– ¿Lo guardaron como prueba? -pregunté.
– Sí -dijo Levin-. En el informe de pruebas se describe como una servilleta manchada de sangre. La sangre y el tejido se están analizando.
Asentí con la cabeza y miré a Roulet.
– ¿La policía le miró o le fotografió las manos?
Roulet asintió.
– El detective me miró las manos, pero nadie hizo ninguna foto.
Repetí el gesto de asentimiento y le pedí a Levin que continuara.
– El intruso se sentó a horcajadas sobre la señorita Campo en el suelo y la agarró por el cuello -dijo-. El intruso le dijo a la señorita Campo que iba a violarla y que no le importaba que estuviera viva o muerta cuando lo hiciera. Ella no pudo responder porque el sospechoso la estaba estrangulando. Cuando él alivió la presión ella le dijo que cooperaría.
Levin colocó otra fotocopia en la mesa. Era una foto de una navaja de mango negro muy afilada. Explicaba la herida en la parte inferior del cuello de la víctima en la primera foto.
Roulet se acercó la fotocopia para examinarla más de cerca. Lentamente negó con la cabeza.
– No es mi navaja -dijo.
Yo no respondí y Levin continuó.
– El sospechoso y la víctima se levantaron y él le dijo que lo llevara al dormitorio. El sospechoso mantuvo su posición detrás de la víctima y apretó la punta de la navaja contra el lado izquierdo de la garganta. Cuando entraron en un corto pasillo que conducía a las dos habitaciones del apartamento, la señorita Campo se volvió en el espacio cerrado y empujó a su agresor contra un gran jarrón de pie. Mientras él trastabillaba sobre el jarrón, ella corrió hacia la puerta. Al darse cuenta de que su agresor se recuperaría y la alcanzaría en la entrada, se metió en la cocina y cogió una botella de vodka de la encimera. Cuando el intruso pasó junto a la cocina de camino a la puerta de la calle para atraparla, la señorita Campo salió desde el punto ciego y le golpeó en la nuca, haciéndole caer al suelo. Entonces la señorita Campo pasó por encima del hombre caído y abrió la puerta de entrada. Ella echó a correr y llamó a la policía desde el apartamento del primer piso, compartido por Turner y Atkins. Turner y Atkins volvieron al apartamento, donde encontraron al intruso inconsciente en el suelo. Mantuvieron su control sobre él mientras empezaba a recuperar la consciencia y permanecieron en el apartamento hasta que llegó la policía.
– Es increíble -dijo Roulet-. Tener que estar aquí sentado y escuchando esto. No puedo creer que me esté pasando a mí. Yo no lo hice. Es como una pesadilla. ¡Está mintiendo! Es…
– Si son todo mentiras, entonces será el caso más sencillo que haya tenido nunca -dije-. La destrozaré y echaré sus entrañas al mar. Pero hemos de saber qué ha declarado antes de construir trampas e ir a por ella. Y si le parece que es duro estar aquí sentado unos minutos, espere a que lleguemos a juicio y se prolongue durante días. Ha de controlarse, Louis. Ha de recordar que llegará su turno. La defensa siempre tiene su turno.
Dobbs se estiró y dio unos golpecitos en el antebrazo de Roulet en un bonito gesto paternal. Roulet le apartó el brazo.
– Y tanto que va a ir a por ella -dijo Roulet, señalándome el pecho con el dedo a través de la mesa-. Quiero que vaya a por ella con todo lo que tengamos.
– Para eso estoy aquí, y tiene mi promesa de que lo haré. Ahora deje que le haga unas preguntas a mi colega antes de terminar con esto.
Esperé para ver si Roulet tenía algo que decir. No. Se reclinó en su silla y juntó las manos.
– ¿Has terminado, Raúl? -pregunté.
– Por ahora. Todavía estoy trabajando en todos los informes. Debería tener una transcripción de la llamada al novecientos once mañana por la mañana y habrá más material en camino.
– Bien. ¿Y un kit de violación?
– ¿Qué es un kit de violación? -preguntó Roulet.
– Es un proceso hospitalario en el que se recogen fluidos corporales, pelo y fibras del cuerpo de una víctima de violación-dijo Levin.
