Выбрать главу

– Yo te di muchísimas veces plantas de poder para así lograr que tu punto de encaje se moviera -prosiguió don Juan-. Las plantas de poder tienen ese efecto; pero también el hambre, el cansancio, la fiebre y otras aflicciones por el estilo tienen un efecto similar. La falla del hombre común es creer que todo lo que sucede, como resultado de un movimiento del punto de encaje, es puramente mental. No lo es, como tú mismo puedes ahora atestiguar.

Explicó que mi punto de encaje se había movido profundamente veintenas de veces en el pasado, así como lo había hecho el día anterior, pero que, la mayoría de las veces que se movió, los movimientos fueron leves y los mundos que me vi forzado a percibir fueron virtualmente mundos fantasmas, por estar tan cercanos al mundo cotidiano. Agregó que movimientos de ese tipo eran automáticamente descartados por los nuevos videntes.

– Las visiones que producen esos movimientos se originan en el inventario del hombre -continuó-. No tienen valor alguno para los guerreros que buscan la libertad total, porque son resultado de un movimiento lateral del punto de encaje.

Dejó de hablar y me miró. Yo supe al instante que "movimiento lateral" significaba un movimiento del punto de encaje en la superficie del capullo, de un lado a otro a lo ancho de la banda de emanaciones del hombre. Le pregunté si yo tenía razón.

– Eso es exactamente lo que quise decir -dijo-. En los dos bordes de la banda del hombre hay un extraño depósito de basura, una incalculable masa de cachivaches humanos. Es un almacén mórbido y siniestro, que tenía un gran valor para los antiguos videntes pero no para nosotros.

"Una de las cosas más fáciles que puede uno hacer es caer en ese depósito de basura. Ayer, Genaro y yo empujamos a tu punto de encaje porque queríamos darte un vivo ejemplo de ese movimiento lateral. Pero cualquier persona puede llegar a ese almacén simplemente deteniendo su diálogo interno. Cuando eso sucede, los resultados se explican como fantasías de la mente si el cambio es mínimo. Si el cambio es considerable, los resultados son llamados alucinaciones.

Luego me explicó cómo había usado Genaro su paso de poder para mover mi punto de encaje. Dijo que, una vez que los guerreros han entrado en un estado de silencio interior al detener su diálogo interno, los rige el oído más que la vista. El sonido y el ritmo de pasos amortiguados captura al instante la fuerza de alineamiento de las emanaciones interiores, que ha sido desconectada por el silencio interior.

– De inmediato, esa fuerza se engancha a los bordes de la banda -prosiguió-. A la orilla derecha encontramos interminables visiones de actividad física, violencia, matanzas, sensualidad. A la orilla izquierda encontramos espiritualidad, religión, Dios. Genaro y yo movimos tu punto de encaje a los dos bordes, para poder darte una visión completa de ese basurero humano.

Don Juan guardó silencio; parecía estar pensando cómo continuar su explicación. Por fin habló y dijo que los increíbles efectos del silencio interior eran uno de los más valiosos aspectos del conocimiento de los videntes, en general. Repitió una y otra vez que en el momento en que uno entra a un estado de silencio interno empiezan a romperse los lazos que atan al punto de encaje al sitio específico en el que está localizado, y que el punto de encaje queda así en libertad para moverse.

Añadió que generalmente el movimiento, si no es lateral, es hacia lo profundo de la banda del hombre, que tal preferencia direccional es una reacción natural de la especie humana, pero que existen videntes que pueden mover el punto de encaje a posiciones bajo el sitio normal. Los nuevos videntes llaman a ese cambio "el movimiento hacia abajo".

– Los videntes muy a menudo sufren movimientos involuntarios hacia abajo -prosiguió-. El punto de encaje no permanece en esa posición baja por mucho tiempo, y eso es afortunado porque ese es el lugar de la bestia. Ir abajo va en contra de nuestros intereses, aunque es la cosa más fácil de lograr.

