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Pero Linda no se permitió preocuparse por ello. Continuó con la rutina de todas las mañanas: ducha, café y una ojeada al periódico hasta que Ricky llamaba a la puerta antes de ir al colegio. Ya no se molestaba en inventar ninguna excusa. Continuaba robando galletas y Linda fingiendo que miraba hacia otro lado.

Tenía esperanzas.

Como siempre, se despidió de él cuando llegó la hora de marcharse y esperó en la puerta hasta perderlo de vista.

– Buenos días -oyó de pronto una voz desconocida.

Linda volvió la cabeza con los ojos abiertos como platos. Tampoco el rostro del hombre le resultaba familiar. Iba vestido con unos pantalones de color caqui y una camisa informal. Llevaba una bolsa de lona al hombro.

– Estoy buscando a Emmett Jamison.

Linda retrocedió al interior de la casa. Y al hacerlo chocó con Emmett, que posó la mano en su hombro para evitar que perdiera el equilibrio.

– ¿Nolan Green?

– Sí, trabajo como fotógrafo para el San Antonio Express.

Emmett pasó por delante de Linda y le estrechó la mano.

– Ésta es Linda Faraday. Cariño, van a hacerme unas fotografías, ¿de acuerdo? No he tenido oportunidad de contártelo.

Porque habían estado haciendo el amor y después se había quedado dormido. Linda lo había despertado cuando había ido a abrirle la puerta a Ricky.

– De acuerdo.

– ¿Puedes preparar un café?-le pidió Emmett.

– Claro.

Le habría gustado preguntar para qué eran aquellas fotos, pero no quería entrometerse. Que estuviera enamorada de Emmett no quería decir que él también estuviera enamorado de ella.

Se dirigió a la cocina mientras el fotógrafo comenzaba a sacar la cámara. A través de la puerta abierta de la cocina, oía la conversación entre los dos hombres. Nolan Green quería hacer las fotografías fuera.

– Aquí, en el porche, el entorno sería magnífico. Le haría parecer más accesible.

– Normalmente, los abogados no buscan mostrar su lado más amable -respondió Emmett.

– Y tampoco los agentes del FBI -respondió el fotógrafo-. He leído el artículo que ilustrarán estas fotografías. Al parecer, quieres crear una fundación que lleve el nombre de Ryan Fortune. Tenemos algunas imágenes de archivo de Ryan Fortune que aparecerán en el reportaje.

– De acuerdo, pero quiero que aparezca mi fotografía. Y que mi nombre figure en el centro del artículo.

Linda, que se dirigía en aquel momento con el café hacia el porche, se detuvo en seco. ¿Emmett estaba buscando publicidad? Aquello resultaba de lo más extraño. Continuó avanzando hasta el porche y le tendió el café a Emmett.

– Gracias -vació media taza de un solo trago-. Ahora sí que podré sobrevivir un día más.

Había algo en la ligereza de sus palabras que la asustó. Linda tragó saliva.

– ¿Has… has hablado con Lily de la idea que tuve sobre la fundación?

– Sí, el día que fui a las oficinas de Fortune TX -parecía sentirse culpable-. Un periodista del San Antonio Express-News quiere hacer un reportaje.

El fotógrafo continuaba haciendo su trabajo.

– No me lo habías comentado.

– Cuando estoy contigo, pienso en otras cosas -la miró a los ojos.

Y hacía planes de los que no quería informarla. Tuvo la confirmación de sus sospechas cuando Emmett se volvió hacia el fotógrafo:

– Asegúrate de que ella no salga en las fotografías, ¿de acuerdo, Nolan?

Estaba protegiéndola otra vez, ¿pero de qué?

– Estaré también en la rueda de prensa que has convocado. Es el viernes a las doce, ¿verdad?

– Exacto. Se celebrará fuera del edificio de Fortune TX. También irá la televisión.

– Los Fortune siempre son una noticia importante en esta ciudad -vaciló un instante-. En nuestro artículo podríamos incluir alguna referencia a tu hermano, ¿te parece bien?

Emmett le dirigió a Linda una mirada rápida y se encogió de hombros.

