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Yo suelto una risotada: Me hubiera encantado estar ahí Sofía prosigue como si no me hubiese oído: Entonces mami no pudo más, perdió la paciencia y me dijo que por qué no tomaba mi cocacolita, que ni la había tocado, pero, claro, me lo dijo así, con una vocecita de buena gente que no mata ni a una mosca. ¿Y tú que hiciste?, pregunto, impaciente. Sofía sonríe con orgullo y responde: Yo le dije que no me provocaba, que se la tomase ella mejor. -Yo río de buena gana-. Entonces mami puso una cara rarísima y dijo que no le provocaba tomar coca-cola, que estaba feliz con su vinito. Pero yo no me iba a dejar cojudear por ella. Así que le dije muy tranquilita, sin gritar ni alocarme ni nada, muy lady yo, le dije mami, te vas a tomar toda mi cocacolita. Yo vuelvo a reír: ¡No, no puede ser! ¿Y qué dijo ella? Sofía se ríe conmigo y prosigue: Puso una cara de culo increíble y me dijo que no le provocaba y punto. Y yo le dije: te la vas a tomar toda ahora mismo o llamo a la policía y les digo lo que acabas de hacer. Yo me pongo de pie, me acerco a ella, la abrazo y siento que huele a tabaco, pero no le digo nada, no quiero estropearle el buen humor preguntándole si ha fumado. Eres genial, le digo. Ella da unos pasos muy agitada, disfrutando cada pequeño instante de esta historia que recrea para mí, y continúa: Entonces mami se hizo la loca, por supuesto, y me dijo que ella no había hecho nada, que no entendía de qué le estaba hablando, pero yo la cuadré y le dije déjate de huevearme, que no soy ninguna cojuda, te he visto cuando has tirado el polvito de la pastilla adentro de mi coca-cola, y no sé qué mierda es, pero te la vas a tomar todita tú y, si no lo haces, llamo a la policía, te juro que los llamo. Yo río, los ojos achinados y risueños: ¿Entonces? Los ojos de Sofía brillan de complicidad al encontrarse con los míos. Con voz acelerada, atropellándose, prosigue: Entonces mami me dijo que sólo me había echado un calmante porque me veía muy nerviosa, que me había echado una pastillita para relajarme y hacerme dormir mejor.

Yo me enfurezco: ¡Mentirosa, vieja cabrona! Sofía ni me escucha: Pero yo, ni cojuda, le dije que no la creía, que seguro me había echado una pastilla para que me venga la regla, y ella puso cara de locaza, me dijo nada que ver, cómo se te ocurre, jamás haría una cosa así, y yo le dije bueno, dejémonos de huevadas, tómate la coca-cola ahorita mismo, pero mami no quería, se hacía la pendeja, decía que era una pastillita relajante y nada más, y yo la jodía, ¿entonces por qué no te tomas la coca-cola?, y como ella no quería, llamé al mozo y le dije que llamen a la policía, y entonces mami se asustó, no sabes la cara de pánico que puso, y agarró mi coca-cola y empezó a tomarla y le dijo al mozo que no llamen a la policía, que todo estaba bien. Yo suelto una carcajada. ¿Se la tomó todita?, pregunto, eufórico. ¡Todita! -responde Sofía, y ríe conmigo-. No sabes la cara de mami tomándose la coca-cola, una cara de asco como si estuviese tomando cicuta. ¿Y entonces, le va a venir la regla nomás?, pregunto. Sofía levanta los hombros, como si no le importase: No sé, me da igual, creo que mami ya tuvo la menopausia, o sea que supongo que la pastillita le dará dolor de barriga nomás, y si todavía le viene la regla, bueno, se jodió, le vendrá una catarata, un huaico, pero bien hecho, que se joda. Yo me alegro y digo: Tal cual, que se joda. ¿Bueno, y entonces? Sofía sigue, agitada: y entonces ahí no termina la historia. Porque me paré antes de que trajeran los postres y me fui y dejé a mami sólita para que pague la cuenta. Yo amo a Sofía y le pregunto: ¿Adonde te fuiste? Ella me mira, traviesa: ¿Adonde crees? A casa de Isabel, pues. Caminé rapidito, porque estaba cerca, a tres cuadras, y por suerte encontré a Isabel y le conté todo.

