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– ¿Qué fue diferente anoche?

– Anoche ella se acercó a mí, eso fue lo diferente.

– Cuéntenoslo.

– No hay nada que contar. Yo estaba en la barra de Morgan's pensando en mis cosas, echando un vistazo a las posibilidades, y ella estaba con un tipo en el otro extremo de la barra. Así que ni siquiera estaba en mi radar porque parecía que ya la habían elegido, ¿entiende?

– Aja, entonces ¿qué pasó?

– Bueno, al cabo de un rato el tipo con el que ella estaba se fue a mear o salió a fumar, y, en cuanto él se va, ella se levanta, se me acerca y me pregunta si estoy interesado. Yo le digo que sí, pero le pregunto qué pasa con el tipo con el que está. Ella dice que no me preocupe por él, que se habrá ido a las diez y que el resto de la noche está libre. Me escribe la dirección y me pide que vaya después de las diez. Yo le digo que allí estaré.

– ¿Dónde escribió la dirección?

– En una servilleta, pero la respuesta a su siguiente pregunta es no, ya no la tengo. Memoricé la dirección y tiré la servilleta. Trabajo en el sector inmobiliario. Puedo recordar direcciones.

– ¿Qué hora era?

– No lo sé.

– Bueno, ella dijo que pasara a las diez. ¿Miró el reloj en algún momento para saber cuánto tendría que esperar?

– Creo que eran entre las ocho y las nueve. En cuanto volvió a entrar el tipo, se fueron.

– ¿Cuándo se marchó usted del bar?

– Me quedé unos minutos y luego me fui. Hice una parada más antes de ir a su casa.

– ¿Dónde?

– Bueno, ella vivía en un apartamento de Tarzana, así que fui al Lamplighter. Me quedaba de camino.

– ¿Por qué?

– No sé, quería saber qué posibilidades había. En fin, ver si había algo mejor, algo por lo que no tuviera que esperar o…

– ¿O qué?

El no terminó la idea.

– ¿Ser segundo plato?

Asintió.

– Bien, ¿con quién habló en el Lamplighter? ¿Dónde está, por cierto? -Era el único sitio que había mencionado que no conocía.

– Está en Ventura, cerca de White Oak. En realidad no hablé con nadie. Estaba repleto, pero no vi a nadie que me interesara.

– ¿Las camareras le conocen allí?

– No, no creo. No voy demasiado.

– ¿Normalmente tiene suerte antes de la tercera opción?

– No, normalmente me rindo después de dos.

Asentí para ganar un poco de tiempo y pensar en qué más preguntar antes de llegar a lo que ocurrió en la casa de la víctima.

– ¿Cuánto tiempo estuvo en el Lamplighter?

– Una hora, más o menos. Quizás un poco menos.

– ¿En la barra? ¿Cuántas copas?

– Sí, dos copas en la barra.

– ¿Cuántas copas en total había tomado anoche antes de llegar al apartamento de Reggie Campo?

– Eh, cuatro como mucho. En dos horas, o dos horas y media. Dejé una sin tocar en Morgan's.

– ¿Qué bebía?

– Martini. De Gray Goose.

– ¿En alguno de esos sitios pagó la copa con tarjeta de crédito? -preguntó Levin, en la que fue su primera pregunta de la entrevista.

– No. Cuando salgo pago en efectivo.

Miré a Levin y esperé para ver si tenía algo más que preguntar. En ese momento sabía más que yo del caso. Quería darle rienda suelta para que preguntara lo que quisiera.

Me miró y le di mi autorización con un gesto. Estaba listo para empezar.

– Veamos -dijo-, ¿qué hora era cuando llegó al apartamento de Reggie?

– Eran las diez menos doce minutos. Miré el reloj. Quería asegurarme de que no llamaba a la puerta demasiado pronto.

– Y ¿qué hizo?

– Esperé en el aparcamiento. Ella dijo a las diez, así que esperé hasta las diez.

– ¿Vio salir al hombre con el que la había dejado en Morgan's?

– Sí, lo vi. Salió y se fue, entonces yo subí.

– ¿Qué coche llevaba? -preguntó Levin.

– Un Corvette amarillo -dijo Roulet-. Era un modelo de los noventa. No sé el año exacto.

Levin asintió con la cabeza. Había concluido. Sabía que sólo quería conseguir una pista del hombre que había estado en el apartamento de Campo antes que Roulet. Asumí el interrogatorio.

