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– Mira a la llama -dijo-. En ella no hay calor. Es llama pura. La llama pura puede llevarte a las profundidades de lo desconocido.

Conforme hablaba, comencé a sentir una extraña presión: era una pesadez física. Me zumbaban los oídos; mis ojos lagrimearon al punto de que apenas podía distinguir la forma de los muebles. Mi visión parecía estar totalmente fuera de foco. Aunque tenía abiertos los ojos, ya no podía ver la intensa luz de las lámparas de gasolina. A mi alrededor todo era oscuridad. Había rayos de fosforescencia color verde amarillento que iluminaban oscuras nubes en movimiento. Luego, tan abruptamente como oscureció, aclaró.

No podía determinar dónde estaba. Parecía que flotaba, como un globo. Estaba solo. Tuve un momento de terror, y mi razón se apresuró a elaborar una explicación racionaclass="underline" Genaro me había hipnotizado, usando la llama de la lámpara de gasolina. Me sentí casi satisfecho. Floté sin agitación, tratando de no preocuparme; pensé que una forma de evitar la preocupación era concentrarme en las fases que tendría que atravesar para despertar.

Lo primero que noté fue que yo no era yo mismo. No podía mirar realmente a nada porque no tenía nada con que mirar. Cuando hice un esfuerzo por examinar mi cuerpo me di cuenta de que sólo podía tener conciencia, y sin embargo era como si desde una gran altura contemplara un espacio infinito. Había portentosas nubes de luz brillante y masas de oscuridad; ambas estaban en movimiento. Vi claramente a una onda de resplandor ambarino que venía hacia mí como una enorme y lenta ola marina. Supe en ese instante que yo era como una boya flotando en el espacio y que la ola iba a alcanzarme y a arrastrarme con ella. Lo acepté como algo inevitable. Pero justo antes de que me envolviera ocurrió algo completamente inesperado, un viento fuertísimo me sacó del camino de la ola.

La fuerza de ese viento me arrastró con tremenda velocidad. Atravesé un inmenso túnel de intensas luces coloridas. Mi visión se borró completamente. Luego sentí que despertaba, que había vivido un sueño, un sueño hipnótico provocado por Genaro. El próximo instante estaba de vuelta en el cuarto con don Juan y Genaro.

Dormí la mayor parte del día siguiente. Entrada la tarde, don Juan y yo volvimos a reanudar nuestra discusión. Hablé con Genaro más temprano, pero se negó a comentar mi experiencia.

– Anoche, Genaro empujó de nuevo tu punto de encaje -dijo don Juan-. Pero como siempre, el empujón fue demasiado fuerte.

Con ansia, le relaté a don Juan el contenido de mi visión. Sonrió, obviamente aburrido.

– Tu punto de encaje se alejó de su posición normal -dijo-. Y eso te hizo percibir emanaciones que no son percibidas comúnmente. Parece muy fácil, ¿verdad? Y sin embargo es un logro supremo. Los nuevos videntes casi se extinguieron tratando de examinarlo.

Explicó que, por dos razones, nosotros, los seres humanos, ponemos en relieve ciertas emanaciones para percibirlas. La primera y más importante, es porque nos han enseñado que esas emanaciones son perceptibles, y la segunda, porque nuestros puntos de encaje han sido entrenados a seleccionar y preparar esas emanaciones para ser utilizadas.

– Cada ser viviente tiene un punto de encaje -prosiguió-, que selecciona las emanaciones que serán acentuadas. Los videntes pueden saber si los seres conscientes comparten la misma visión del mundo, al ver si son iguales las emanaciones que sus puntos de encaje han seleccionado.

Afirmó que uno de los más importantes adelantos de los nuevos videntes fue descubrir que el sitio donde se encuentra localizado ese punto, en el capullo de todos los seres vivientes, no es una característica permanente. La conducta habitual lo sitúa en ese sitio específico. De ahí la tremenda importancia que le dan los nuevos videntes a las nuevas acciones, a las nuevas posibilidades prácticas. Desesperadamente, quieren llegara nuevos usos, a nuevos hábitos.

