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Lo cual significaba que la carpeta de actas era una coartada preparada.

Lo cual significaba que la película era una trampa para sondear sus reacciones y averiguar qué sabía.

Lo cual significaba que la Zorra Roja trataba de hacerle lo que Mal Considine pretendía hacerle a ella.

Lo cual significaba que sabían quién era.

Danny fue hasta el anaquel que había sobre la nevera, el lugar donde guardaba su personalidad de agente D. Upshaw. Recogió la placa y las esposas y se las apretó contra el pecho, desenfundó el revólver 45 y lo apuntó contra el mundo.

30

El jefe de detectives Thad Green saludó a Mal, luego a Dudley Smith.

– Caballeros, no los habría llamado tan temprano esta mañana si no fuera urgente. Lo que voy a decirles aún no ha trascendido, y no debe salir de aquí.

Mal miró a su mentor del Departamento de Policía. El hombre, infrecuentemente serio, rayaba en lo funerario.

– ¿De qué se trata, señor?

Green encendió un cigarrillo.

– La lluvia ha causado deslizamientos de tierra en las colinas. Hace una hora se encontró un cuerpo en la carretera de acceso al Letrero de Hollywood. El sargento Eugene Niles, Escuadrón Hollywood. Sepultado, con un disparo en la cara. Llamé a Norton Layman para que me diera un informe rápido, y le extrajo dos balas calibre 38 de la bóveda craneana. Los disparos se efectuaron con una Iver-Johnson Police Special, que como saben es el arma reglamentaria estándar del Departamento de Policía y el Departamento del sheriff. Niles fue visto por última vez antes de ayer en la Estación Hollywood, donde tuvo una trifulca con el agente Daniel Upshaw, colega de ustedes en la investigación del gran jurado. Ustedes han trabajado con Upshaw, y los he convocado aquí para pedir conclusiones. Mal, adelante.

Mal se tragó su conmoción, reflexionó y habló.

– Señor, no creo que Upshaw sea capaz de matar a un hombre. Lo amonesté anteanoche por lo de Niles, y se lo tomó como un buen policía. Parecía aliviado de que Niles ya no estuviera bajo su mando, y todos sabemos que Niles estaba muy enredado con Brenda Allen. Oí decir que era recaudador de Jack Dragna, y yo me fijaría en Jack y Mickey antes de acusar a un colega.

Green asintió.

– Teniente Smith.

– Señor, no estoy de acuerdo con el capitán Considine. El sargento Mike Breuning, quien también trabaja en ese caso de homicidio con Upshaw, me comentó que Niles le tenía miedo al muchacho y estaba convencido de que Upshaw había irrumpido en una casa de su jurisdicción para conseguir pruebas. Niles le dijo al sargento Breuning que Upshaw había mentido acerca del modo en que se enteró de la segunda y la tercera víctimas, y que estaba tratando de reunir pruebas para acusarlo. Más aún, Niles estaba convencido de que Upshaw estaba extrañamente obsesionado con estas muertes perversas que tanto le preocupan, y la pelea se precipitó cuando Niles llamó «maricón» a Upshaw. Un informador me dijo que alguien vio a Upshaw amenazando a un conocido alcahuete de homosexuales llamado Felix Gordean, un hombre que paga suculentas sumas a Antivicio Central del Departamento del sheriff. Gordean le dijo a mi hombre que Upshaw está loco, obsesionado por una especie de conspiración homosexual, y que intentó extorsionarlo, pues amenazó con ir a los periódicos a menos que él le diera una información especial que según Gordean ni siquiera existe.

Mal intervino:

– ¿Quién es tu informador, Dudley? ¿Y por qué tú y Breuning os preocupáis tanto por Upshaw?

Dudley sonrió, un tiburón disimulando:

– No quiero que la conducta violenta e inestable de ese muchacho altere su trabajo para nuestro gran jurado, y estoy tan poco dispuesto como tú a divulgar el nombre de mis informadores, capitán.

