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Danny y Michael habían introducido un nuevo sistema que contrastaba con el anterior, además de proporcionar trabajo a los miembros más jóvenes y viriles de la comunidad. Los asesinatos y las ambiciosas intenciones de esos dos jóvenes les abrieron más puertas de las que habían imaginado. Sin embargo, igual que les había sucedido a los hombres a los que habían eliminado, resultaba igualmente fácil ponerse en su contra.

Capítulo 14

– Mary, ponme algo de beber y un sándwich de beicon.

Mary se rió lascivamente de lo que había dicho Danny Boy y él la estrechó entre sus brazos. Estaban en la playa de Brighton. Mary disfrutaba de la camaradería que había entre ellos y se alegraba de que fuese lo bastante paciente para esperar hasta que ella se sintiese dispuesta a dar un paso más en su relación. No es que fuese ninguna estrecha; de hecho, hacía mucho tiempo que conocía de sobra a los hombres, pero tenía la sensación de que eso es lo que deseaba Danny y ella estaba dispuesta a complacerle. Ahora lo significaba todo para ella. Cuando Danny acabó con la vida de Kenny fue como si se hubiera quitado un peso de encima. Ya no tenía necesidad de justificar cardenales y moratones, ni tampoco buscar la forma de salir por pies sencillamente porque Kenny se había puesto violento y tenía ganas de aterrorizarla. Ya no tenía que temer que la sacasen de la cama por los pelos a las tres de la madrugada. Con Danny Boy se sentía segura y a salvo, además de deseada, necesitada y amada. Mary no prestaba demasiada atención a las cosas que decían de él sobre las torturas, el tráfico de armas y de drogas, y los préstamos abusivos. La gente pensaba que ella era la única capaz de sacar algo de ternura y generosidad de él, de ese hombre del que ellos murmuraban a todas horas desde la trágica muerte de Donald Carlton y Lawrence Mangan. La gente comentaba que se había encontrado el hígado, el bazo y los riñones de Lawrence en un congelador de una caravana abandonada que fue arrojada al mar en Brighton después de llevar semanas en el desguace de Louie Stein. Fue algo muy sonado en ese momento, tanto que hizo que Danny Boy Cadogan fuese considerado por todos lo peor de lo peor. Ahora era una persona venerada por todos los que tenía a sueldo y por todos los que estaban haciendo dinero a su costa.

Hasta su hermano Michael se había convertido en un nuevo capo. Ahora también formaba parte de esa nueva generación que se estaba haciendo rica y no hacía lo más mínimo para ocultarlo. Se había convertido en uno más de esos que, gracias a Danny Boy, llevaban una buena vida y por eso le mostraban lealtad. Danny sabía que para mantener a los hombres de su lado tenía que proporcionarles un incentivo, asegurarse de que no se iban a dejar sobornar por nadie. Él lo conseguía proporcionándoles un buen dinero y animándoles a que invirtiesen en sus empresas legales. Michael era el encargado de buscar la forma de blanquear ese dinero y Danny quien lo conseguía, por eso constituían una buena sociedad. Mary sabía que su hermano no tenía ese instinto asesino, que esa faceta le correspondía a Danny. Sin embargo, a pesar de que tenía la certeza de que los rumores que corrían eran ciertos, no la hacía sentirse más alejada de él, sino todo lo contrario, incrementaba su atracción. A ella le encantaba ese sentimiento de miedo que inspiraba, saber que, a pesar de su reputación de persona violenta, con ella era sumamente tierno. Creía que, de alguna manera, lo había domesticado, lo cual, sumado a su nuevo estatus, eran razones más que sobradas para no separarse de su lado. Mary sabía que a Michael no le gustaba demasiado la situación, comprendía sus reticencias, pero no estaba dispuesta a prestarle atención. Ella sabía lo que hacía y, por primera vez en la vida, estaba enamorada.

– ¿Qué te parece si nos casamos?

Mary se quedó atónita por la propuesta, tanto que Danny se rió cuando vio la cara de incrédula que puso.

– ¿De verdad, Danny?