Yo me sorprendo: ¡No! ¿Le contaste? Ella se enorgullece: Le conté todito, tal cual, e Isabel se quedó helada, pero estaba feliz porque ella nos avisó y me salvó, le agradecí horrores, la verdad es que si Isabel no te llamaba y tú no ibas corriendo a avisarme, ahorita ya me habría tragado la coca enterita y estaría perdiendo al bebito. Inquieto, pregunto: ¿Y qué hizo Isabel? Sofía chasquea los dedos y me mira con alegría: Bueno, bueno, le dije a Isabel que mami había querido hacerme abortar con esa pastillita que me metió en la coca-cola, que yo la vi, que vi todito, que la obligué a mami a tomarse la coca, e Isabel se cagó de la risa, por supuesto, y luego decidimos las dos que mami no podía seguir quedándose en el depa de Isabel, que tenía que irse. Yo aplaudo: Bien hecho, digo. Sofía continúa: Así que, ni bien llegó mami, Isabel la recibió con una cara de culo y le dijo que tenía que irse inmediatamente, que no se quedaba un segundo más en su casa. Yes!, salto de alegría. y mami no lo podía creer, se hacía la cojuda, lo negaba todo ante Isabel, decía que me había querido dar un calmante para los nervios, la muy mentirosa. Pero Isabel no le creyó un carajo, sacó toda la ropa de mami del clóset, y empezó a tirarla a la alfombra, diciéndole que tenía que irse en ese momento, que se dejara de hablar huevada y media, que nadie le creía nada. y mami, por supuesto, se puso a llorar como una loca, diciendo que no la podíamos botar así a la calle, que era una falta de respeto, pero Isabel, tú sabes cómo es mi hermana, se puso firme y no le creyó sus lágrimas de cocodrilo y le dijo que se tenía que ir, punto, no excuses.

Yo estoy en éxtasis: Todo esto es too good to be true, digo. Sofía termina entonces la historia: y como Isabel seguía tirando la ropa de mami a la alfombra, y dijo que si no se iba llamaba a security del edificio, a mami no le quedó otra que hacer sus maletitas llorando como una magdalena, haciéndose la víctima, y llamar un taxi. Yo me quedo incrédulo: ¿Y se fue? ¿Adonde se fue? Sofía responde: Se fue, se fue allí delante de mí y de Isabel. Nos dijo que nunca nos iba a perdonar esa insolencia, que era una falta de respeto, nos dio un sermón haciéndose la madre superiora, pero Isabel la calló y la puso en su sitio y le dijo que lo que había hecho con la pastilla era una mierda, y que ella no podía alojarla en su depa porque le había perdido todita la confianza y el respeto, y yo la amenacé con contarle a Peter, y no sabes la cara de pánico que puso, porque ahora sólo falta que Peter también la bote de la casa y le pida el divorcio, y bueno, mami se fue con sus maletitas, llorando a moco tendido, como si hubiese abortado ella.

Yo me hago el gracioso: ¿No le vino la regla, no tenía el pantalón manchado? Sofía se ríe y dice: No sé, pero se fue llorando, e Isabel y yo nos quedamos un rato chismeando y comentando la escena, pensando que segurito que mami volvía, pero no volvió. ¿Y adonde se fue?, ¿a Lima?, pregunto. No, está en el Four Seasons, llamó un rato después y dejó un mensaje, seguro que piensa que Isabel se va a arrepentir, pero pobre de ella que la deje a mami quedarse en su depa, esto que me ha hecho hoy no tiene nombre. Yo pongo cara de tristeza: Qué pena que no se fue a Lima. Sofía me consuela: Seguro que se va mañana o pasado. Cuando vea que Isabel no la deja volver, se va a ir, porque con lo tacaña que es debe de estar sufriendo en el Four Seasons. Yo sonrío: Sí, y debe de estar con unos cólicos del carajo. ¿Entonces no va a venir a nuestro matrimonio?, pregunto, ilusionado. Ni cagando -responde Sofía-. Over my dead body. Mami quiso hacerme abortar a la fuerza, a escondidas, y yo esto no se lo voy a perdonar así nomás. Ya le dije que ni piense en venir a la boda en dos semanas, que no está invitada, y que si viene le digo a la policía lo que me hizo en Milano para que la arresten por mala madre. Yo me río, la abrazo de nuevo, siento el olor a tabaco y pienso que está loca si ha fumado con el bebé adentro, pero no le digo nada porque no quiero más discusiones. Perfecto -me alegro-. No vienen mis padres ni tu mamá, ahora sí será una boda feliz, para mí era un estrés casarme delante de tu mamá, cuando ella piensa que te he dejado embarazada a propósito, para sacar los papeles, imagínate lo loca que tiene que estar para imaginarse eso.