La parte negativa era que el DVD era tan bueno que podía ser demasiado bueno. Contradecía directamente la declaración de la víctima ante la policía de que no conocía al hombre que la había agredido. La ponía en tela de juicio, la pillaba en una mentira. Sólo hace falta una mentira para echar abajo un caso. La cinta era una prueba definitiva. Terminaría con el caso antes incluso de que fuera a juicio. Mi cliente simplemente quedaría en libertad.
Y con él se iría la gran paga del filón.
Levin estaba volviendo a pasar la imagen a velocidad rápida.
– Ahora mira esto -dijo-. Ella y el señor X se van a las nueve. Pero observa cuando él se levanta.
Levin había cambiado el encuadre para enfocar a Campo y al hombre desconocido. Cuando el reloj marcaba las 20.59 puso la reproducción en cámara lenta.
– Vale, se están preparando para marcharse -dijo-. Observa las manos del tipo.
Observé. El hombre daba un último trago a su copa, echando la cabeza para atrás y vaciando el vaso. Acto seguido bajó del taburete, ayudó a Campo a bajar del suyo y salieron del encuadre de la cámara por la derecha.
– ¿Qué? -dije-. ¿Qué me he perdido?
Levin retrocedió la imagen hasta que llegó al momento en que el desconocido se acababa la copa. Entonces congeló la imagen y señaló la pantalla. El hombre tenía la mano izquierda en la barra para equilibrarse mientras se echaba atrás para beber.
– Bebe con su mano derecha -dijo-. Y en la izquierda ves un reloj en su muñeca. Así que parece que el tipo es diestro, ¿no?
– Sí, ¿y entonces? ¿Adonde nos lleva eso? Las heridas de la víctima se produjeron por golpes desde la izquierda.
– Piensa en lo que te he dicho.
Lo hice. Y al cabo de un momento lo entendí.
– El espejo. Todo está al revés. Es zurdo.
Levin asintió con la cabeza e hizo amago de dar un puñetazo con su puño izquierdo.
– Aquí podría estar todo el caso -dije, inseguro de si era algo bueno.
– Feliz día de San Patricio, amigo -dijo Levin otra vez con acento irlandés, sin darse cuenta de que no tenía ninguna gracia.
Di un largo trago de café caliente y traté de pensar en una estrategia para el vídeo. No veía forma alguna de mantenerlo para el juicio. Los polis finalmente se pondrían con las investigaciones de seguimiento y lo descubrirían. Si me lo guardaba, podía estallarme en la cara.
– No sé cómo voy a usarlo -dije-, pero lo que es seguro es que el señor Roulet y su madre y Cecil Dobbs van a estar contentos contigo.
– Diles que siempre pueden expresar su agradecimiento económicamente.
– Muy bien, ¿algo más de la cinta?
Levin empezó a reproducirla a cámara rápida.
– Casi no. Roulet lee la servilleta y memoriza la dirección. Después se queda otros veinte minutos y se va, dejando una copa entera en la barra.
Puso en cámara lenta la imagen en el punto en que Roulet se iba. Roulet dio un trago del martini recién servido y lo dejó en la barra. Cogió la servilleta que le había dado Reggie Campo, la arrugó en su mano y después la tiró en el suelo al levantarse. Salió del bar dejando la bebida en la barra.
Levin extrajo el DVD y volvió a colocarlo en su funda de plástico. Apagó el reproductor y empezó a apartarlo.
– Eso es todo en cuanto a las imágenes que puedo enseñarte aquí.
Me estiré y le di un golpecito en el hombro a Earl. Tenía los auriculares puestos. Se sacó uno de los auriculares y me miró.
– Vamos al tribunal -dije-. Déjate los auriculares puestos.
Earl hizo lo que le pedí.
– ¿Qué más? -le dije a Levin.
– Está Reggie Campo -dijo-. No es Blancanieves.
– ¿Qué has encontrado?
– No es tanto lo que he encontrado como lo que pienso. Ya has visto cómo era en la cinta. Un tipo se va y ella está dejando notas de amor a otro en la barra. Además, he comprobado algunas cosas. Es actriz, pero actualmente no está trabajando como actriz. Salvo en representaciones privadas, podríamos decir.
Me entregó un fotomontaje profesional que mostraba a Reggie Campo en diferentes poses y personajes. Era el tipo de hojas de fotos que se envían a directores de casting de toda la ciudad. La foto más grande de la hoja era una imagen del rostro. Era la primera vez que veía su cara de cerca sin los desagradables moratones e hinchazones. Reggie Campo era una mujer muy atractiva y algo en su cara me resultaba familiar aunque no podía fijarlo. Me pregunté si la habría visto en algún programa de televisión o algún anuncio. Di la vuelta al retrato y leí las referencias. Eran de programas que nunca había visto y de anuncios que no recordaba.
– En los informes de la policía ella dice que su último empleador fue Topsail Telemarketing. Están en el puerto deportivo. Atienden llamadas de un montón de cosas que vendían en tele nocturna. Máquinas de ejercicios y cosas así. El caso es que es trabajo de día. Trabajas cuando quieres. La cuestión es que Reggie no ha trabajado allí desde hace cinco meses.
– Entonces ¿qué me estás diciendo, que ha estado haciendo trampas?
– La he vigilado las tres últimas noches y…
– ¿Que has hecho qué?
Me volví y lo miré. Si un detective privado que trabaja para un abogado defensor era pillado siguiendo a la víctima de un crimen violento, podía haber mucho que pagar y sería yo quien tendría que hacerlo. Lo único que tendría que hacer la fiscalía sería ir a ver a un juez y alegar acoso e intimidación, y me acusarían de desacato en menos que canta un gallo. Como víctima de un crimen, Reggie Campo era sacrosanta hasta que estuviera en el estrado. Sólo entonces sería mía.
– No te preocupes, no te preocupes -dijo Levin-. Era una vigilancia muy suelta. Muy suelta. Y me alegro de haberlo hecho. Los hematomas y la hinchazón y todo eso o bien ha desaparecido o ella está usando mucho maquillaje, porque esta señorita está teniendo muchos visitantes. Todos hombres, todos solos, todos a diferentes horas de la noche. Parece que trata de encajar al menos dos cada noche en su cuaderno de baile.
– ¿Los recoge en bares?
– No, se queda en su casa. Esos tipos deben de ser regulares o algo, porque saben el camino a su puerta. Tengo algunas placas de matrícula. Si es necesario puedo visitarles y tratar de conseguir algunas respuestas. También grabé un poco de vídeo con infrarrojos, pero todavía no lo he transferido al disco.
– No, dejemos lo de visitar a algunos de estos tipos por ahora. Podría enterarse ella. Hemos de ser muy cuidadosos a su alrededor. No me importa que esté recibiendo clientes o no.
Tomé un poco más de café y traté de decidir cómo moverme con esto.
– ¿Comprobaste su historial? ¿Sin antecedentes?
– Exacto, está limpia. Mi suposición es que ella es nueva en el juego. Ya sabes, estas mujeres que quieren ser actrices… Es un trabajo difícil. Te agota. Ella probablemente empezó aceptando un poco de ayuda de estos tipos y se convirtió en un negocio. Pasó de amateur a profesional.
– ¿Y nada de esto estaba en los informes que conseguiste antes?
– No. Como te he dicho, los polis no han hecho mucho seguimiento. Al menos hasta ahora.
– Si ella se graduó de amateur a profesional, puede haberse graduado en poner trampas a un tipo como Roulet. Él conduce un coche bonito, lleva ropa buena… ¿has visto su reloj?