Del fondo del maletín sacó un estuche acolchado que contenía un pequeño reproductor de DVD. Había visto a gente usándolo en aviones antes y había pensado en comprar uno para el coche. El chófer podría usarlo mientras me esperaba en el tribunal. Y probablemente yo podría usarlo de cuando en cuando en casos como el que me ocupaba.
Levin empezó a cargar el DVD, pero antes de que pudiera reproducirlo el coche se detuvo y yo levanté la mirada. Estábamos delante de un local llamado The Central Bean.
– Tomemos un poco de café y luego lo vemos -dije.
Pregunté a Earl si quería algo, pero él declinó la oferta. Levin y yo salimos del coche. Había una pequeña cola esperando el café. Levin pasó el tiempo de espera hablándome del DVD que estábamos a punto de ver en el Lincoln.
– Estoy en Morgan's y quiero hablar con esa camarera llamada Janice, pero ella dice que primero he de preguntárselo al encargado. Así que voy a la oficina a verlo y él me pregunta qué quiero preguntarle exactamente a Janice. Hay algo que no me encaja con ese tipo. Me estoy preguntando por qué quiere saber tanto, ¿sabes? Entonces resulta que quiere hacerme una oferta. Me dice que el año anterior tuvo un problema detrás de la barra. Hurto de la caja registradora. Hay una docena de camareras trabajando en una determinada semana y él no podía averiguar quién tenía los dedos largos.
– Puso una cámara.
– Exacto. Una cámara oculta. Pilló al ladrón y lo echó de una patada en el culo. Pero funcionó tan bien que dejó la cámara. El sistema graba en una cinta de alta densidad todas las noches de ocho a dos. Lleva un temporizador. Tiene cuatro noches en una cinta. Si alguna vez hay algún problema o falta dinero, puede volver y comprobarlo. Como cuadran cada semana, rota dos cintas para tener siempre una semana grabada.
– ¿Tenía la noche en cuestión en cinta?
– Sí.
– Y quería mil dólares por ella.
– Aciertas otra vez.
– ¿Los polis no saben de ella?
– Todavía no han ido al bar. De momento parten de la historia de Reggie.
Asentí con la cabeza. No era del todo inusual. Los polis tenían demasiados casos que investigar a conciencia y por completo. Además, ya tenían lo que necesitaban. Tenían una víctima que era a su vez testigo presencial, un sospechoso detenido en su apartamento, tenían sangre de la víctima en el sospechoso e incluso el arma. Para ellos no había motivo para ir más lejos.
– Pero estamos interesados en la barra, no en la caja registradora -dije.
– Lo sé. Y la caja registradora está contra la pared de detrás de la barra. La cámara está encima en un detector de humos del techo. Y la pared del fondo es un espejo. Miré lo que tenía y enseguida me di cuenta de que podía ver todo el bar en el espejo. Sólo que invertido. He pasado la cinta a un disco porque así podremos manipular mejor la imagen. Acercar y enfocar, y ese tipo de cosas.
Era nuestro turno en la cola. Pedí un café grande con leche y azúcar, y Levin pidió una botella de agua. Nos llevamos la bebida al coche. Le dije a Earl que no condujera hasta que hubiéramos terminado de ver el DVD. Podía leer mientras iba en coche, pero pensaba que mirar la pantallita del reproductor de Levin mientras dábamos botes por las calles del sur del condado podría provocarme un buen mareo.
Levin puso en marcha el DVD y comentó las imágenes sobre la marcha.
En la pantalla había una vista en picado de la barra rectangular de Morgan's. Había dos camareras trabajando, ambas mujeres con téjanos negros y blusas blancas atadas para mostrar vientres planos, ombligos con piercing y tatuajes asomando por encima de la parte posterior del cinturón. Como Levin había explicado, la cámara estaba situada en ángulo hacia la parte de atrás de la barra y la caja registradora, pero el espejo que cubría la pared de detrás de la registradora mostraba la línea de clientes sentados ante la barra. Vi a Louis Roulet sentado solo en el mismo centro de la imagen. Había un contador de imágenes en la esquina inferior izquierda y un código de hora y fecha en la esquina derecha. Decía que eran las 20.11 del 6 de marzo.
– Ahí está Louis -dijo Levin-. Y por aquí está Campo.