– ¡No hubo violación! -exclamó Roulet-. Nunca la toqué…
– Lo sabemos -dije-. No lo he preguntado por eso.
Estoy buscando fisuras en el caso de la fiscalía. La víctima dijo que no fue violada, pero está denunciando lo que es a todas luces un delito sexual. Normalmente, la policía insiste en el kit, incluso cuando la víctima asegura que no hubo agresión. Lo hacen por si acaso la víctima fue realmente violada y está demasiado humillada para decirlo o quiere ocultar el alcance completo de la agresión a un marido o un familiar. Es un procedimiento estándar, y el hecho de que ella consiguiera convencerles para que no se lo hicieran podría ser significativo.
– No quería que le encontraran ADN del primer tipo -dijo Dobbs.
– Quizá -dije-. Podría significar muchas cosas. Pero podría ser una oportunidad. Sigamos. Raúl, ¿hay alguna mención de este tipo con el cual la vio Louis?
– No, ninguna. No figura en el expediente.
– ¿Y qué encontraron los técnicos de la escena del crimen?
– No tengo el informe, pero me han dicho que no se encontraron pruebas de naturaleza significativa durante la evaluación de la escena del crimen del apartamento.
– Está bien. No hay sorpresas. ¿Y la navaja?
– Sangre y huellas en la navaja. Pero todavía no hay nada en eso. Investigar al propietario será casi imposible. Puede comprarse una de esas navajas en cualquier tienda de pesca o de camping.
– Repito que no es mi navaja -interrumpió Roulet.
– Hemos de suponer que las huellas son del hombre que lo empuñó -dije.
– Atkins -respondió Levin.
– Exacto, Atkins -dije volviéndome hacia Louis-. Pero no me sorprendería encontrar huellas suyas también. No hay forma de saber lo que ocurrió cuando estaba inconsciente. Si puso sangre en su mano, entonces probablemente puso sus huellas en la navaja.
Roulet asintió con la cabeza y estaba a punto de decir algo, pero yo no lo esperé.
– ¿Hay alguna declaración de ella en la que diga que estuvo en Morgan's esa noche? -pregunté a Levin.
Él negó con la cabeza.
– No, la entrevista se realizó en la sala de urgencias y no fue formal. Fue básica y no se remontaron a la primera parte de la tarde. Ella no mencionó al tipo ni mencionó Morgan's. Sólo dijo que había estado en casa desde las ocho y media. Le preguntaron lo que ocurrió a las diez. No se metieron en lo que había estado haciendo antes. Estoy seguro de que cubrirán todo eso en la investigación de seguimiento.
– Vale, si vuelven a ella para una entrevista formal, quiero la transcripción.
– Estoy en ello. Será en comisaría y con vídeo cuando lo hagan.
– Y si hay un vídeo de la escena del crimen, también lo quiero. Quiero ver su apartamento.
Levin asintió. Sabía que yo estaba haciendo una representación para el cliente y Dobbs, dándoles la sensación de mando sobre el caso y dejando claro que toda la leña estaba en el fuego. La realidad era que no necesitaba decirle nada de eso a Raúl Levin. Ya sabía qué hacer y qué material tenía que conseguirme.
– Vale, ¿qué más? -pregunté-. ¿Tiene alguna pregunta, Cecil?
Dobbs pareció sorprendido de que de repente el foco se moviera a él. Negó rápidamente con la cabeza.
– No, no. Todo esto está bien. Estamos haciendo buenos progresos.
No tenía ni idea de qué quería decir con «progresos», pero lo dejé estar sin formular ninguna pregunta.
– Entonces, ¿qué le parece? -preguntó Roulet.
Lo miré y esperé un largo momento antes de responder.
– Creo que el estado tiene un caso sólido contra usted. Lo tienen en la casa de la víctima, tienen una navaja y tienen las heridas. También tienen lo que supongo que es sangre de la víctima en sus manos. Además de eso, las fotos son impactantes. Y, por supuesto, tendrán su testimonio. Sin haber visto ni hablado con la mujer, no sé lo impresionante que resultará ella.