– No puedo controlar a la prensa.

Pero tampoco quería hacerlo, comprendió Linda de pronto. Para eso había organizado todo aquello, las fotos, el anuncio de la fundación, la rueda de prensa… Quería aparecer en los medios para llamar la atención. Todo aquello tenía que ver con Jason Jamison.

A Linda se le heló el corazón. Porque Emmett Jamison, agente del FBI, continuaba en activo. Las fotografías y la entrevista formaban parte de su trabajo como agente federal. Estaba decidido a atrapar a su hermano. El hombre del que se había enamorado se estaba colocando a sí mismo como cebo.

Linda no sabía qué hacer. Estaba aturdida y no confiaba en su propia voz, de modo que dejó a Emmett con el fotógrafo y se acercó a la casa principal. La cocinera le preparó una taza de té que le sirvió en la cocina. Linda intentó concentrarse en dominar sus pensamientos: estaba enamorada de un hombre que haría cualquier cosa para atrapar a su hermano, y no sabía qué hacer para detenerlo.

Unos minutos después, entraba Nancy Armstrong en la cocina. Sonrió al ver a Linda.

– ¡Buenos días! Cuánto me alegro de verte, ¿qué estás haciendo por aquí?

– A Emmett le están haciendo unas fotografías para un artículo del periódico, así que he decidido quitarme de en medio.

Nan se sirvió un té y se sentó a su lado.

– Estupendo, porque estoy desesperada por un poco de conversación femenina. Esta semana se ha cancelado la partida de bridge y, con Dean en casa, el día se me hace muy largo. Me paso las horas contestando a preguntas como «¿dónde he dejado los calcetines?» o «¿has visto la mermelada de fresa?», aunque lleven en el mismo lugar cuarenta años.

Linda se descubrió sonriendo al oírla. Nan bebió un sorbo de té.

– Al parecer estás haciendo grandes progresos.

– Sí, es cierto. Los dolores de cabeza son menos frecuentes y ya no duermo tanto. Y unas cuantas clases más al volante y creo que podré sacarme el carné de conducir.

– Y también estás forjando una relación con Ricky.

– Esta semana me ha pedido que le firme un permiso para ir de excursión. Emmett piensa que es una buena señal.

– Sí, te está reconociendo como madre.

Hubo algo en el tono de voz de Nan que hizo que Linda dejara la taza de té sobre la mesa y buscara su mano.

– Oh, Nan. No había pensado en lo duro que está siendo todo esto para ti. Dean y tú habéis sido sus padres durante todos estos años y ahora…

– Sus abuelos -la corrigió Nan-. Siempre lo hemos tenido muy claro y hemos intentado que también Ricky lo tuviera.

– Sois las mejores personas que he conocido nunca. No sabéis lo agradecida que os estoy.

– Por cierto, Linda, ¿qué tal se llevan Ricky y Emmett?

Aquella pregunta hizo que se le iluminara el rostro. Se inclinó hacia delante.

– No sabes cómo se parecen. Les gusta la misma pizza, la misma tarta, los mismos dibujos animados… Creo que Ricky deletrea mejor que él, pero prefiere que sea Emmett quien lo ayude con las matemáticas.

– Sería un padre excelente.

Linda se recostó en la silla. ¿Un padre? ¿El padre de Ricky? ¿Su marido? ¿Era allí donde esperaba llegar?

– Nunca había pensado realmente en ello -musitó.

– Pues quizá deberías hacerlo.

– Yo no… Nosotros… Emmett sólo me está ayudando porque le prometió a Ryan que lo haría…

– He visto cómo te mira, Linda. Tú eres como el sol y él se deleita bajo tu luz.

Ojala fuera cierto.

– Es un hombre sombrío. Ha visto cosas que le han hecho retirarse al mundo de las sombras.

– Sí, tienes razón, pero tú puedes sacarlo de ahí.

¿De verdad podría hacer eso por Emmett? Pero quizá fuera un trabajo que le llevara toda una vida. Una tarea tan aterradora como hacerse cargo de Ricky.

– Da mucho miedo amar a alguien -susurró-. ¿Y si luego todo se estropea?