Don Juan dijo que entre los muchos errores que cometieron los antiguos videntes, uno de los más graves fue el mover sus puntos de encaje a la inmensurable área debajo del sitio normal. El moverse de ese modo los volvió expertos en adoptar las formas de los animales que ellos elegían como sus puntos de referencia. Llamaban a esos animales su nagual, y creían que al mover sus puntos de encaje a sitios específicos podían adquirir las características del animal elegido, su fuerza, sabiduría, astucia, agilidad o ferocidad.

Don Juan me aseguró que aún entre los videntes de hoy en día existen espantosos ejemplos de esas prácticas. La relativa facilidad con la que el punto de encaje del hombre se mueve hacia cualquier posición en el área baja representa una gran tentación para los videntes, especialmente para aquellos que tienen una inclinación natural hacia ello. Es el deber del nagual, por lo tanto, poner a prueba a sus guerreros.

Me dijo que me había puesto a prueba una vez, al mover mi punto de encaje a una posición baja. Con la ayuda de una planta de poder guió mi punto de encaje hasta que pude aislar la banda de emanaciones de los cuervos; lo que resultó en que yo me transformara en cuervo.

Cómo había hecho docenas de veces, le pregunté a don Juan una vez más si físicamente me convertí un cuervo o si había sido simplemente un proceso mental y emotivo. Explicó que un movimiento de tal naturaleza resulta siempre en una transformación total. Agregó que si el punto de encaje cruza un límite crucial, el mundo que conocemos se desvanece; deja de ser lo que es al nivel del hombre.

Reconoció que, vista desde cualquier punto, mi transformación fue en verdad horripilante. Mi reacción a aquella experiencia le probó que yo no tenía inclinaciones naturales hacia eso. De no haber sido así, yo hubiera tenido que emplear enormidades de energía para no sucumbir a la tentación de permanecer indefinidamente en esa área baja.

Me advirtió que los movimientos involuntarios que cada vidente experimenta periódicamente, se vuelven menos frecuentes conforme su punto de encaje avanza más hacia lo profundo de la banda. Sin embargo, cada vez que ocurre ese movimiento hacia abajo disminuye en forma considerable el poder del vidente que lo experimenta.

– Cuando sucede uno de esos movimientos -prosiguió-, los videntes se vuelven extremadamente: malhumorados e intolerantes, y en algunos casos, hasta extremadamente racionales.

– ¿Cómo pueden los videntes evitar esos movimientos involuntarios? -pregunté.

– Todo depende del guerrero -dijo-. Algunos de ellos, como tú por ejemplo, están tan encariñados consigo mismos que se consienten toda clase de caprichos y excesos. Esos son a los que les va más mal. Para los que son como tú, yo recomiendo una vigilancia de veinticuatro horas al día. Los guerreros disciplinados son menos propensos a ese tipo de movimiento; para ellos yo recomendaría veintitrés horas y media de vigilancia.

Me miró con ojos brillantes y se rió.

– Las videntes son más propensas a los movimientos hacia abajo que los hombres -dijo-. Pero también son capaces de salir de un salto de esa posición, sin esfuerzo alguno, mientras que los hombres se dilatan peligrosamente en ella.

Dijo que las videntes tienen una capacidad extraordinaria no sólo para salir velozmente sino también para hacer que sus puntos de encaje se aferren a cualquier posición en el área de abajo. Los hombres por otra parte, no pueden ni salir rápidamente de esa área ni aferrarse a ella. Los hombres tienen sobriedad y propósito, pero muy poco talento; por esa razón un nagual tiene que tener ocho mujeres videntes en su grupo. Las mujeres dan al grupo el impulso, la audacia para cruzar la inmensidad de lo desconocido. Junto con esa capacidad natural, o como consecuencia de ella, las mujeres tienen una feroz intensidad. Y por ello, pueden reproducir una forma animal con gran facilidad, con mucho estilo y con una ferocidad sin par.