Manipuló los botones del reproductor para congelar la imagen. Luego la desplazó, colocando el margen derecho en el centro. En el lado corto de la barra, a la derecha, se veía a una mujer y un hombre sentados uno junto al otro. Levin activó el zoom.
– ¿Estás seguro? -pregunté. Sólo había visto fotos de la mujer con el rostro muy amoratado e hinchado.
– Sí, es ella. Y éste es nuestro señor X.
– Vale.
– Ahora mira.
La película empezó a avanzar otra vez y Levin ensanchó la imagen para que ocupara de nuevo toda la pantalla. Entonces empezó a pasarla a velocidad rápida.
– Louis se bebe su martini, luego habla con las camareras y no ocurre apenas nada más en casi una hora -dice Levin.
Comprobó la página de su cuaderno con notas referidas a números de encuadre específicos. Ralentizó la imagen hasta la velocidad normal en el momento adecuado y cambió otra vez el encuadre de manera que Reggie Campo y el señor X estuvieran en el centro de la pantalla. Me fijé en que habíamos avanzado hasta las 20.43.
En la pantalla, el señor X cogió de la barra un paquete de cigarrillos y un mechero y apartó su taburete. Luego caminó fuera de cámara hasta la derecha.
– Va a la puerta de la calle -dijo Levin-. Tienen un porche para fumadores delante.
Reggie Campo pareció observar cómo salía el señor X y acto seguido bajó de su taburete y empezó a caminar a lo largo de la barra, justo por detrás de los clientes que estaban en taburetes. Al pasar al lado de Roulet, ella pareció arrastrar los dedos de su mano izquierda por los hombros de mi cliente, casi como si le hiciera cosquillas. Eso hizo que Roulet se volviera y la observara mientras ella seguía caminando.
– Sólo flirtea un poco -dijo Levin-. Va al cuarto de baño.
– No es como Roulet dice que ocurrió -dije-. Él aseguró que ella había venido a él y le había dado su…
– Cálmate -dijo Levin-. Ha de volver del baño, ¿sabes?
Esperé y observé a Roulet en el bar. Miré mi reloj. De momento iba bien de tiempo, pero no podía perderme la comparecencia de calendario. Ya había abusado al máximo de la paciencia de la jueza al no presentarme el día anterior.
– Aquí viene -anunció Levin.
Inclinándome hacia la pantalla observé que Reggie Campo volvía por la línea de la barra. Esta vez cuando llegó a Roulet se apretó a la barra entre él y el hombre que estaba en el taburete de la derecha. Tuvo que moverse en el espacio lateralmente y sus pechos se apretaron claramente contra el brazo derecho de Roulet. Era algo más que una insinuación. Ella dijo algo y Roulet se inclinó más cerca de sus labios para oír. Después de unos momentos él asintió y entonces vio que ella ponía lo que parecía una servilleta de cóctel arrugada en su mano. No tuvieron más intercambio verbal y entonces Reggie Campo besó a Louis Roulet en la mejilla y se echó hacia atrás para separarse de la barra. Campo se dirigió a su taburete.
– Eres un cielo, Mish -dije, usando el nombre que le había dado cuando me habló de su mezcolanza de descendencia judía y mexicana-. ¿Y dices que los polis no lo tienen?
– No sabían nada la semana pasada cuando estuve allí y todavía tengo la cinta. Así que no, no la tienen, y probablemente todavía no conozcan su existencia.
Según las reglas de hallazgos, debería entregarlo a la fiscalía después de que Roulet compareciera formalmente. Pero disponía de un poco de margen. Técnicamente no tenía que entregar nada hasta que estuviera seguro de que planeaba usarlo en el juicio. Eso me daba mucha libertad de acción y tiempo.
Sabía que lo que había en el DVD era importante y sin lugar a dudas lo usaría en el juicio. Por sí solo podía ser causa de duda razonable. Parecía mostrar una familiaridad entre la víctima y el supuesto agresor que no estaba incluida en la acusación de la fiscalía. Lo que era más importante, también capturaba a la víctima en una posición en que su comportamiento podía ser interpretado como al menos parcialmente responsable de atraer la acción que siguió. Eso no significaba sugerir que lo que siguió fuera aceptable o no criminal, pero los jurados siempre están interesados en las relaciones causales de un crimen y de los individuos involucrados. Lo que el vídeo hacía era mover un crimen que podía ser visto a través de un prisma blanco y negro a una zona gris. Como abogado defensor, vivía en las zonas grises.