Danny se encogió de hombros y ella se dio cuenta de su virilidad. Sabía que, de casarse, siempre tendría el problema de la existencia de otras mujeres, pero lo aceptaba. De hecho, no le quedaba más remedio si es que quería vivir a su lado. Los hombres como Danny Boy Cadogan siempre estaban rodeados de mujeres dispuestas a dejarse utilizar por ellos, aunque sea por un rato, ya que eso les daba caché. Mary era una joven realista y sabía que tal vez alguna lograse ganar su interés por un tiempo, pero aceptaba también esa posibilidad. Danny Boy era un capo y pensar que se pasaría la vida comiendo del mismo plato sería una incongruencia, pues los hombres como él siempre estaban rodeados de jovencitas dispuestas a dejarse cazar. Mary aceptaba todo eso. Si quería ser su esposa, la madre de sus hijos, entonces no le quedaba más remedio que pasar por alto sus infidelidades y aprender a vivir con ellas. Por otra parte, también estaba segura de que una boda por la Iglesia sería una forma de ganarse su lealtad y su respeto de por vida. Una vez casados, ya no habría forma de echarse atrás para ninguno de los dos.

Mary estaba convencida de que casarse con él por la Iglesia sería una garantía de tenerlo para siempre a su lado. Danny aún seguía yendo a misa y hasta comulgaba; al igual que ella, sentía el peso de la Iglesia católica en todas sus acciones. Su creencia en la santidad y en el sacramento del matrimonio haría que siempre regresase a su lado y al de sus hijos, pasara lo que pasara. Eso era algo muy importante para ella en ese momento. Kenny le había hecho descubrir que lo que deseaba era amor, amor de verdad. La influencia de su madre aún se hacía sentir, aunque también sabía que no se casaría con Danny Boy si no fuese capaz de proporcionarle el estilo de vida al que se había acostumbrado. Ella lo había deseado desde que estaban en la escuela y ahora era suyo. Sus sentimientos sólo eran algo más.

Cuando planeaban una vida juntos, a Mary jamás se le ocurrió pensar que él no fuese la persona que imaginaba. Mary lo veía como uno de esos héroes románticos que la salvaban de un hombre que sólo quería hacerle daño, de un hombre que sabía que estaba a su lado por lo que le daba. Nadie, salvo Danny, sabía que se había acostado con más hombres de los que cabría imaginar. Al igual que muchas otras mujeres, veía a Danny Boy tal como quería que fuese, no como era en realidad. Pero lo amaba, juntos hacían planes para el futuro e ignoraba que su pasado siempre sería un obstáculo entre ellos.

Al abrazarlo y decirle 1o mucho que lo quería era la mujer más feliz del mundo. Por primera vez en la vida se sentía completamente segura, feliz. Al rodearla, sus fuertes brazos mitigaron el enorme vacío que le había dejado la muerte de su madre. Cuando le metió la lengua en la boca, se excitó, como siempre, y deseó con todas sus fuerzas que él hubiese sido el primero. Había perdido su prenda más preciada, su virginidad, y la había perdido sin ser consciente de lo muy importante que era. Jamás había pensado que era una de las cosas que más apreciaban los hombres, ni que las mujeres fuesen tan estúpidas como para no guardarla considerando que sólo se podía ofrecer una vez, ya que, una vez perdida, no podía ser reemplazada. Deseó que alguien en su temprana vida le hubiera explicado lo importante que era, le hubiera hablado de la importancia emocional que tenía para una chica, para su autoestima.

Mary había considerado su virginidad como un medio para conseguir un fin, algo de lo que librarse, un estigma, no como un regalo que se concede a alguien que sabe apreciar su valor y su sacrificio, alguien que quisiera vivir esa experiencia con ella. Ella había desperdiciado esa oportunidad y ahora tenía que soportar las consecuencias de su frívola actitud. Demasiado joven, ése había sido el problema, y ahora lamentaba ese deseo suyo de comerse el mundo. Sabía que ahora tendría que pagar por ello, lo sabía porque Danny Boy siempre tendría presente que otro hombre, mejor dicho, otros hombres, la habían penetrado antes que él. Imploró a Dios que no fuese así.