– Así que se va y usted entra. ¿Qué ocurre?

– Entré en el edificio. Su apartamento estaba en el segundo piso. Subí, llamé a la puerta y ella abrió y yo entré.

– Espere un segundo. No quiero el resumen. ¿Subió? ¿Cómo? ¿Escalera, ascensor, qué? Dénos los detalles.

– Ascensor.

– ¿Había alguien más en el ascensor? ¿Alguien le vio?

Roulet negó con la cabeza. Yo le hice una señal para que continuara.

– Ella entreabrió la puerta, vio que era yo y me dijo que pasara. No había un recibidor espacioso, sólo un pasillo. Pasé a su lado para que pudiera cerrar la puerta. Por eso se quedó detrás de mí. Y no lo vi venir. Tenía algo. Me golpeó con algo y yo caí. Todo se puso negro enseguida.

Me quedé en silencio mientras reflexionaba, tratando de formarme una imagen mental.

– ¿Así que antes de que ocurriera nada, ella simplemente le noqueó? No dijo nada, no gritó nada, sólo le salió por detrás y ¡pam!

– Exacto.

– Vale, y luego qué. ¿Recuerda qué pasó a continuación?

– Todavía está bastante neblinoso. Recuerdo que me desperté y vi a esos dos tipos encima mío. Sujetándome. Entonces llegó la policía. Y la ambulancia. Estaba sentado contra la pared y tenía las manos esposadas. El personal médico me puso amoniaco o algo así debajo de la nariz y entonces fue cuando de verdad me desperté. Uno de los tipos que me habían retenido estaba diciendo que había intentado violar y matar a esa mujer. Todas esas mentiras.

– ¿Aún estaba en el apartamento?

– Sí. Recuerdo que moví los brazos para poder mirarme las manos que tenía a la espalda y vi que tenía la mano envuelta en una especie de bolsa de plástico y entonces fue cuando supe que todo era una trampa.

– ¿Qué quiere decir con eso?

– Ella me puso sangre en la mano para que pareciera que lo había hecho yo. Pero era mi mano izquierda. Yo no soy zurdo. Si iba a pegar a alguien habría usado mi mano derecha.

Hizo un gesto de boxeo con la mano derecha para ejemplificarlo por si no lo entendía. Yo me levanté de donde estaba y paseé hasta la ventana. Me dio la sensación de estar por encima del sol. Estaba mirando la puesta de sol desde arriba. Me sentí inquieto con la historia de Roulet. Parecía tan rocambolesca que podía ser cierta. Y eso me preocupaba. Siempre había temido no ser capaz de reconocer la inocencia. La posibilidad de ella en mi trabajo era tan remota que funcionaba con el temor de no poder reconocerla cuando la encontrara. Podía pasarla por alto.

– Vale, hablemos de esto un segundo -dije, todavía con el sol de cara-. Está diciendo que Regina Campo puso sangre en su mano para tenderle una trampa. Y se la puso en la izquierda. Pero si iba a tenderle una trampa, ¿no le habría puesto la sangre en la mano derecha, puesto que la inmensa mayoría de la gente es diestra? ¿No se habría basado en la estadística?

Me volví hacia la mesa y me encontré con las miradas impertérritas de todos.

– Dice que ella entreabrió la puerta y le dejó pasar -declaré-. ¿Le vio la cara?

– No toda.

– ¿Qué es lo que vio?

– Su ojo. Su ojo izquierdo.

– ¿En algún momento le vio el lado derecho del rostro? Cuando entró.

– No, ella estaba detrás de la puerta.

– ¡Eso es! -dijo Levin, excitadamente-. Ella ya tenía las heridas cuando él entró. Se esconde de él, él entra y ella le noquea. Todas las heridas estaban en el lado derecho de su rostro y por eso puso la sangre en su mano izquierda.

Asentí al pensar en la lógica del razonamiento. Parecía tener sentido.

– De acuerdo -dije, volviéndome hacia la ventana y reanudando mi paseo-. Creo que eso funcionará. Veamos, Louis, nos ha dicho que había visto a esa mujer en el bar antes pero que nunca había hablado con ella. Entonces, era una desconocida. ¿Por qué iba a hacer eso, Louis? ¿Por qué iba a tenderle una trampa como usted asegura?