– Pero estás dispuesto a echar a perder la carrera de un colega. Un hombre a quien considero un joven dedicado y brillante.

– Siempre he oído decir que tenías una debilidad por tus agentes, Malcolm. Tendrías que ser más circunspecto al manifestarla, especialmente desde que eres capitán. Personalmente considero que Upshaw es capaz de asesinar. La violencia es a menudo el recurso de los débiles.

Mal pensó que, en las condiciones apropiadas y con unas copas de más, el chico podía matar a sangre fría.

– Jefe -dijo-, Dudley es persuasivo, pero yo no acusaría a Upshaw de esto.

Thad Green apagó el cigarrillo.

– Ustedes están demasiado involucrados personalmente. Pondré a trabajar a gente imparcial.

31

Sonó el teléfono. Danny buscó el supletorio que había junto a la cama, vio que se había desmayado en el suelo y tropezó con botellas vacías y carpetas cuando iba a cogerlo.

– Sí, ¿Jack?

– Soy yo -dijo Jack Shortell-. ¿Me oyes?

Danny parpadeó para protegerse de la hiriente luz del sol, cogió papel y lápiz.

– Adelante.

– Primero, los seguimientos de Breuning eran falsos. Me cobré un viejo favor en Homicidios de la Policía, revisé las hojas de servicio de los hombres que Dudley usa habitualmente y descubrí que estaban trabajando a tiempo completo en otros casos. Busqué a Gene Niles para ver si podía persuadirlo de conseguir más información, pero el maldito no aparece por ninguna parte. El Departamento de Policía investigó la zona donde hallaron el cuerpo de Duarte. Recibieron la denuncia y un detective novato de Central fue al lugar. Hasta ahora nada. El doctor Layman está buscando elementos residuales allí. Quiere hacer un trabajo forense completo sobre Duarte para incluirlo en su próximo libro. Cree que la lluvia limpiará los rastros, pero de todos modos lo está intentando, y la autopsia ofrece la misma versión que para los otros tres: sedado, estrangulado, mutilado después de la muerte. Llamé a los otros hombres de tu lista y se tomarán unas breves vacaciones hasta que esto termine. Danny, ¿sabías que el tal Hartshorn se ha suicidado?

– Sí, y no sé si se relaciona con nuestro caso.

– Bien, pasé por la Estación Wilshire y miré el informe, y parece limpio: no hubo irrupción violenta, ni lucha. La hija de Hartshorn dice que el padre estaba muy preocupado por lo del gran jurado.

Danny se estaba poniendo nervioso; volvía a recordar la escena con De Haven: ella sabía, ellos sabían, adiós Ted Rojo.

– Jack, ¿tienes algo nuevo?

– Tal vez algo gordo -dijo Shortell-. Me he pasado toda la noche indagando la cuestión del glotón, y obtuve una pista importante relacionada con un viejo llamado Thomas Cormier. Es un naturalista aficionado, en cierto modo famoso. Vive en Burker Hill, y alquila criaturas de la familia de las comadrejas a la industria cinematográfica y los circos. Tiene varios glotones encerrados, los únicos conocidos en Los Ángeles. Ahora escucha, porque aquí es donde se pone interesante.

»Anoche pasé por la Subestación Hollywood Oeste para hablar con un amigo a quien acaban de trasladar. Oí que la muchacha de la centralita mencionaba tu nombre al sargento de guardia, y la traté amablemente. Me contó que andaba despacio en sus averiguaciones sobre laboratorios dentales porque pensaba que tú sólo la estabas usando. Me dio una lista con datos anotados. Todo negativo para la descripción del asesino, pero positivo para los dientes de animales: el taller dental Joredco de Beverly y Beaudry. Prepara postizos animales para taxidermistas, y es el único laboratorio de Los Ángeles que trabaja con dientes verdaderos de animales. Tu dato referente a que todos los taxidermistas usan dientes de plástico era erróneo. Y Beverly y Beaudry está a siete manzanas de la casa de Thomas Cormier, Corondelet Sur 343.