– El golpe del nagual es de suprema importancia -continuó-, porque hace que ese punto se mueva. Altera su ubicación. A veces incluso llega a crear una grieta permanente en ese sitio. El punto de encaje queda completamente desalojado, y la percepción cambia de manera dramática. Pero lo que resulta ser aún de mayor importancia, es entender todas las verdades de la conciencia de ser. Sólo así llega uno a darse cuenta de que ese punto debe moverse desde adentro. La triste verdad es que los seres humanos siempre pierden por negligencia. Simplemente desconocen sus posibilidades.

– ¿Cómo puede uno lograr ese movimiento desde adentro? -pregunté.

– Los nuevos videntes dicen que la técnica es la comprensión -dijo. Afirman que, en primer lugar, uno debe saber a ciencia cierta que todo lo perceptible emana del sitio específico donde se localiza nuestro punto de encaje. Una vez entendido esto, podemos desplazar el punto de encaje casi a voluntad, como consecuencia de nuevos hábitos.

Le pedí que aclarara el tema de tener nuevos hábitos. Yo no lo entendía.

– El punto de encaje del hombre aparece, en torno a un área definida, en el capullo, porque así lo decreta el Águila -dijo-. Pero el sitio preciso donde se fija queda determinado por los hábitos, por los actos repetitivos. Primero aprendemos que puede situarse allí y después nosotros mismos le ordenamos que ahí se sitúe. Nuestro comando se convierte en el comando del Águila y el punto queda fijo en ese sitio. Considera esto con cuidado; nuestro comando se convierte en el comando del Águila. Por tal hallazgo, los antiguos videntes pagaron carísimo.

Una vez más aseveró que los antiguos videntes nunca entendieron lo que hacían. Desarrollaron miles de las más complejas técnicas de brujería, y jamás supieron que sus procedimientos, por más intrincados que hubieran sido, sólo servían para romper la estabilidad de sus puntos de encaje y hacerlos desplazarse.

Le pedí que me explicara mejor lo que había dicho.

– Te mencioné una vez que la brujería es algo como entrar en un callejón sin salida -contestó-. Lo que quería decir era que las prácticas de brujería no tienen ningún valor intrínseco. Su valor es indirecto. Su verdadera función es hacer que el punto de encaje se desplace al lograr que la primera atención abandone momentáneamente su control sobre ese punto.

"Los nuevos videntes se dieron cuenta del verdadero papel que jugaban esas prácticas de brujería, y decidieron pasarlas por alto e ir directamente a hacer que sus puntos de encaje se desplazaran, evitando así todas las demás tonterías de rituales y encantamientos. Sin embargo, en cierto momento, los rituales y los encantamientos son realmente necesarios. Yo personalmente, te he iniciado en todo tipo de rituales y encantamiento, pero sólo con objeto de permitir que tu primera atención salga de la absorción en sí misma. Esa absorción es la que crea la fuerza que mantiene el punto de encaje rígidamente fijo.

Agregó que los rituales y los encantamientos, siendo repetitivos, obligan a la primera atención a liberar una porción de la energía empleada en contemplar el inventario humano y el punto de encaje pierde así su rigidez.

– ¿Qué le ocurre a las personas cuyos puntos de encaje pierden rigidez? -pregunté.

– Si no son guerreros, creen que se están volviendo locos -dijo sonriendo-. Cómo te pasó a ti en cierta época, cuando creías que te habías desquiciado. Si son guerreros, saben que ya los agarró la locura, pero esperan con paciencia. Saben a ciencia cierta que el tener cordura y sentido común sólo significa que el punto de encaje está fijo y rígido en su posición habitual. Cuando se mueve, pues no está desquiciado, sin más ni más.

Dijo que se les abren dos opciones a los guerreros cuyos puntos de encaje se han desplazado. Una es reconocer estar enfermos y comportarse como locos, reaccionando emocionalmente ante los extraños mundos que la nueva posición de sus puntos de encaje los obliga a presenciar; la otra es permanecer serenos, inconmovibles, sabiendo que el punto de encaje siempre vuelve a su posición original.