parte posterior de la cabeza de Linda e inclinó la boca. Linda contuvo la respiración y Emmett deslizó la lengua entre sus labios. También entonces fue lento y considerado. Exploraba el interior de su boca con caricias tan lentas como delicadas.

Notaba cómo iba subiendo la temperatura de Linda bajo sus manos, pero no se permitió moverlas. Continuó concentrándose en su boca, en el sedoso calor de su interior, en la textura aterciopelada de su lengua.

Linda se estrechó contra él y comenzó a retorcerse contra su pecho, haciéndole sentir la dureza de sus pezones erguidos. Emmett deseó entonces quitarle la camiseta y el sujetador para apoderarse de aquellos dos montículos y succionarlos, lamerlos, mordisquearlos… Pero no lo hizo.

Continuó manteniendo el ritmo lento de su beso aunque sentía los músculos de Linda tensándose bajo sus manos. Y en el instante en el que la lengua de Linda se aventuró por primera vez al interior de su boca, su erección reclamó toda su atención.

Gimió al sentir la pelvis de Linda presionada contra aquel duro anhelo. Dejó caer la mano y la deslizó en el interior de la camiseta. Al sentir que se le ponía la carne de gallina, sonrió contra su boca.

– ¿Tienes cosquillas?-susurró.